Palabra y obra

Jorge Franco returns to his childhood
Jorge Franco regresa a su infancia
Autor: Daniel Grajales
13 de Diciembre de 2014


Desde 1999 el autor está radicado en Bogotá, ciudad en la que escribió Rosario Tijeras.



Jorge Franco aseguró que el próximo protagonista en su obra podrá ser un “hijo de mafioso, uno ve que están formándose, que estudian en las mejores universidades, pero no encajan entre la gente, no son aceptados”.

Daniel Grajales

cultura@elmundo.com


Twitter: @danielgrajalest


La magia de los escritos de Jorge Franco no sólo apareció en su escritorio, luego de las 4:00 p.m., hora en la que prefiere escribir. 


Esta vez llegó hasta la casa del ilustrador Daniel Gómez, entre lápices, acuarelas, temperas, acrílicos y óleos, ya que él se encargó de volverla imágenes para el libro ilustrado La niña calva, que fue presentado ayer por Tragaluz Editores. 


La obra, con la que Franco regresa al país luego de un semestre de promoción de El mundo de afuera, Premio Alfaguara de novela 2014; le mostró a Gómez la visión cinematográfica del escritor, recordado por títulos como Rosario Tijeras y Paraíso Travel.


Portada del libro La niña calva, de Jorge Franco, con ilustracion de Daniel Gómez. 


Foto: Cortesía 

“Cuando yo leí por primera vez La niña calva me di cuenta de que era un relato muy cinematográfico. Pensé que iba a ser fácil porque es una historia lineal, pero en el hacer se me hizo mucho más difícil, había que caracterizar los personajes, era como hacer una película. Lo que él hace en esta obra es dar muchos detalles, entonces para mí era muy complejo saber qué podía aportar desde la ilustración a algo que ya es muy diciente en palabras, en palabras que sugieren imágenes”, aseguró Daniel Gómez.


Según él, la ilustración partió de la casa abandonada en la que se desarrolla la historia: “Yo me pego de esos detalles para trabajar. Busqué una técnica que me diera el paso del tiempo, el desgaste, a partir de imágenes de archivos personales de paredes desgastadas, de texturas que remitían al tiempo como la cortina, el detrás de las cosas, las veladuras, que no todo se veía, era difuso. Lo ilustré a mano y luego lo llevé a Photoshop”, explicó.


Jorge Franco habló de su nuevo libro y compartió detalles de cómo ha sido acogida en el mundo su novela El mundo de afuera.


-La niña calva deja ver otra vez cierto interés por recordar su infancia, ¿esto tiene que ver con El mundo de afuera, su última novela?


“Esta es una historia muy anterior a El mundo de afuera, fácilmente hay más de una década de diferencia entre los dos libros. 


“El cuento estuvo guardado mucho tiempo, pero sí me he dado cuenta de que estoy contando la historia, en ambos libros, de dos niñas que están presas: Una que lo hace por amor, secuestrada por el amor de su padre, para protegerla de ese mundo de afuera; y esta que es una niña cuyo cautiverio es el misterio de la historia, queda ambiguo, no se sabe bien si la tenían presa o era una niña perversa con una imaginación muy grande, con su mundo fantástico.


“Isolda, protagonista de El mundo de afuera, que tenía esa imaginación en esos peinados que se hacía, en ese bosque que era su mundo encantado y en La niña calva es un poco más sórdido, aunque no deja de tener un vínculo muy fuerte con el mundo infantil. 


“Hay una evocación velada, que creo que la tengo yo todavía, a ese mundo de infancia, de barrio, donde uno miraba lo que pasaba en la casa del frente y había un voz a voz de lo que sucedía.


“También se trató de hablarme a mí mismo de ese niño que fui yo alguna vez, para contarme esta historia. Me hablé en un tono muy diferente al que he usado para las otras obras”. 


Algunas de las ilustraciones que Daniel Gómez realizó para el libro La niña calva, de Jorge Franco 


Foto: Cortesía 

-Este relato rememora las tradiciones orales de Antioquia, esas leyendas urbanas de casas en las que hay espantos, ¿qué de sus fantasías infantiles de este tipo recordó?


“Eso me remite mucho a El mundo de afuera, cuando fui vecino de ese Castillo. Eran historias que más nos cautivaban, giraban alrededor de esa niña que ya estaba muerta que era Isolda, era más que una casa, era un Castillo, un escenario con toques mágicos, fantásticos, pasaba una limosina, eso nos asombraba. 


“También escuchábamos historias de robos, de atracos, de esos a quienes se les entraban a la casa los ladrones. Además, había historias de hippies, estigmatizándolos siempre a lo negativo, a esas personas de pelo largo, que fuman marihuana y no hacen nada. Le asombraba a uno ver esa queja de los mayores, ellos decían que el mundo estaba entrando a un momento violento. Y eso que todavía no llegaba ese momento de gran violencia”. 


-Aunque había escrito cuentos, por primera vez lo hizo pensando en un público infantil, ¿es una búsqueda de nuevos lectores?


“Yo siempre visito los colegios, porque muchos de los jóvenes quieren leer historias como Paraíso Travel y Rosario Tijeras, ya que sus personajes son también jóvenes como ellos, que se están enfrentando al mundo, a sus primeras historias de amor. 


“En esas visitas me he dado cuenta de que hay un segmento que no ha podido entrar a mis libros, por la temática, por la violencia o el despertar sexual de algunos niños. Entonces, yo me di cuenta que quería llegar a estos sectores para acercarlos a la literatura, no sólo por vender sino para aportar a algo muy complicado como es que los jóvenes lean, le tengan amor a la lectura.


“Tengo la plena convicción de que mientras más temprano se comienza a leer más fácil se adquiere el hábito, van a necesitar un libro en sus vidas. Esa precisamente fue la idea del libro, por eso quise que la hiciera Tragaluz, con esas ilustraciones que invitan a leer.


