Cultural

F閘ix 羘gel continues saying
F閘ix 羘gel sigue diciendo
Autor: Redacci髇 EL MUNDO
15 de Septiembre de 2015


40 a駉s despu閟 de presentar sus reflexiones sobre la pl醩tica local en su gaceta Yo digo, el artista, curador y exdirector del Centro Cultural del BID, publica el libro Yo dije, en el que hace un recuento del panorama que presentaba en ese entonces.


Foto: Cortes韆 

Yo dije tiene presentaciones escritas por Teresita Peña Santamaría, Darío Ruiz Gómez y Aníbal Vallejo Rendón; además está acompañado de postales con imágenes de artistas, obras y sucesos reseñados en su suplemento cultural. 

- Félix, ¿qué lo motivó a escribir Yo digo?


Al regreso de mi segundo viaje a los Estados Unidos (1975), comprobé que la situación de las artes en Medellín comenzaba a deteriorarse drásticamente y no parecía haber forma de detener o revertir el proceso. Habían transcurrido tres años desde la última edición (1972) de la Bienal de Coltejer. La Bienal convirtió a Medellín en un punto de referencia del arte internacional y luego de tres bienales dejamos de existir.


El grupo de profesionales,  jóvenes coleccionistas que la Bienal ayudó a formar, a motivar integrando  el arte a la forma de vida, se encontró de pronto sin asidero.  Los artistas locales asumieron una actitud defensiva porque quedaron sin puntos de apoyo para cotejar otros procesos artísticos. Los salones oficiales pasaron de ser eventos nacionales a competencias provinciales. Los centros de enseñanza del arte, para tranquilidad de los profesores, en general mediocres,  no tenían quien los confrontara. El dinero del emergente narcotráfico confundió al público porque lo que se vendía  en las galerías y en la calle, indiscriminadamente, era muy malo. Localmente no había motivación para la crítica o el periodismo artístico. El medio se fue replegando de forma irreversible. Sin contexto, cualquier cosa que se hacía era aceptable. Hoy día creo que la ciudad todavía padece de ese síndrome.


- ¿Cuál era el panorama en ese momento?


Había que dotar el medio artístico con un componente nuevo que reactivara la dialéctica e invitara a la discusión y el intercambio de ideas. Estar en desacuerdo abiertamente y con argumentos era una de las metas. No había mucha gente dispuesta a hacerlo.


Influenciado por el movimiento ‘underground’ de los Estados Unidos, del cual me percaté en mi primer viaje (para entonces en USA dicho movimiento se encontraba en su tercera y última fase),  concluí que era necesario crear una resistencia al conformismo que arrebujaba nuestra sociedad y nuestras artes.  Pero tenía que hacerlo solo porque nadie más se atrevió a participar de la idea. Yo mismo no sabía qué efecto iba a producir, pero me dije: ‘Hay que producir una explosión, de pronto encontramos oro; después lidiamos con los daños’. El primer Yo digo vio la luz el 7 de septiembre de 1975, hace cuarenta años. 


- ¿Cuáles son los mayores logros de haber publicado por dos años Yo digo?


Hice mi parte por la ciudad en un momento en que la necesitaba. Fui prácticamente el único artista que asumió una actitud abiertamente activista. Yo dije, el libro, es la prueba contundente de que, en lo personal, no permanecí de brazos cruzados, no cooperé con el ‘status quo’, con la abulia, la mediocridad y la indiferencia con la que casi todo el mundo pareció cobijarse.


Durante dos años, Yo digo animó el medio local y parte del nacional de una forma que no conoció anteriormente, al menos en las artes. Recordemos que en ese tiempo no existía el computador, internet, Iphone ni social media.


- ¿Cómo recibió el público sus escritos en aquella época?


Inicialmente la gente del gremio intelectual y los advenedizos, y los mismos artistas se burlaban de mí. Pero otros como Manuel Mejía Vallejo me decían cuando nos encontrábamos: ‘Ni se te ocurra dejar de escribir’. A ratos Alberto Aguirre, cuando pasaba por su librería me escaldaba afectuosamente con un ‘creo que en el último Yo digo pasaste la raya’, aunque Aurita López, su asistente, era una de las que más gozaba leyéndolos. A los seis meses, si Yo digo se demoraba un día en salir, la gente llamaba para preguntarse si lo habían visto circulando.Todo el mundo sabía que yo escribía los artículos. Los firmaba con mi nombre dado que considero el anónimo abominable. Yo digo me abrió puertas local e internacionalmente.


- ¿Qué significa presentar, cuatro decenios después, esta obra en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín?


Quiero dar gracias a Tragaluz Editores, y a Teresita PeñaSantamaría, Darío Ruiz Gómez, Aníbal Vallejo y su esposa Nora, a Juan Gustavo Vásquez y otros queridos amigos quienes me animaron y me brindaron su apoyo en esos momentos, siento una gran satisfacción celebrando durante la novena Fiesta del Libro la publicación de Yo dije. Es una estupenda forma de conmemorar cuarenta años de una actividad que en su momento tuvo la característica de un acto subversivo pero que, irónicamente, no dejo morir de inacción al ambiente artístico en la ciudad. Más aun, cuando ahora puede comprobarse que el contenido casi siempre dio en el clavo, muchas de las premoniciones a que me aventuré se cumplieron, y otras se siguen cumpliendo.