Palabra y obra

Alejandro García’s expanded drawings
Los dibujos expandidos de Alejandro García
Autor: Juan Esteban Agudelo Restrepo
2 de Marzo de 2013


Alejandro García es uno de los artistas que participan en la exposición A 8 Manos, que el pasado 20 de febrero inauguró la Galería de la Oficina. La obra que expone se titula “Método para ser un ave”.


Foto: Cortesía 

“Estudio de dedo con pelos”, de Alejandro García. Una de las primeras obras de García en la que exploraba el dibujo con pelo tomando su cuerpo como referente.

 

Alejandro García 

 


Grabar el canto de un pájaro. Transcribir ese canto en partituras musicales. Hacer que esas partituras sean interpretadas por alguien silbando, por una soprano lírica y por una flauta traversa. Este fue el “Método para ser una ave” que se inventó Alejandro García. Esta obra, que es sonido, sonido real, sonido para los oídos, es un dibujo. Un dibujo expandido. 


¿Por qué?, esta es la explicación.


Sus inicios 


Desde que era un niño, a Alejandro García siempre le han interesado dos cosas: observar y dibujar. “Tal vez porque es para lo único que tengo gracia”, como dice él sonriendo. 


Se la ha pasado recolectando objetos que guarda dentro de las láminas plásticas de un fólder: hojas de árboles, insectos, pequeñas conchas de caracoles, fotografías... 


“Mi familia es de un corregimiento de Liborina, y aunque yo fui criado en Medellín, ellos nunca dejaron la finca que tienen allá, donde nacieron. Me la he pasado entre ese sitio y la ciudad. De allá proviene la mayoría de los objetos que recolecto, de esos objetos es que me nutro como artista, de la observación directa de la naturaleza”, cuenta él.


Lo más normal para una persona con estas inquietudes era estudiar arte. Él, específicamente, estudió licenciatura en artes en la Universidad de Antioquia, carrera a la que entró en el año 2000. Allí le dieron un énfasis tanto a su formación artística como a su formación de pedagogo. 


“Cuando entré a la Universidad tenía un interés muy grande por el cuerpo, por mi propio cuerpo, lo hice mi referente. Pero vi la necesidad de expandir el dibujo, es decir, que no fuera solo una construcción con lápiz y papel, que fuera más allá de eso. Toda la naturaleza siempre la he visto como dibujos, porque si uno simplifica qué es en sí un dibujo, se da cuenta de que son líneas, y las líneas están presentes en todo, por eso, un cuerpo, un árbol o una partitura son dibujos, porque están hechos con líneas”, expresa. 


Siguiendo esa lógica, Alejandro García encontró un nuevo material para hacer sus dibujos: el pelo. Pelo natural y real de personas. 


“La reflexión que hice fue que el pelo es una línea, y si es una línea se puede dibujar con ella, entonces empecé a combinar los dibujos con los pelos, no a representar la línea sino a presentarla con el pelo. Traté de enfatizar el carácter gráfico que tiene el cuerpo”, agrega. 


Uno de los primeros trabajos que propuso fue hacer instalaciones con esos pelos, como que el pelo creciera de las humedades de una pared. 


También, comenzó a hacer ejercicios que consistían en simular, con pelos, trazados rápidos de un lápiz. “Es muy curioso porque hacer rayas y líneas con un lápiz es algo que uno hace muy rápido. Como el proceso del dibujo cambia por trabajar con pelos, eso se convertía en una cosa de supremo cuidado, de acomodar línea por línea. Era poner en evidencia la técnica del dibujo. Yo me hice más consciente de la técnica haciendo figuras con pelos”, relata. 


Para el año 2004, García comenzó el “Manual de dibujo con pelo”, que consistía en un manual, como los usados por los estudiantes de arte para aprender a dibujar, que tenía ejercicios como una escala tonal, pero hecha con pelo. 


“Es el cuerpo como referencia del dibujo”, señala García. 


El siguiente paso que dio fue aplicar ese “Manual” en dibujos más elaborados, “porque si yo escribo un manual para dibujar con pelo, pues tengo que dibujar con pelo, aunque allí ya había ejemplos de animales o paisajes”, dice. 


Una de las series con las que empezó este trabajo fue “Coincidencias en un autorretrato sin rostro”. Allí, acomodando pelo por pelo, hizo autorretratos que, si bien tenían una forma humana, no tenían facciones o rasgos definidos. Pero él estaba ahí, presente, con su pelo, “con ese significante tan fuerte de mi presencia”.  


A esto se le sumaron paisajes de una estética muy surrealista, ensayos con pelos de distintos colores o trabajos con insectos. 


“Con el pelo me di a conocer en el mundo artístico. Aunque, claro, no fue un éxito comercial. El pelo tiene implicaciones que generan asco, antihigiene, aunque no era mi intención lograr ese éxito”, sostiene Alejandro García.   


El cambio 


Le ofrecieron ser ilustrador: un libro de cartas de Gonzalo Arango a Alberto Aguirre editado por el Fondo Editorial de la Universidad Eafit. 


“Yo tenía claro que yo no me quería quedar encasillado como el artista de los pelos. Por eso, la oferta de Eafit fue como una bocanada de aire fresco. Yo quería demostrar que yo no dibujaba con pelos porque fuera incapaz de usar un lápiz. Me reencontré y me reconcilié con el lápiz”, recuerda. 