“Además, es un público muy complicado, los lectores tan jóvenes miran todo, son muy críticos, muy observadores”. 


-En sus novelas hay siempre un personaje femenino que transforma la vida de los hombres, ¿cómo se dio en La niña calva esa construcción de personajes?


“No sé muy bien cómo fueron llegando los personajes, creo que eso corresponde a la magia de todo este proceso literario, vas buscando quién va a encontrar la historia. 


Son personajes muy del común, un niño que pertenece a una casa muy convencional, una familia colombiana normal, un barrio en el que una casa abandonada es el lugar más importante. 


“De un momento a otro la casa se ve habitada y esa normalidad de la vida del barrio se rompe con la llegada de personas a esa casa. Hay una niña que no se deja ver, que estamos sabiendo de ella por su voz y unos dibujos que desliza detrás de la puerta.


“Ahí salió un personaje femenino con esos tintes con los que yo había trabajado en personajes más adultos. Aunque no tiene presencia, porque no se deja ver, eso le da mucha fuerza y la vida del niño comienza a girar alrededor de ella, como pasó con Antonio y Emilio en Rosario Tijeras. 


“Sí hay una línea en esa construcción de personajes femeninos, en lo que tiene que ver con esas mujeres que tienen un magnetismo y van generando un mundo masculino que gira alrededor de ellas”. 


-Y Valeria, su hija, ¿cómo influyeron las tardes jugando a las muñecas con ella?


“Eso es algo que nunca me imaginé que iba a terminar haciendo, pero por el amor de padre uno se vuelve muñequero.


“No sólo era peinarlas, era entrar en su mundo, ella se montaba una historia para la que había que arreglarlas, sin ese prejuicio de que los hombres no juegan con muñecas, ella me dirigía, siempre ha sido la directora de los juegos.


“Cuando hacía un peinado malo me regañaba, me decía cómo lo hacía. Ahora tiene una gran habilidad para peinar sus muñecas y a los 8 años se arregla el pelo. También se burla de mí porque nunca aprendí. 


“Todo eso tuvo que ver mucho con La niña calva y El mundo de afuera, y creo que seguirá influyendo en lo que pueda venir”. 


-¿Cómo recibió el público El mundo de afuera durante su gira como Premio planeta de novela 2014? 


“Fue una gira intensa, hicimos presencia en casi todos los países en los que se habla español y tiene casa Alfaguara. Fue muy interesante para mí, en cada país donde llegaba encontraba una lectura diferente del libro.


“En el caso de México, donde viven problemas de violencia similares a los de Colombia, encontré que había una a veces mucha aprensión cuando uno señalaba la palabra secuestro en esa historia; a diferencia de países como Uruguay, donde ese delito prácticamente no existe, la percepción de la historia es mucho más literaria.


“Yo siempre he creído que la lectura, mientras más cercana es al lugar de los hechos, siempre está más condicionada por esa cercanía y por esa realidad, lo que a veces crea algunos prejuicios o sesga la lectura. Mientras más lejos la gente comienza a verlo de una manera más literaria.


“Aquí en Medellín, donde la lectura fue más cercana, mucha gente tenía los prejuicios del secuestro, de El Castillo, de algunos datos del personaje. Por eso fue la lectura más libre, más desprevenida, más fuerte. Terminamos la gira recientemente, en la Feria del libro de Guadalajara”. 


-¿Cuál será su próxima novela, qué tema está interesado en abordar?


“Desde hace varios años he tenido una inquietud sobre qué ha pasado en Medellín en las últimas dos décadas. La ciudad tuvo un punto de quiebre a partir de la muerte de Pablo Escobar, me ha inquietado lo que ha pasado en este tiempo más reciente. Pienso que no aprendimos del todo la lección, que sigue habiendo esa actitud mafiosa, de dinero fácil, de saltarse procesos que son necesarios. 


“Me gustaría abordarlo, no sé todavía cómo contarlo, tengo algunos personajes pero no los tengo todos”. 



El autor

Jorge Franco nació en Medellín, Colombia. Hizo estudios de Dirección y realización de cine en The London International Film School, en el Reino Unido.


Fue miembro del Taller Literario de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, que dirigió Manuel Mejía Vallejo, del Taller de Escritores de la Universidad Central y realizó estudios de Literatura en la Universidad Javeriana. Con su libro de cuentos Maldito amor ganó el Concurso Nacional de Narrativa Pedro Gómez Valderrama, y con la novela Mala noche, obtuvo el primer premio en el XIV Concurso Nacional de Novela Ciudad de Pereira y fue finalista en el Premio Nacional de Novela de Colcultura. Desde entonces títulos suyos como Rosario Tijeras y Paraíso Travel han conseguido destacados galardones y han sido traducidos a diferentes lenguas, además de que ambos fueron llevados al cine. 


Otros de sus títulos son Mala noche (1997),  Melodrama (2006), Santa suerte (2010) y  Don Quijote de la Mancha en Medellín (2012).




Infancia

Ya que son dos novelas en las que habla de su infancia, Jorge Franco aseguró que está dejando un poco el hermetismo que ha dicho tener, para acercarse a los relatos intimistas. 


“He tratado de ser un escritor hermético, he creído que mi vida no tiene mayor relevancia para escribir historias, aunque algunos digan que yo soy Antonio en Rosario Tijeras. Donde más me he dejado ver es en El mundo de afuera, saqué al niño, no al adulto. 


“Siempre hay inquietudes, reflexiones, miedos y fantasmas que uno trata de ir dejando en las páginas, de desligarse de ellos. Es como una terapia de todos los escritores para ir dejando esas cosas”, concluyó el autor.