Si esto es lo mejorcito…

Autor: Rodrigo Pareja
29 abril de 2019 - 09:01 PM

Álvaro Uribe y Gustavo Petro hace mucho rato dejaron de ser líderes y orientadores dignos de ser seguidos, y se han convertido -para desgracia suya y de sus seguidores- en el peor lastre.

Medellín

Rodrigo Pareja

No pasa un día sin que los colombianos podamos vanagloriarnos de la riqueza o supremacía que tenemos en materia cultural, en recursos naturales, en biodiversidad, en deportes, en envidiable posición geográfica, en fin, en casi todos los aspectos que hacen grande a un país.

Sin embargo, pese a esos importantes haberes, Colombia se diluye todos los días más y más en una estéril polarización que la tiene dividida en dos facciones irreconciliables, cada una de las cuales aspira a desaparecer a la otra para hacer imperar, así sea a la fuerza, sus particulares convicciones.

Lea también: A lomo de mula

Esa envidiable riqueza de nada le ha servido a Colombia, especialmente en los últimos veinte años, lapso que ha sido dilapidada en forma irresponsable por su dirigencia, autora de una serie de comportamientos y decisiones que no se corresponden con tanta grandeza, tanto desde la clase empresarial como de la política.

Sobre todo ésta última ha demostrado una carencia absoluta de verdaderos líderes preocupados por el bienestar general de sus conciudadanos, que antepongan los intereses generales a sus apetencias personales y a las de sus socios y áulicos.

La capitalización y el crecimiento de una cauda electoral, no importa el costo ni el capital que el empeño demande, venga de donde viniere, parece ser el único motor que mueve el accionar de muchos, convencidos de que también así se hace patria, cuando lo cierto es que la arrastran miserablemente por el piso.

Así como Colombia puede vanagloriarse de todas las riquezas y ventajas ya descritas en párrafo anterior, también debería sentirse avergonzada de no contar con dirigentes capaces a la altura de esos mismos recursos responsables de encauzarlos en forma adecuada, para cubrir sus necesidades y expectativas actuales, mediatas e inmediatas.

El país tendría que estar apenado por disponer tan solo en estos últimos y caóticos años, de apenas dos líderes – si así pueden llamárseles – que han llevado a esta Colombia entrañable a semejante estado de postración, de odio y de resentimiento sin límites, ante la mansedumbre, la indiferencia o el síndrome de suicidio colectivo que en estos momentos acompaña a los ciudadanos.

Da tristeza decirlo pero es una absoluta verdad: Álvaro Uribe y Gustavo Petro hace mucho rato dejaron de ser líderes y orientadores dignos de ser seguidos, y se han convertido -para desgracia suya y de sus seguidores- en el peor lastre que haya que cargar, mientras poco a poco unas caudas enceguecidas e irresponsables, tanto como sus orientadores, siguen conduciendo a Colombia al más incierto de los destinos.

Ni siquiera vale la pena recordar el vergonzoso espectáculo de la semana pasada en el Senado de la República, donde estos dos funestos personajes – al mejor estilo de los reyes del matoneo colegial – les dieron a sus conciudadanos una nueva instrucción acerca de cómo no pueden comportarse personas dizque llamadas a dirigir los destinos de una nación.

Le puede interesar: Qué tristeza de país

¿De qué valen y para qué sirven cifras, estadísticas y porcentajes a veces optimistas y prometedores sobre lo que puede sobrevenir en los próximos años, si el país que debería lucrarse de ellos cada día se desmorona más y tiende a convertirse en una caterva de salvajes enfrentados para darles gusto a quienes se apropian el papel de dirigentes?

Definitivamente, como en el certero tango de Jorge Sobral, algunos son de muzzarella y se las dan de chantilly.

TWITERCITO: Si estos son los llamados, apagá pero no nos vamos. Mejor prendamos las luces.

 

Compartir Imprimir

Comentarios:

Edgar
Edgar
2019-04-30 19:52:51
En el fondo, tiene razón en que estamos polarizados, que Alvaro Uribe es demasiado primario, en términos psicológicos, se sulfura por nimiedades, aunque se mantiene dentro de la legalidad. Pero resulta que el otro, Gustavo Petro, es anarquista confeso, no le importa el bién común, sólamente está interesado , como un ególatra, en su propio camino a la presidencia de éste país, a cualquier precio. Así es.
Román
Román
2019-04-30 10:05:03
Ni se le ocurra comparar a Uribe con esa escoria de Petro, ni se le ocurra.

Destacados

Luis Pérez
Columnistas /

Qué contraste

José María Castillo Rada
Columnistas /

Castillo y Rada: secretario de Hacienda

Iván Duque en Gómez Plata
Columnistas /

Duque, año perdido para Colombia

río Cauca
Columnistas /

Manejo simbólico del derecho

Luis Carlos Galán
Columnistas /

Treinta años sin Galán, treinta años sin mi papá

Artículos relacionados

Para abajo y sin frenos
Columnistas

Para abajo y sin frenos

En las encuestas, para infortunio del primer mandatario y de reflejo para todos los colombianos, no le ha ido nada bien, y por el contrario, si por su resultado fuera...

Lo más leído

1
Columnistas /

Deshumanización de la educación

Hemos deshumanizado la educación cuando la ética y la estética dejaron de influir en el desarrollo del...
2
Columnistas /

Revolución y tautología

Morris fue jefe de Prensa de Chávez y en la alcaldía de Petro conectó descaradamente el canal Capital al...
3
Columnistas /

Qué contraste

El segundo caso a la mano, que marca también enorme diferencia entre ambos cuando fueron gobernadores de...
4
Política /

Las 10 listas a la Asamblea de Antioquia

206 candidatos competirán por las 26 curules de esta corporación. Ocho listas se inscribieron con voto...
5
Política /

Panorama político

La campaña electoral está en todo su furor y presentamos un resumen de algunas de las últimas novedades...
6
Columnistas /

Duque, año perdido para Colombia

El primer año de gobierno de Duque debe ser juzgado a la luz de esta situación, de esa impotencia, del...