Palabra y obra

Portraitist of the Colombian conflict
El conflicto colombiano en los ojos de Stephen Ferry
Autor: Deisy Johana Pareja
23 de Febrero de 2013


El reportero gráfico de guerra, Stephen Ferry, recopiló durante doce años las mejores fotografías que describen la historia del conflicto armado interno del país y las unió para publicar el libro “Violentología: un manual del conflicto colombiano”.


Foto: Giuseppe Restrepo 

El reportero norteamericano Stephen Ferry llegó a Colombia hace más de una década, desde entonces se ha dedicado a registrar el conflicto armado del país. 

 


¿Cómo ha quedado registrada en la fotografía la violencia que el país vive desde hace más de medio siglo? En su más reciente publicación, el fotógrafo estadounidense Stephen Ferry le da respuesta a esta pregunta con una recopilación de imágenes que dan cuenta de los sucesos más importantes de la historia de nuestro conflicto.


Fotos que él mismo ha tomado durante más de una década de vivir aquí, y que también ha obtenido de diferentes archivos. Haciendo un barrido desde la época de La Violencia, en el 48, hasta hoy. 


Las fotografías que reúne “Violentología: un manual del conflicto colombiano”, título que recibe esta publicación, fueron escogidas para que las personas que pasen sus páginas comprendan que esta guerra ha cobrado la vida de millones de inocentes. 


EL MUNDO conversó con el fotógrafo documental sobre su obra y su trayectoria como reportero en las zonas más complejas del país. 


-¿Cuándo y por qué decidió publicar un libro del conflicto colombiano?


“Tuve la idea de hacer un libro del conflicto desde el 2000, cuando arrendé por primera vez un apartamento en Bogotá, pero no tenía claro qué libro. En el 2005, cuando estalló el escándalo de la parapolítica, gracias a las investigaciones de la prensa colombiana, me di cuenta de que aquí había una historia grande que no era la que yo entendía desde el inicio. 


Empecé a comprender que era un conflicto más profundo donde los grupos armados afectaban a la población civil, personas inocentes que defendían sus derechos. 


Eso me hizo reflexionar y supe que me faltaba mucho por fotografiar y diseñé una ruta, cuando la tuve clara di un paso muy grande”.


-¿Cómo percibía ese conflicto desde el exterior antes de trabajar en el país?


“Afuera casi no se habla del conflicto. Como extranjero lo percibía de una forma muy simple, solo lo relacionaba con el narcotráfico, pero cuando me di cuenta de las dimensiones de la situación, supe que era más complejo que una guerra de drogas. Comprendí que ese conflicto afectaba a millones de personas. Son cuatro millones de desplazados los que ha dejado la violencia”.


-¿Para qué público fue pensado el libro?


“En primera instancia, fue pensado para un público internacional, pero luego me di cuenta que aún había muchas personas de Colombia que no conocían el conflicto con profundidad o que ignoraban esa realidad. 


Cuando inicié no imaginé trabajar tantos años en este proyecto, pero quería una forma correcta de narrar esa historia y mostrarla sin confundir a las personas”.


- Cómo fue el acercamiento a las víctimas y a los victimarios?


“Dependía del caso. En cuanto a los distintos mandos de los grupos armados, siempre fue necesario que alguien me presentara o mandar un mensaje en el que pidiera una entrevista o autorización para trabajar en la zona”. 


-¿Alguna vez tuvo que soltar la cámara para ayudar a alguien? 


“No me acuerdo que lo haya hecho en Colombia, pero sí en otros países del mundo. Lo correcto que deben hacer los fotógrafos es ayudar a alguien cuando lo necesita, eso debe tener prioridad antes que cualquier cosa”. 


-¿En qué momentos un fotógrafo decide no capturar una imagen?


“Muchas veces no tomé fotos porque sabía que podía perjudicar a alguien.


Recuerdo a un campesino muy elegante, un señor de edad, vestido como saben vestir los campesinos ricos. Él se acercó a un comandante de las Farc para mediar las disputas de predios, el señor se arrodilló delante del jefe guerrillero. Era como un reflejo ancestral de arrodillarse ante el patrón. No la tomé porque sabía que si se publicaba esa foto, alguien buscaría al señor y lo mataría”. 


-¿A qué debe atenerse un reportero gráfico que sigue el conflicto del país?


