La protesta y el clamor ciudadano no se detienen

Autor: Héctor Jaime Guerra León
27 noviembre de 2019 - 12:00 AM

Con razón el alcalde electo de nuestra ciudad Daniel Quintero Calle ha solicitado en una significativa misiva al presidente Duque que convoque una Asamblea Nacional Constituyente, para que sea el pueblo, quien ante la incapacidad de la institucionalidad actual, ayude a resolver los inmensos problemas que tiene nuestro país.

Medellín

Bajo el sol canicular o de tremendos aguaceros y, a veces, sorteando enfrentamientos y dificultades que se atraviesan a su paso, inclusive hasta falsos y malintencionados rumores que tratan de menguar y deslegitimar sus loables objetivos, persisten las vehementes expresiones ciudadanas que continúan marchando después del fenomenal 21N, sin dejarse vencer por la adversidad y con la esperanza de que tanto esfuerzo, dedicación y sacrificio tendrá éxito algún día.

No cabe la más mínima duda de que algo muy importante está sucediendo en nuestro país, la gente se está cansando de recibir promesas y sólo promesas sobre el futuro que nos espera. Nunca antes se había presentado en el escenario nacional una convocatoria ciudadana de esta magnitud. Las manifestaciones sociales se han enriquecido de multiculturalidad, como la expresión limpia de la voluntad popular que sale a las calles sin que los caciquismos y caudillismos tengan que insinuar y/u orientar su accionar, como ha acontecido en otras ocasiones. Muy pocas veces un ejercicio democrático de esta naturaleza se había experimentado en Colombia, como masiva muestra, natural y simple del rechazo que amplios sectores de opinión ciudadana expresan en contra de muchas de las políticas y aptitudes de los gobernantes y de sus excesos, abusos y privilegios con que se comportan en el ejercicio de la representación política al interior del Estado y de sus instituciones. Pareciera que muchos no se hicieran elegir para servir, como es el deber misional de un verdadero servidor público, sino para servirse a sí mismos y a quienes hacen parte de su séquito político y electoral.

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A pesar de que todo ello es el resultado de un largo listado de causas que históricamente han venido quedando en el inconsciente colectivo y social como una reiterada burla de los gobernantes -dirigentes tradicionales- que período tras periodo llegan al ejecutivo, conquistando el poder apalancados en la promesa de que ahora si van a empezar a cambiar las cosas; lo cierto es que el ciudadano de hoy se ha concientizado de la triste realidad nacional y de cómo es que se han dado las grandes conquistas sociales y políticas en las diferentes épocas de nuestra trágica historia.

Ahora la gente sale a las calles y clamorosamente pide –al Estado, a los gobernantes y a la sociedad misma, que hay que ponerle fin de una vez por todas a tanta injusticia, inequidad y desigualdad como las que han mantenido sometido al pueblo de nuestro país en la pobreza, el caos y la incertidumbre. Los ciudadanos esperanzados en un futuro más próspero cuestionan –con fe y con gran valor civil- al sistema económico y gubernativo que se adjudica injustamente el derecho de conservar los privilegios y el bienestar para unos pocos, en contra de las inmensas mayorías de los sectores sociales y poblacionales que viven con la ilusión de que muy pronto llegará quien haga valer la constitución y las leyes que hemos construido todos –pero que nunca se cumplen efectivamente- para buscar la paz, la reconciliación, el bienestar y el servicio-favor- público a que todos tenemos derecho por el sólo hecho de vivir en la geografía nacional, padeciendo vicisitudes y desengaños y luchando con valía y templanza por la superación de nuestras necesidades y aspiraciones, ante la soberbia y arrogancia de un gobierno que no escucha y si lo hace no le importa y no actúa como es su deber ante las solicitudes legítimas de sus gobernados. El gobierno debe darse cuenta que ya el pueblo –la gente del común- no están dispuestos a seguir comiendo cuentos, ni a aguantar tanta negligencia e ineptitud que se ha observado siempre para resolver los grandes retos y dificultades nacionales.

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Con razón el alcalde electo de nuestra ciudad Daniel Quintero Calle ha solicitado en una significativa misiva al presidente Duque que convoque una Asamblea Nacional Constituyente, para que sea el pueblo, quien ante la incapacidad de la institucionalidad actual, ayude a resolver los inmensos problemas que tiene nuestro país y brinde soluciones a temas tan delicados y apremiantes como la polarización y la corrupción galopantes que nos carcomen sin clemencia, una constituyente que hable en el lenguaje de las regiones y de los “ciudadanos de a pie” y que nos permita construir mejores condiciones de vida, más y mejor justicia, empleo, productividad, etc., una constituyente que nos permita construir con esperanza un mejor futuro y más oportunidades para todos.

Qué buena idea la del alcalde. Vamos a ver si esta vez escuchan. Como dicen nuestros abuelos, “Amanecerá y veremos”.

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Comentarios:

Caflos
Caflos
2019-11-27 17:44:26
Muy bien Héctor Jaime, desesperanza es la fuerza motriz que impulsa las marchas y el paro. Es un estado de escepticismo por tantos años de burlas, desidia y exclusión.

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