Mártir del odio a la caridad

Autor: Hernán Mira Fernández
18 marzo de 2018 - 12:09 AM

Existen entre nosotros los que venden el justo y al pobre por dinero; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres.

“El martirio de monseñor Romero…fue también posterior porque una vez muerto -yo era sacerdote joven y fui testigo de eso- una vez muerto fue difamado, calumniado, ensuciado. Su martirio se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado” dijo el papa Francisco ante salvadoreños que le agradecían el reconocimiento como beato de monseñor Óscar Arnulfo Romero. Y ahora, El 7 de marzo pasado, el Papa Francisco autorizó la canonización de Mons. Romero.

La beatificación de monseñor Romero se había cumplido en San Salvador, en mayo de 2015, ante una multitud, con sus reliquias: la camisa ensangrentada que tenía puesta el día de su brutal asesinato y una palma, símbolo de la victoria de los mártires.

Lea también: El Salvador homenajea a su mártir Arnulfo Romero

La oposición de la iglesia conservadora

El proceso de elevarlo a los altares se había iniciado en 1990 y estuvo “engavetado” en el vaticano en el pontificado de Juan Pablo II, seguramente po que Romero fue firme y contundente en enfrentar la violencia, la injusticia, la guerra y la clase dirigente salvadoreña de ese entonces, encabezada por un militar. Desde la Santa Sede se respondió que la causa de beatificación de Óscar Arnulfo Romero nunca estuvo bloqueada. Con todo, Jesús Delgado, secretario de monseñor Romero, admitió la existencia de una oposición económica, social y política a su beatificación, y señaló: “Algunos dicen que fue (Alfonso) López Trujillo el que atrasó el proceso y puede que sí, porque él era el encargado de los temas de América Latina”. Fue Francisco quien firmó el decreto en el que reconoce el martirio en “odium fidei”, esto es, odio a la fe y afirmó, en su comunicación, que Romero  es un “hombre de Dios” y no había “algún impedimento” para su beatificación.

Ahora, dice Rafael Luciani, del Celam, que con la canonización de Romero se recupera un sentido fundamental del martirio cristiano que debe ser visto también como consecuencia del “odium caritatis”, odio a la caridad, el que vivió Jesús cuando los poderes políticos y religiosos de la época decidieron matarlo para que su mensaje de bienaventuranza y amor no fuese escuchado.

Las homilías y lo que enseñan en Colombia

Las famosas homilías del arzobispo Romero, dejan muchas enseñanzas a católicos, políticos, clase dominante y pueblo colombiano. Aquí unos apartes muy relacionados con lo nuestro.

“La Iglesia, pues, defiende los derechos humanos de todos los ciudadanos, debe sostener con preferencia a los más pobres, débiles y marginados; promover el desarrollo de la persona humana, ser la conciencia crítica de la sociedad. La Iglesia tiene que ser la conciencia crítica de la sociedad, formar también la conciencia cristiana de los creyentes y trabajar por la causa de la justicia y de la paz” Contundente declaración para quienes aquí y ahora descalifican a religiosos comprometidos a fondo con la paz y los DDHH.

Algo más: “La paz que aquí predicamos es la paz de Cristo, de la que Él dijo que siembra división. La paz verdadera también siembra división porque no todos comprenden la profundidad de justicia donde están las raíces de la paz y sólo quisieran una predicación muelle, suavecita, que no ofenda y que predique una paz falsa”.

Vea además: Justicia y dilemas morales

“La Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social. Si callara, la Iglesia sería cómplice del que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso, o del que se aprovecha de ese adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente, y marginar una inmensa mayoría del pueblo”.

“Existen entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país”. Retrata muy bien la Colombia, una de las líderes en inequidad

Es la hora de honrar al llamado San Romero de América

CODA. El mensaje de Monseñor Romero no es sólo reconocido por el mundo religioso. La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 24 de marzo, aniversario de su martirio, como el «día internacional por el derecho a la verdad, en relación con violaciones graves de los Derechos Humanos y la Dignidad de las víctimas».

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