“Debe preocuparse por su seguridad, por la seguridad de quienes lo rodean, le brindan información y le tienden la mano. Los riesgos para un reportero colombiano son más altos que los de un extranjero. Las estadísticas muestran que muy pocas veces han secuestrado o asesinado a periodistas extranjeros”. 


-¿Sintió miedo de hacer reportería en terrenos de grupos armados ilegales?


“Sí, por supuesto, no me gusta hablar mucho en detalle, pero dos colegas colombianos me sacaron de una situación muy complicada y arriesgaron su vida para rescatarme, de no haber sido por ellos, posiblemente no estaría aquí”.


-¿Cuál es la foto qué más le ha impactado del conflicto colombiano? 


“Una que no tomé. Es una fotografía de Álvaro Araújo escondiéndose de la prensa en Bogotá, una foto muy noticiosa, tenía un ambiente espectacular”. 


-¿Y por qué no la tomó usted?


“Porque no estuve en ese momento. Hay como tres colegas que la tomaron y es una foto histórica”.  


El Ejército controla la zona mientras técnicos reparan el oleoducto Caño Limón, Coveñas, saboteado por la guerrilla, año 2001. Tomada del libro "VIolentología". 

Stephen Ferry


 


-¿Cómo percibe el proceso de paz entre el Gobierno y las Farc?


“Muchas veces comparto opiniones con periodistas colombianos y la lectura que hacemos es la misma. Hay que esperar que haya un resultado, las dos partes dicen que está bien, pero muchas organizaciones y personas que observan el conflicto consideran que es necesaria una reforma agraria. 


La inequidad de tenencia de la tierra en Colombia es muy extrema, y aunque la guerrilla tiene propuestas para remediar eso, no estoy capacitado para evaluar si son razonables o no. 


¿Cómo van a devolver esas hectáreas a los campesinos?, ¿con la Ley de Víctimas y Restitución de tierras?, lo han logrado pero muy poco.


Santos debe tener las cosas muy claras para que haya un pacto. Si la condición para lograr la paz es que se distribuyan los latifundios del país, no sé cómo va a hacerlo”.  


-¿Cómo percibe el conflicto de Medellín? 


“Hay un fenómeno alarmante que es el desplazamiento intraurbano. Mucha gente tiene que dejar sus vidas y salir del barrio porque las bandas criminales quieren apropiarse de sus viviendas. 


He trabajado el conflicto urbano de la ciudad pero no me tocó cubrirlo cuando los paramilitares del bloque Metro y del bloque Cacique Nutibara  sacaron a la guerrilla. En la actualidad, Medellín vive una situación de conflicto grave y no se puede ocultar”.


-Su próximo trabajo es sobre minería ilegal, ¿cuál va a ser el enfoque?


 “Es sobre la relación del oro con el conflicto. También mostraré esa pugna entre el minero tradicional artesanal y las grandes multinacionales. 


Me he puesto más místico y estoy mirando al oro más allá: ¿por qué ese metal conmueve tanto al ser humano? Igual con el mercurio, que es un veneno horrible, pero también es bello y tiene mucho misterio, lo estoy mirando desde otro ángulo detallando los procesos artesanales que son muy bonitos. 


Me di cuenta de que la óptica periodista podría caer en estigmatizar el oro y al minero artesanal, eso no es lo que quiero”. 


-¿Cómo fue su trabajo con los indígenas del Parque Tayrona? 


“Empecé mi trabajo en la Sierra Nevada de Santa Marta por un encargo de National Geographic. Luego los mismos nativos decidieron que querían formarse en prácticas documentales, de ahí nació un grupo que entrené y al que le dicté talleres. 


Fue bonito ese acercamiento con ellos. Para mí fue un privilegio. Aprendí muchas cosas. Ese trabajo me enseñó mucho de fotografía, aunque me di cuenta de que jamás iba a entender su cosmología ancestral, porque es una cultura muy antigua, profunda y diferente a la mía. 


Ellos expresan su forma de ver el universo en la geometría, las voces, las casas y los pueblos. Entonces, empecé a trabajar viendo la geometría, a observar las telas y las arrugas de sus trajes”. 


-¿Por qué le gusta más la fotografía análoga? 


“Prefiero trabajar con la análoga porque traté de conseguir la textura y rango de tonalidades que me gusta con la digital y nunca logré lo que quería. Además  me gusta la materialidad de la película y cuando la gente toca el papel”.