Palabra y obra

Cultural markets in Latin America
Los mercados culturales en Latinoamérica
26 de Septiembre de 2011


A propósito de Circulart 2001, una  de  las  plataformas  culturales  más  importantes  del país, el autor hace un repaso por lo que han sido los mercados culturales, la producción artística, los diferentes modelos que han marcado el universo.

Foto: Cortesía 

 

El encuentro de 2010, realizado en el marco del III Congreso Iberoamericano de Cultura, convocó más de mil profesionales de 20 países de Latinoamérica e invitados especiales provenientes de 57 países del mundo, pertenecientes a diferentes sectores del negocio de la música.

Octavio Arbeláez Tobón
Presidente de Redlat


La aparición en el panorama latinoamericano de los mercados culturales,   destinados a generar espacios que, más allá de los formatos tradicionales de festivales o encuentros,  propusieran nuevos modelos y formas de construir la relación economía y cultura, tuvieron como sus antecedentes los desarrollos de Salvador, Bahía, Brasil, México, Puerta de las Américas, las ruedas de negocios culturales de la Cámara de Comercio de Bogotá y las que en Medellín promueven Redlat y la Secretaría de Cultura de esa ciudad.


La aparición de estos modelos a finales de la década de los 90 partían de reflexiones tanto de los intelectuales críticos como desde los gestores culturales, y se asociaron a investigaciones que, como lo señalaba García Canclini, eran las utopías de los estudios culturales en su primera etapa: conocer más los comportamientos, las necesidades y los deseos de los consumidores culturales sin duda iba a facilitar la democratización del acceso a  la cultura.


Evolución de la industria cultural


Dicho enfoque perdió rápidamente fuerza ante el debilitamiento de las políticas culturales públicas, que en ese momento quedaron desubicadas en el rápido proceso de industrialización e informatización de la cultura, o entregaron esas nuevas modalidades al mercado. Es decir, la forma mercado en su acepción más amplia subsume las intencionalidades de los gestores culturales y las inserta en la más amplia realidad de los nuevos medios y las formas de relación con las industrias culturales.


Estas, las industrias culturales -creativas, de contenido o de entretenimiento- pasaron a dominar las formas tradicionales de generación y difusión de la cultura, adquiriendo con ello un enorme valor estratégico porque si bien es cierto que los bienes y servicios culturales constituyen un factor esencial de producción en la nueva economía, también  transmiten y construyen valores.


En los años que corren se retoma la discusión y se asumen directamente planteamientos que se incorporan a las políticas públicas de algunos países latinoamericanos, entre los que se destaca el liderazgo colombiano, tanto a través de los estudios sobre economía y cultura, como en documentos que señalan caminos para el tránsito de la relación cultura y mercado. En estos momentos la cultura se perfila como un prometedor mercado emergente, y no es de extrañar por ello que las negociaciones comerciales en este terreno resulten extremadamente controvertidas y difíciles.  Ningún otro sector ha generado tanto debate sobre la legitimidad y los límites políticos, económicos e institucionales de los procesos de integración económica, sean estos regionales o mundiales. “...Efectivamente, en cuanto se pone la cultura sobre la mesa de negociaciones, se abren complejas discusiones sobre la relación entre lo económico y lo extra-económico, entendido como el valor atribuido a lo que no tiene precio asignado (la identidad, lo bello, o el sentido de la vida)” (Arizpe).


La nueva propuesta


Los servicios culturales cobran cada día mayor importancia en el comercio internacional.


Música, cine, televisión y artes escénicas son actividades que se equiparan con los más típicos productos de las actividades económicas en el intercambio comercial internacional.


Para los países en desarrollo la exportación de sus bienes y servicios culturales se constituye en una excelente forma de generar empleo y divisas, al tratarse de actividades de un alto contenido de valor agregado y en una forma de fortalecer la identidad cultural y enriquecer la misma en el enfrentamiento con otras culturas. Es en el intercambio de los productos de la cultura donde la diversidad cultural alcanza su verdadero significado.


