Universidad y sociedad

Autor: Ricardo Ernesto Torres Castro
13 julio de 2020 - 12:02 AM

Es como si este coronavirus nos hubiera puesto un espejo al frente y lo que vemos, no nos gusta, nos hace sentir mucho más limitados y vulnerables, nos da miedo y por lo mismo, es fácil querer quitar la mirada.

Medellín

La universidad es el reflejo de la sociedad. Esta es una afirmación no sólo cierta sino retadora. Igualmente, es una tesis muy preocupante, máxime cuando la sociedad está polarizada, cuando ha perdido su orientación ética y su lugar en el ámbito de lo humano, por no decir deshumanizada. En medio de esta pandemia, cuando la sociedad ha sido desnudada, cuando las mascarillas invisibles se despojaron de los rostros de las instituciones, del mismo estado, de los líderes; sin duda la sociedad misma se ha sentido paralizada, desorientada y por lo tanto frustrada. Cada país, cada modelo de sociedad va teniendo dificultades para verse a sí misma. Es como si este coronavirus nos hubiera puesto un espejo al frente y lo que vemos, no nos gusta, nos hace sentir mucho más limitados y vulnerables, nos da miedo y por lo mismo, es fácil querer quitar la mirada. Amigos, por el momento volvamos a centrar nuestra atención en ese espejo, es importante ver el reflejo, aunque nos duela y se, que se necesita de mucha valentía. Cuando un joven decide ingresar a una universidad, su rostro expectante, ilusionado, optimista puede confundirse al encontrar una institución paquidérmica, arribista, estereotipada y clasista. Hoy, se podrían clasificar en cuatro a las organizaciones de nuestro país: las rígidas, las pérdidas, las cínicas y las redentoras. Rígidas las instituciones educativas que por cuenta de una legislación obsoleta, nada flexible, paquidérmicas en sus estructuras internas, no han sabido entregar a la sociedad esperanza, oportunidades y flexibilidad. Más adelante amplío tamaña afirmación. Perdidas las iglesias, que más allá del culto no saben cómo dar respuesta a una sociedad espiritualmente enferma. Cínicas, las instituciones públicas que aprovechando esta situación se han aprovechado para elevar los índices de corrupción, que no han sabido gestionar inteligentemente las instituciones, que han tomado decisiones afectando la economía y el bienestar de los ciudadanos, que siguen polarizando y generando odio. Rendentoras, las empresas colombianas, que haciendo hasta lo imposible siguen respondiendo a los compromisos pactados con sus empleados; los emprendedores que se han reinventado o que han tenido que recurrir a esquemas de sobrevivencia para no dejarse hundir; redentoras las redes sociales y las plataformas tecnológicas que le han hecho el trabajo a todas las anteriores posibilitando que las clases puedan continuar, los cultos puedan llevarse a cabo, las sesiones del parlamento, las asambleas departamentales, los concejos municipales, las juntas directivas puedan continuar.

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Puesto el espejo en este lugar, la sociedad está pasando por un momento realmente difícil. Somos una sociedad enferma y sufriente. Acá, por este tiempo hemos visto de todo: desde el hambre, el arribismo de líderes que usando sus investiduras se aprovechan para pasar por encima de la sociedad misma, aduciendo que en el buen uso de sus funciones es válido ir de paseo con la familia, hasta ver a un grupo de personas asaltando camiones que en la vía han sido accidentados por cuenta de ellos mismos para saquearlos, para robar, sin importar la propia seguridad personal, nos aprovechamos de la desgracia de los demás para ir a asaltar. El problema es muy profundo, por eso vernos en el espejo, como somos, realmente es doloroso. ¿Y la universidad? Ahí, como desde hace mucho tiempo, preocupada por las matrículas, por una deserción que ellas mismas crearon en el imaginario colectivo, apenas dando unos descuentos para evitar una crisis financiera, pero, en el fondo, ausentes del proceso social del país.

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Ya está bueno, hablemos las cosas como son y empecemos a trabajar en lo que realmente corresponde. El Gobierno Nacional debe entender que calidad no son formatos ni formalidades. El país requiere un proceso de reingeniería y las universidades tienen un lugar ahí. Esta sociedad requiere con urgencia un tratamiento médico, casi quirúrgico, que le ayude a restablecer su propia salud. No podemos ser más instituciones rígidas por cuenta de una normatividad que paraliza el desarrollo de una sociedad. Equidad, calidad y cobertura son tareas urgentes, pero estas no se logran sino entrando en acción, dinamizando digitalmente, entendiendo que los principios morales no se construyen en los webinars, mucho menos en la obsolescencia institucional. Que la flexibilidad sea un sinónimo de oportunidad y no un formato o documento más que haga de las universidades (sociedades) entes paquidérmicos, muros de contención frente a la innovación y la tecnología. Esta sociedad no solo necesita paz, necesita de esperanza para poder tener motivos cada mañana para levantarse, mirarse al espejo, indignarse, tener coraje de salir a trabajar con la certeza que cada noche, en el cansancio del día, podemos dormir en paz porque hemos hecho lo que nos corresponde.

 

 

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