Cultural

The center of Medellin on a stage
El Centro de Medellín sobre un escenario
Autor: Daniel Grajales
17 de Octubre de 2014


El director Henry Díaz presentó su obra El deseo sin fin, ganadora de la Beca de Creación Teatral del Ministerio de Cultura 2014.


Twitter: @danielgrajalest


Hay una ciudad misteriosa, ambientada con un paisaje sonoro en el que se escuchan gritos como: “Guayaba a mil”, “verdes”, “maduros”, “no es capaz de decirme las cosas de frente, se queda callado cuando me ve, hable...”, que son combinados con el transitar de autobuses y los pasos de cientos de personas que caminan por la calle. 


Allí se vive bajo un cielo negro, apenas iluminado con luces amarillas tenues, que une dos mundos: Uno en el que están los rostros de la indiferencia, personas que no participan del espectáculo, no opinan, no miran, no ríen, pero tampoco lloran; representadas en más de quince máscaras de barro, elaboradas por el escultor Óscar Restrepo. El otro en el que se desarrolla un universo difícil, a veces incomprendido, que sólo lo pueden definir sus habitantes.


En este viven cuatro personajes: Camino Ventura, Deyanira, doña Oriana y su perro Paco; quienes discuten el silencio de los rostros inamovibles, que tienen que mirar desde abajo en la obra El deseo sin fin, un espectáculo del maestro Henry Díaz, que estará en temporada jueves, viernes y sábado, en el Teatro Ateneo Porfirio Barba Jacob, a las 8:00 p.m., hasta el 25 de octubre, cuyo ingreso es con aporte voluntario.


“Ya escribí sobre la corrupción y es muy insípida. En cambio, las almas de estos seres no se ven. Uno pasa por debajo del Metro y ve tres tipos ahí tirados, no les falta sino la cobija, pero también se miran entre ellos mismos, por eso los actores intentan mirar al espectador”, aseguró Díaz. 


La creación 


Según el director, esta obra es el resultado de más de un año de exploración de la realidad social del Centro de la ciudad, más precisamente de su lectura de la “confrontación espiritual”, que es como él llama a la mirada de cada ciudadano sobre la cantidad de indigentes que habitan el Centro de Medellín.


“Es un mundo muy vital, donde se mueven muchas existencias, ese que la  gente puede ver como el infierno, pero que cuando uno está mirando, explorando, le hace cambiar el alma. Hay violencia, parece un mundo en ebullición. Hemos tratado de interpretar y no negar que somos esto”, enfatizó.


De la puesta en escena, en la que objetos como libros viejos, teclados de computadores dañados, maletas antiguas y una carreta “como la que utilizan los vendedores de aguacates del Centro”, dijo que nació de cómo el escenógrafo comprendió su texto.


“Yo conversaba con el escenógrafo y él me decía que si había entendido bien mi texto, debía buscar una carreta vieja, porque esa carreta tenía historia. Yo le di libertad y todo, menos las esculturas de Óscar Restrepo, es viejo”.  


Díaz explicó también que durante el proceso de escritura de sus obras, “no pienso en nada de la puesta en escena, porque si lo hago no escribo nada. Uno se preocupa por cómo va a mostrar lo que se están imaginando los personajes y ahí sí...”. 


El director


Aunque nació en Armenia, Quindío, Díaz vive desde hace más de cincuenta años en Medellín, ciudad que más que una obsesión teatral, es su gran enamorada.


Su interés comenzó en 1985, cuando con una de sus primeras obras, El cumpleaños de Alicia, recibió el Premio nacional de dramaturgia de la Universidad de Antioquia.


Con ello, Díaz descubrió que Medellín era un tema complejo y diverso, que le apasionaba, ya que trabajó como mensajero, por lo que la recorrió incansablemente.


“He tenido la fortuna de ver crecer a Medellín, durante cincuenta años. Toda mi dramaturgia ha sido citadina, ha tenido que ver con Medellín, porque yo amo mucho la ciudad. He escrito cosas bellas, pero también lo que nos duele.


Siempre hago una lectura distinta, más poética. Hay que aclarar que esa poesía no quiere decir que rimen las palabras, sino que se le toque el alma a quienes ven las obras”, detalló.


Carlos José Reyes, dramaturgo e investigador histórico, autor del libro Teatro y violencia en dos siglos de historia de Colombia, dijo que “Henry Díaz ha contado la problemática de Medellín de una manera muy eficaz, que ha abierto una brecha en el teatro colombiano”.


“Aunque él no nació en Medellín, toda la vida se ha concentrado en esta ciudad y ha retratado muchas miradas de esta ciudad. Tiene una fecundidad de creación enorme, en la siguiente obra contradice lo que ha dicho en la anterior, salta de un lado al otro, muestra que un ser humano puede tener millones de miradas sobre una misma ciudad”, aseguró Reyes.


Ante esto, Jaiver Jurado, presidente de la Asociación Medellín en Escena y director del Teatro Oficina Central de los Sueños, dijo que Díaz ha conseguido el respeto del público y del sector.


“Hay una gran trayectoria, es un dramaturgo con una pátina muy fuerte en el hacer. No se puede olvidar que es de los pioneros de la dramaturgia en Medellín, junto con José Manuel Freydell y Gilberto Martínez, quienes crearon un proyecto más contemporáneo, con un teatro más actual”, destacó.


Hana Cuenca, directora de Teatro y Circo del Ministerio de Cultura, apuntó que “Henry Díaz es uno de los íconos del teatro colombiano, que ha sido como una piedra angular sobre la que mucha gente, sobre todo en Medellín, ha podido tener como referente. Genera unos niveles de autoridad para las escuelas, los dramaturgos, los directores, es un liderazgo en dos vías: Como artista, como dramaturgo, y como interlocutor, como académico”. 


El maestro Díaz concluyó que Medellín seguirá siendo su norte y que no tiene miedo de criticar a los ciudadanos de la alta sociedad, a los mandatarios locales y mucho menos a quienes no reflexionan sobre cómo aportar al cambio.


“Se trata de herir esas susceptibilidades, además es el personaje el que lo hace. Una vez le dijeron a Truman Capote que él hablaba muy mal de los neoyorkinos, y él dijo que no era él, que eran sus personajes. Yo creo lo mismo, el día que uno tenga miedo para decir las cosas, apague y vámonos”. 



¿Tragedia o comedia?

Una de las principales ambiciones de Henry Díaz con su nueva obra, El deseo sin fin, es que cada asistente pueda entender quiénes son los seres inertes que están representados a través de máscaras hechas en barro, que están colgadas en el techo del escenario.


Para ello, dijo que esta vez su crítica social decidió contarla desde diálogos cercanos a la comedia, para buscar que los espectadores sientan mayor cercanía con algunas situaciones.


“Lo hago desde momentos más cercanos a la comedia, como unos linderos, porque yo ya toqué la tragedia en obras como La sangre más transparente y en El cumpleaños de Alicia, una de mis primeras obras, toqué la comedia, algo que funcionó muy bien y ahora lo retomo para esta obra El deseo sin fin, es como la tragedia desde linderos de la comedia”, aseguró el dramaturgo.


Además, dijo que en el proceso de escritura trató de incluir mucho humor negro y mucha relación con los espectadores, “como cuando una de las mujeres de la obra se sienta a orinar en una bacinilla en plena calle y dice ‘esto debería tener agua y cortinas’, se empieza a ver que la calle es subsistencia”, concluyó.