La bruja

Autor: Álvaro González Uribe
8 septiembre de 2018 - 12:05 AM

El primer perjuicio ajeno es el económico, empezando por el pago de la cita y varios que suelen llegar luego. Y pueden venir otros como daños morales y hasta en la salud.

Hay conductas reprochables y hasta delictuales que de tanto repetirse y tolerarse se van volviendo parte de la vida diaria de una sociedad y, por tanto, perdemos la noción del daño que causan. Y eso va no solo para los ciudadanos sino también para las autoridades.

Caminando por el centro de Medellín hace poco, en plena vía pública a la luz del día me entregaron un pequeño volante. Trato de recibirlos todos, pues, por un lado, sé que es un acto de cortesía porque yo también he repartido volantes en las calles y siento lo que es un rechazo y, por otro lado, me gusta saber qué se ofrece en mi ciudad como una manera de palpar sus necesidades, su vida cotidiana, su alma.

No por ser común omitiré analizar ese volante en especial. Una mujer tocaya de la bruja de una vieja serie de TV dice en el papel: “No pongas tus sentimientos en manos de cualquiera”. Pese a lo cursi por dos corazones al principio y final de la frase, hasta ahí todo bien, ni más faltaba. Luego sigue una expresión culebrera muy propia de vendedor paisa: “No diga a lo que viene, yo se lo diré”. Tampoco nada malo. Pero a la derecha empieza a verse rara la cosa: “¿Ha visitado muchos lugares y no ve la solución? ¿Solo ha perdido tiempo y dinero?”. Mm…

Más abajo el volante la suelta de frente: “Trae una foto, prenda de vestir o cabello de tu pareja [¿Pedirá un pelito?, o toda la cabellera…, grave la duda], le garantizo 100% el regreso de su ser amado en tres días lo postro a sus pies pidiendo perdón”. No dice si también verdad, justicia, reparación y no repetición, supongo que eso tendrá sobrecosto.

Luego el abigarrado volante trae el CvLac de la doña: “25 años en Experiencia Solucionado problemas de Amor, Suerte, Negocios, curo enfermedades puestas impotencia, frigidez”. ¡Uy! Y después vienen más poderes de esta mujer maravilla: “Rezo: Cultivos, Fincas, Ganados”. No especifica el tipo de cultivos, ¿rezará también los ilícitos? A lo mejor los reza para erradicarlos. Anote el gobierno porque la doña puede remplazar el glifosato.

Al parecer el ‘paciente’ nunca pierde porque arriba el volante advierte con este gancho en mayúsculas: “Ojo: Cancele su trabajo cuando vea resultados”. ¡Plop! ¿Usted amable lector le cree? Yo no. Además, es confuso: ¿”Su” trabajo? La señora de alguna manera exigirá el dinero en la cita y seguramente más del que aparece en el volante. Esa promesa de ‘pague después si algo’, propia de las televentas donde dicen que devuelven el dinero si uno queda insatisfecho que tampoco creo, quizá es para evitar incurrir en el delito de estafa. Para intentar, porque sí creo que este y otros negocios similares son una estafa pública monda y lironda.

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Dice el artículo 246 de nuestro Código Penal: “Estafa. El que obtenga provecho ilícito para sí o para un tercero, con perjuicio ajeno, induciendo o manteniendo a otro en error por medio de artificios o engaños, incurrirá en prisión de 32 a 144 meses y multa de 66.66 a 1.500 salarios mínimos legales mensuales vigentes”.

El primer perjuicio ajeno es el económico, empezando por el pago de la cita y varios que suelen llegar luego. Y pueden venir otros como daños morales y hasta en la salud. Muchos casos se han visto.

Este tipo de negocios han pululado y pululan en nuestro país y en muchos otros. Abundan de varias formas, nombres y estilos. Los hay citadinos o de pueblo que llaman, donde son más profusos dada la infortunada ignorancia. Pero los hay elegantes que leen cartas e incluso el zodíaco. Son negocios que aprovechan la ingenuidad de la gente, lo cual no sirve de excusa.

También hay programas de radio donde en directo se absuelven estas consultas de la manera más descarada y vergonzosa. Los he escuchado por curiosidad y si no fuera por el daño que causan me reiría. No sé por qué el Ministerio de las TIC los permite.

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En los clasificados de muchos periódicos aparecen varios de estos ofrecimientos. Me pregunto qué tan ético sea publicarlos. No me voy a meter en honduras, pero como mínimo sí creo que son reprochables. Desde esta columna hago un llamado a la prensa a no permitir este tipo de avisos publicitarios de ninguna manera y tamaño. Invito a una cruzada de autorregulación. Es un deber social de todos los medios.

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