Para su trabajo de ilustrador no quiso, simplemente, copiar una foto, sino que le daba un carácter especial a cada dibujo. No quería crear imágenes que solo acompañaran un texto, se tomaba la tarea de leer e investigar sobre el tema para crear una imagen que fuera una posición sobre el texto. Además, vio allí la oportunidad de demostrar sus habilidades técnicas. 


Su primer rechazo comercial lo tuvo con una ilustración de Rafael Uribe Uribe. “Cuando le vi el bigote me dije: ‘Qué cosa tan maravillosa’”. Y quiso mezclar la ilustración a lápiz con pelos. No le funcionó. 


Un punto de quiebre para su trabajo fue el encargo de hacer a José María Córdova: “A él nunca lo pintaron tal y como fue. Entonces, para dibujarlo, empecé a basarme en descripciones de la época, en documentos, a investigar cómo era su figura. Fue como hacer un retrato hablado, juntar partes y eliminarle las costuras, como un Frankenstein. Se me abrió una puerta técnica porque yo dije: ‘Soy capaz de hacer las cosas con lujo de detalle, usando habilidades del hiperrealismo para crear nuevas imágenes, no solo reproducir la realidad tal y como es”, expresa. 


Para la época, finalizados sus estudios en la Universidad de Antioquia, García entró al mundo de la docencia, y siendo profesor estuvo en escuelas rurales. El trabajo le demandaba mucho tiempo, por lo que decidió usar los encargos editoriales que le hacían para desarrollar su propia obra. “Porque no me quedaba tiempo para sentarme a hacer mi propuesta personal, el único tiempo que tenía para dibujar era cuando me pedían un encargo, por eso le metí todo el empuje”. 


El salto definitivo para sus ilustraciones ocurrió cuando la revista de psicología de la Universidad de Antioquia también comenzó a hacerle pedidos. Y, mientras en Eafit estaba un poco más restringido debido a que le pedían retratos, en la U. de A. le daban temas tan abiertos como el concepto de “intuición”, con libertad total para desarrollarlo. 


“Hacer retratos te limita porque te dicen: ‘Necesitamos la imagen de este señor y que se sepa que es este señor’. En cambio, en las otras podía poner mi imaginario de artista en la obra. Yo tomaba referentes de la realidad, modelos, pero solo eran un pretexto para sacar lo que tenía en la cabeza. Hacía imágenes surrealistas”, expresa. 


Dibujo expandido 


Por la conmemoración del centenario del nacimiento de John Cage, Medellín vivió en 2012 una serie de eventos y actividades artísticas en homenaje a este hombre, recordado por expandir los límites de lo que se entiende por arte, como, por ejemplo, en la música, ya que planteó que no solo el sonido es música sino también el silencio o el ruido. 


Para el evento fue seleccionado un grupo de artistas al que se le pidió que desarrollara obras alrededor del concepto de ampliar los límites del arte. Entre los invitados estaba Alejandro García, que ya había trabajado esa idea de expansión en sus dibujos con pelos. 


Decidió usar los pájaros, un animal que siempre había estado presente en su trabajo. 


“Yo me pregunté qué es un pájaro y qué es un dibujo de un pájaro. Si uno se pone a pensar qué es, uno sabe que es un animal y está toda la descripción científica. Pero un pájaro también es la sombra de un pájaro, es un pájaro muerto, es alguien hablando de un pájaro, es el canto de un pájaro, todo eso es un pájaro”, relata. 


Así, se percató de que los nidos de los pájaros están hechos por pajillas que, a su vez, son líneas, y las líneas son dibujos. “Un pájaro es un nido de un pájaro, cogí el nido y lo puse sobre un papel y lo expuse”, narra. 


También, puso sobre un soporte una harina que las aves pudieran comer, y sobre la que pudieran caminar dejando una huella. Luego fijó esas marcas y quedó otra obra: un pájaro es la huella de un pájaro. 


El homenaje a Cage finalizó. Pero Alejandro García continúo trabajando en una nueva obra que reunía esos conceptos del dibujo expandido: un pájaro es el canto de un pájaro. Un pájaro es la interpretación que un músico hace de la partitura creada con la grabación del canto de un pájaro. Un pájaro es alguien cantando como un pájaro. 


Así, grabó el canto de un pájaro. Transcribió ese canto en partituras musicales. Hizo que esas partituras fueran interpretadas por alguien silbando, por una soprano lírica y por una flauta traversa. Este fue el “Método para ser una ave” que se inventó Alejandro García. Esta obra, que es sonido, sonido real, sonido para los oídos, es un dibujo. Un dibujo expandido. 



Alejandro García

 


Nació en Medellín el 24 de febrero de 1983. Es licenciado en educación en artes plásticas de la Universidad de Antioquia. Ha publicado sus ilustraciones con el Fondo Editorial de Eafit, la revista de psicología de la Universidad de Antioquia, Editorial Planeta y, esta semana, en el libro sobre botánica del Caribe que fue presentado por la empresa Argos. 


Ha expuesto en España, Estados Unidos, Francia, Italia y Colombia.