Palabra y obra

The official sculptor, Rodrigo Arenas Betancur
Rodrigo Arenas Betancur
1 de Noviembre de 2014


El artista plástico y gestor cultural Aníbal Vallejo, quien fue curador del Museo de Zea, actualmente Museo de Antioquia, presenta una serie de artículos, que serán publicados cada sábado en esta sección, en los cuales revisa la historia del arte...


Foto: Cortesía 

La escultura Bolívar desnudo, de Rodrigo Arenas Betancur, ubicada en Pereira.

Anibal Vallejo Rendon


Especial el Mundo


De pequeña estatura con aspecto campechano y mirada inquisidora Rodrigo Arenas Betancur volvió a Colombia repatriado por el presidente Guillermo León Valencia y desde entonces tuvo que ver con toda la estatuaria monumental que se regó por el país. 


El Bolívar desnudo, el Cristo sin cruz, el Monumento a los fundadores y el Prometeo en la ciudad de Pereira, la Gaitana en Neiva, El Monumento en la Beneficencia de Antioquia, el Dios pan (la flautista y el perro), y el Cristo  en la Universidad de Antioquia. El monumento en el Pantano de Vargas, el Córdoba en Rionegro, a la vida, a la industria, a la raza en Medellín…


“Nací en el cerro del Uvital, al norte de Fredonia, en el suroeste de Antioquia, el 24 de octubre de 1919, como primogénito de una de esas ejemplares, irracionales, religiosas y prolíficas familias antioqueñas. El Uvital es un cerro de formación geográfica agresiva, como toda Fredonia, igual que Antioquia. La vida allí es penosa y miserable porque la tierra está negada para la agricultura. No se consigue nada para comer. La tierra está repartida entre pocos propietarios que no siembran sino café en unas partes y en otras dejan pastar sus ganados. Todos trabajábamos con ellos, en sus fincas, como peones, por unos salarios misérrimos…”, aseguró Arenas Betancur en su libro Retrato de mi pueblo y de mi madre. 


Marcado por los cerros de su natal Fredonia, su paisaje de altas montañas, una vaga ensoñación lo fue llevando en la lejanía por el serpenteante río Cauca. Su tío Ramón Elías Betancur quien había vivido en Europa y trabajado con Victorio Macho, le inició en el arte. En Medellín fue obrero y ayudante de su pariente, luego en Bogotá lo fue de Bernardo Vieco y de Rómulo Rozo en México. Enseñó a moldear en el Instituto Pascual Bravo y a dibujar en el Liceo de la Universidad de Antioquia.


Para recordar


Papeles avejentados, libros y revistas olvidados, recortes de prensa amarillentos acumulados, historias escondidas ahora sacadas de gavetas y archivadores me llevan a recordar los episodios vividos cuando el escultor montó su taller en la vieja sede que fuera del Colegio San Carlos, en ese entonces los patios de la escuela de enfermería. Había llegado de regreso a Medellín, nombrado como director del Instituto de Artes Plásticas y abierto inscripciones para recibir alumnos en un taller de escultura en la vieja sede del Paraninfo, en San Ignacio. 


Si bien las clases nunca se dieron ni el escultor ejerció su cargo administrativo, sí estuvo tan cerca por allá en la calle Miranda en lo que fue su permanencia en la ciudad, que nos permitió ver levantar, modelar y vaciar la estructura monumental de la mayor obra escultórica pública que se hiciera en Colombia. Allí vi nacer catorce lanceros que luego fueron fundidos tres en el taller de Darío Montoya González, siete en el de Octavio Montoya, tres en el de Horacio Pérez y en Bogotá  en el taller de Gerardo Benítez. 


El artista contó con la colaboración de Alonso Ríos Vanegas y Fabio Parra Valencia quienes provenían del instituto de Artes Plásticas. 


“¿Cómo se llamaron los combatientes del Pantano de Vargas? No hay una lápida que los consagre. Pero todos ellos están presentes en la historia. Se les evoca en conjunto, sin orden, sin citas. Por ellos la patria existe”, precisó el escultor.


En el seminario de Yarumal se relacionó con sacerdotes, obispos y pichones de cura: Valencia Cano quien fue obispo de Buenaventura y Heriberto López quien lo remplazó,  el Cardenal Muñoz, Jesús Emilio Jaramillo obispo misionero en Mitú y entonces dijo que con mejor aplicación al latín hubiera sido obispo como ellos. Otro compañero, Belisario Betancur, se dedicó a la política. De allí empezó en palitos de guayabos y de naranjos a tallar cristos y más cristos que fueron quedando entre familiares y amigos. 


Las polémicas


En 1966 su Bolívar desnudo generó la polémica de historiadores, artistas, críticos, periodistas. Fue Ricardo Ortíz McCormick quien desató públicamente la diatriba contra el escultor antioqueño. Chester Beach, escultor norteamericano, había realizado en 1939 el monumento que llamó Los jinetes de los elementos el que fue presentado en la feria mundial de Nueva York. Las similitudes cayeron encima de las dos obras el Bolívar de Pereira y el Córdoba de Rionegro. 