El riesgo que se presenta es la tendencia a “abandonar a las fuerzas del mercado” un sector emergente de la nueva economía mundial, de aquí que deban estos modelos ser reinterpretados por actores de la sociedad civil, apropiándoselos, generando redes y circuitos para la distribución de bienes, servicios, ideas y oportunidades para los artistas y creadores, pero subrayando la  obligación del Estado como generador de la sostenibilidad cultural y la participación de la sociedad en el contexto de una relación democrática.


Definimos al “Mercado” como el espacio donde actúan oferta y demanda de un producto artístico, haciendo claridad en que este producto artístico es único e irrepetible porque contiene un arduo y largo proceso de creación individual o colectiva, que es el más importante valor agregado que existe en producto alguno.


Circular para permanecer


En el contexto del II Mercado Cultural de Medellín, se procura incidir en algunos de los aspectos prácticos que han quedado sueltos, pues pese a le existencia de marcos referenciales y acuerdos políticos como la Convención sobre la Protección y la promoción de la diversidad de las expresiones populares, o la Carta Cultural Iberoamericana, no se han traducido en marcos regulatorios o en acciones concretas. En el espacio cultural de Iberoamérica, por ejemplo, poco se avanzaría en un real acceso de los productos culturales iberoamericanos a los mercados internacionales, y a los propios mercados de este ámbito geo-político,  si no se avanza simultáneamente en la apertura de las fronteras de nuestros países al libre tránsito de las compañías artísticas y sus productos
La sostenibilidad de las organizaciones culturales, en particular de las vinculadas a la producción artística, está ligada a las posibilidades de circular, articularse en redes de distribución y generar circuitos para dar soporte a una creciente oferta de calidad que puede satisfacer la  demanda de espectáculos en vivo ligados a las artes escénicas y musicales, de aquí que se requieran acciones enfocadas a la definición y consolidación de las industrias culturales locales, particularmente las pequeñas y medianas empresas; el acceso de los artistas y empresarios culturales a fuentes de  financiación y la apropiación de nuevas tecnologías; el desarrollo de la capacidad empresarial, que incluya la sensibilización e información sobre sus derechos; la creación de un marco legislativo y político fiable y transparente en el  cual puedan desarrollarse las industrias y los artistas; la creación de nuevas asociaciones y alianzas entre el sector público y privado, y el desarrollo de redes y programas de intercambio.


Circulart 2011


De aquí que espacios como Circulart 2011, II  Mercado Cultural de Medellín, sean una necesidad imperiosa para la generación de nuevas formas de relacionamiento de un sector que se reacomoda y se reinventa en las nuevas realidades relacionadas con la globalización, posibilitando espacios y discursos propios, construidos por los propios gestores y creadores en oposición a los formatos convencionales que se copian desde otros ámbitos de manera mecánica.


La imaginación y la capacidad de innovación son recursos muy valiosos que son demandados por los sectores económicos tradicionales y que nuestro sector detenta como capital fundamental para su sustentabilidad.




Sobre el autor

 


Octavio Arbeláez Tobón, presidente de Redlat -asociación civil que se encarga de promover una cultura empresarial para las artes en Colombia-, ha sido fundador y presidente de la red de promotores culturales de Latinoamérica y el Caribe. Es abogado con posgrado en Filosofía y Marketing Cultural.


Es, además, secretario ejecutivo de la Asociación para el desarrollo de la industria de la música iberoamericana (Adimi).


Dirige el Festival de Teatro de Manizales y el Mercado Cultural de Medellín (Circulart 2011). Es candidato a doctor en Diseño y Creación de la Universidad de Caldas. Ha sido decano de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Caldas; director de Artes del Ministerio de Cultura de Colombia y coordinador nacional del programa del Pnud, en el área de cultura y nuevas tecnologías.


Ha participado como ponente en numerosos congresos y seminarios académicos, nacionales e internacionales sobre gestión, política, marketing, economía, industrias y redes culturales.