Los “reversazos” médicos

Autor: Darío Valencia Restrepo
16 abril de 2017 - 12:08 AM

El número de procedimientos fallidos es muy significativo

En las últimas décadas se ha desatado una proliferación de estudios sobre procedimientos médicos y medicamentos que no pocas veces, con el paso del tiempo, incurren en contradicciones que desconciertan al público. Ellas tienen que ver con toda clase de intervenciones médicas, tales como un procedimiento, una cirugía, la prescripción de una píldora, una prueba diagnóstica… Indagaciones recientes revelan una situación desconsoladora.

Los doctores Vinayak K. Prasad y Adam S. Cifu, de Estados Unidos, deseosos de estudiar lo anterior, después de considerar diversos enfoques estadísticos y buscar el apoyo de diez colegas, decidieron embarcarse en el estudio de 2.044 artículos originales publicados entre 2001 y 2010 en el New England Journal of Medicine, una publicación de reconocido prestigio en el mundo. De ese número de artículos, 363 analizaron la eficacia de procedimientos establecidos y dedujeron que 146 (40 %) debían suprimirse, 138 (38 %) reafirmaron sus efectos benéficos y 79 (22 %) no llegaron a ninguna conclusión.

Prasad y Cifu publicaron el libro Ending Medical Reversal (Para terminar con los “reversazos” médicos, Johns Hopkins University Press, 2015) en el cual discuten las críticas recibidas por aquellos guarismos y, reconociendo que el estudio tiene aspectos debatibles, no dudan en señalar que el número de procedimientos fallidos es muy significativo, tal como lo están probando muchos otros estudios. Por ejemplo, un proyecto del British Medical Journal of Clinical Evidence completó la revisión de 3.000 prácticas médicas y encontró que 35 % de las mismas son efectivas (o probablemente efectivas), 15 % son dañinas (o probablemente no beneficiosas o que obedecen a un balance entre beneficio y daño) y 50 % son de efectividad desconocida.

En un apéndice de 29 páginas incluido en el libro mencionado, los autores presentan con detalle los 146 estudios de la primera revista citada que contradijeron prácticas corrientes.

La cuestión económica es un factor que debe tenerse en cuenta. Existe muy poco incentivo para descartar una práctica altamente rentable, y la industria farmacéutica no estará muy interesada en financiar un estudio crítico de la misma.

Los autores señalan algunos puntos para enfrentar la situación. Es imperativo que las nuevas prácticas se adopten después de la llamada “medicina basada en la evidencia”, o sea, a partir de pruebas y datos suficientemente robustos. Es necesario reformar las escuelas de medicina con el fin de introducir una nueva cultura (el libro cita un viejo adagio: “La mitad de lo que se enseña en las escuelas de medicina es incorrecto; el problema es que nos sabemos cuál es esa mitad”). Como los médicos están muy ocupados para hacer investigación, esta corresponde a los llamados centros de medicina académica, los que proporcionan grandes avances, pero a veces su estructura de incentivos puede contribuir a los “reversazos”. Y una última sugerencia: dada la fuerte influencia de los intereses económicos de la industria farmacéutica, de ninguna manera  debe corresponder a ella el diseño de los ensayos clínicos.

Por su parte, es fundamental que el paciente asuma una responsabilidad sobre su propia salud. Antes de aceptar una intervención médica que se le ofrece, debe solicitar a su médico completa información sobre los estudios que la respaldan, al igual que los pros y contras de la misma. Lo anterior contradice una tendencia de muchos pacientes a aceptar, sin averiguar o sin estar convencido, el tratamiento prescrito.

Terminamos con un extracto de una crítica del libro (http://tinyurl.com/Reversazos): “Lo que fue bueno para usted ayer, es inútil o aun malo para usted hoy (y podría de nuevo ser bueno para usted mañana, quién sabe). El evangelio médico se reescribe diariamente en las noticias de la noche.”

***

Desarmados. Recomendable un proyecto de estudiantes de maestría en comunicación de la Universidad EAFIT (http://tinyurl.com/Desarmados), mediante el cual se busca crear conciencia sobre las huellas de la guerra y contribuir a la construcción de paz en Colombia, a partir de historias de vida de protagonistas reales del conflicto armado en el país. Se propone que estos protagonistas, así como personalidades del mundo del arte y la academia, escriban cartas y mensajes a las víctimas. El proyecto fue uno de los seis escogidos entre más de 240 sometidos como respuesta a una convocatoria de los ministerios de cultura y de las TIC para crear contenidos de memoria histórica con el uso de las nuevas tecnologías.

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