A falta de una, contra las dos obras imponentes con las que el artista marcaba su regreso al país. Sí hubo plagio, dijeron los vanguardistas. No lo hubo, dijeron los tradicionalistas. Como si esto fuera poco el Cristo de Pereira continuó el viacrucis para el artista. Unos afirmaron que el Cristo era ateo, impío, carroña. Muchos sacerdotes dijeron que no rezarían delante de él porque no lo concebían sin cruz y porque era marxista con un mensaje de materialismo. 


De la crítica


“Entre interesada y divertida he ido leyendo los comentarios, protestas, elogios y diatribas que se levantaron a propósito del Cristo de Arenas B… No importa que el tema sea análogo a otro, que la inspiración se haya apoyado abiertamente en tema anteriormente resuelto. Puede lograrse la obra cumbre o caer en el plagio ramplón, acorde el resultado con ese a modo de conciencia cósmica que rige la creación de los genios (…)” y luego de explayarse en referencias históricas María Victoria Aramendia en sus Notas de arte publicadas en El Espectador, el 2 de septiembre de 1966, anotó como la más descarada de las copias la del Cristo de Dalí calcada de una ilustración de Leroux dibujante de fines del siglo XIX. 


El plagio


“Si mi obra la plagié de Lady Godiva, hablando literalmente; si la plagié de Victorio Macho, tal como lo afirmaron Rafael Lema Echeverri (difunto), José Pardo Llada y Luis Martínez Delgado; si la plagié de Carl Milles tal como lo afirmó Julio Abril; si la plagié de Chester Beach tal como lo afirma Ortíz McCormick; si la plagié de FemisterProctor tal como lo afirma Lázaro Blanco, quiere decir que he plagiado a muchos, empeño que es físicamente imposible, si no es en un estado sobrenatural de magia y gracia. O como es la verdad, no he plagiado a nadie, sino que hay, sencilla y llanamente coincidencias, parecidos que existen en todas las obras de arte…”, precisó el artista en conversación con El Tiempo, el 25 de septiembre de 1966.


Del Quirinal a Fredonia


En algún reportaje el artista evocó su niñez, contaba todo lo que le rodeó: El amanecer, las montañas, los relatos fantásticos, los signos del terror y del misterio. Insistía en cómo le impresionaba el viento entre los árboles, el aire frío que descendía de las montañas, el ciclón que se asomaba por entre las rendijas… ¡Cómo olvidar su figura!, la cara menuda, los ojos pequeños, vivaces, escrutadores siempre, como preguntando, su baja estatura, su boina y su gorro. Su pequeño cuerpo y apariencia campesina enfrentándose a las alturas de los andamios. 


Frecuente contertulio con los de la bohemia de su época, el médico Jorge Franco Vélez, el poeta Edgar Poe Restrepo, los escritores del suplemento Generación, sus antiguos compañeros del seminario, los obreros, las modelos, su vida licenciosa en cantinas y bares de Lovaina y Guayaquil, de su natal Fredonia y del Pombal en la vieja carretera al municipio de Caldas donde quedó su memoria.


En el libro que le publicó la Secretaría de Educación y Cultura de Medellín en 1966, en conversación con Luis Pérez Gutiérrez le señaló siete como sus mejores obras: el Monumento a la batalla del Pantano de Vargas, el Bolívar desnudo, el Cristo de la liberación, el Monumento a la raza antioqueña, el Bolívar cóndor, el Prometeo y el Hombre creador de energía (ubicados en su orden en Paipa Boyacá, Pereira, Barranquilla, Medellín, Manizales, ciudad de México y Medellín).


“Siento la necesidad de hacer mi obra para este hombre que me tocó de hermano en la tierra americana aun con las limitaciones que ello conlleva. No me hago ilusiones con la estética o el arte universal”. Rodrigo Arenas Betancur.



El artista

Rodrigo Arenas Betancur Nació en el área rural del municipio de Fredonia, en el año 1919. 


En Medellín, sus obras más reconocidas son el Monumento a la Raza, y el Hombre creador de energía, este último ubicado en la plazoleta central de la Universidad de Antioquia.


En Colombia, sus esculturas más famosas son el Bolívar desnudo, en Pereira; Bolívar Cóndor, en Manizales; y el Monumento de la batalla del Pantano de Vargas, en Paipa, Boyacá.


Su biógrafo, el periodista Fernando Vera, le dijo en una pasada entrevista con este medio de comunicación que Arenas Betancur fue muy criticado porque se consideraba su arte como obsoleto: “algunas personas de la cultura han tratado de insinuar que su éxito se basó solamente en su buena relación con la política y con hombres como Otto Morales Benítez y Belisario Betancur, como si hubiera valido por un mecenazgo político antes que por su valor artístico”.


El experto concluyó que “es paradójico que acá no se aprecie la obra de Arenas, porque aún hoy los profesores de la Universidad Nacional Autónoma de México, enseñan a sus alumnos su obra. Incluso muchos lo consideran mexicano, y acá lo tenemos menospreciado. Siqueiros, Tamayo y Rivera (artistas mexicanos) fueron amigos cercanos suyos, y en México sí se movió en un ambiente intelectual muy importante”.