La Minga indígena. ¡Qué triste realidad!

Autor: Héctor Jaime Guerra León
19 marzo de 2019 - 09:01 PM

La minería y la tala los acorralan y desplazan de manera inclemente, ante la mirada –poco comprensiva y muchas veces fustigante- de una Sociedad y un gobierno que miran o tratan a esta difícil problemática, como algo de poca trascendencia y valor.

La minka o minga, es una antigua tradición que data de tiempos inmemoriales y que consistía en una convocatoria indígena, para realizar trabajo social y comunitario, ejecución de obras de utilidad común o, simplemente, cuando el colectivo indígena debía ayudar a algunos de sus congéneres, para la construcción de vivienda, el camino vecinal, el centro educativo, el tambo o centro de acopio, la cacería, u otras actividades afines a su supervivencia y bienestar común, como sus fiestas, sus actos fúnebres, etc.

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Eso era en la antigüedad, porque en nuestros tiempos, las costumbres indígenas, al igual que las nuestras, han ido cambiando, no como consecuencia de la evolución de sus procesos culturales e idiosincráticos, como debió ser, sino casi siempre, por la fuerza de los hechos y la crudeza del injusto trato que esta importante población ha recibido, hasta el punto de que algunos de sus pueblos y etnias han desaparecido de su contexto territorial, inclusive extinguiéndose sus costumbres y tradiciones. La inmensa mayoría de nuestros pueblos nativos, han tenido que mutar sus costumbres primarias y modus vivendi, a las que les ha impuesto la modernidad y la entronización cultural forzada de nuevos modelos y prácticas culturales que los ha puesto por fuera de su contexto primigenio propio y los ha envuelto en la más deprimente y angustiosa situación de miseria cultural, política, social y económica.

Esa invasión idiosincrática a los pueblos indígenas, ha hecho que la tradición de la minga no sea como antes, para hacer obras y promover su riqueza y sus valores culturales, sino que tuvieron que empezar a utilizar esta ancestral práctica como instrumento de protección, para defenderse, y luchar por las reivindicaciones sociales de sus pueblos; defender, a toda costa, sus derechos y garantías a vivir en paz y ser respetados como comunidades autónomas, con derechos e independencia, según sus tradiciones y sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas.

Esas pacíficas comunidades indígenas han sido sometidas desde tiempos inmemoriales a las más tremendas injusticias, por parte de las nuevas civilizaciones de hombres y mujeres que han invadido, muchas veces a sangre y fuego, sus territorios, sometiéndoles y obligándoles a la realización de trabajos y actividades que van totalmente en contra de sus principios, creencias y valores.

Nuestro Proceso “civilizador”, acorrala cada vez con mayor fuerza a estas comunidades, obligándolas a tener que emprender incomprensibles e inadmisibles cambios en sus formas de vida, y afrontar la realidad que los sigue invadiendo sin freno alguno.

De El país de la canela, aquel maravilloso mundo natural, lleno de grandiosos mitos y leyendas, de legendarios guerreros y de hermosas y valientes mujeres; de inmensas riquezas minerales y medioambientales y de la gran cultura milenaria de que nos habla en varias de sus obras el gran escritor colombiano William Ospina, no queda nada.

Hay quienes, acudiendo a los sofismas impuestos por el invasor neoliberalismo que los rige y avasalla, sin controles reales y efectivos, dicen que ya a los indígenas se les ha dado mucho, ¿qué más quieren?, afirman, con arrogancia y sin ningún sentimiento de pena ni vergüenza. Como si no supiéramos que todo esto era de Ellos, que los territorios fueron su hábitat natural, que la madre natura y sus recursos han sido siempre sus fuentes de vida y que lo que se está haciendo, con la desmedida explotación económica, industrial y sin control de todos estos recursos, los está condenando definitivamente al exilio y a la extinción de lo poco que aún les queda. ¡Es increíble!

El gobierno les promete “lo habido y por haber”, pero nadie les cumple, a pesar de que sus derechos y propiedades fueron ya reconocidas por el orden constitucional vigente y el concierto internacional de naciones que aboga por los derechos y garantías de las poblaciones indígenas y raizales, no sólo en Colombia, sino en el mundo entero.

Las poblaciones indígenas han sido sometidas a los más inimaginables vejámenes, humillaciones y saqueos permanentes, bastaría leer al escritor citado o estudiar los procesos de conquista y colonización del país y nuestro continente, para tener que reconocer la gravedad de lo que ha pasado con las civilizaciones de nuestros mayores.

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Hoy continúan en minga, invadiendo poblados y vías principales del país, buscando que se les cumpla lo que les han prometido hace mucho tiempo. Primero fueron por el oro, los metales y piedras preciosas que eran sus adornos; luego por la tierra y los ríos donde vivían y sacaban su sustento, a través de la pesca y la caza. Ahora, con el fracking y otras sofisticadas y nocivas técnicas de explotación –minerales, madera, oro, gas, petróleo, piedras preciosas, etc.-, van por el resto de lo que queda de la ya deteriorada riqueza natural y minera de nuestros bosques, ríos y territorios. La minería y la tala los acorralan y desplazan de manera inclemente, ante la mirada –poco comprensiva y muchas veces fustigante- de una Sociedad y un gobierno que miran o tratan a esta difícil problemática, como algo de poca trascendencia y valor.

 

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Comentarios:

Caflos
Caflos
2019-03-20 13:20:02
Estimado Héctor Jaime, las mejores tierras productivas del País hace rato están concentradas en manos de grandes terratenientes, empresarios del campo y narcotraficantes. Con factor común en su historia: todas esas grandes extensiones fueron logradas por métodos ilícitos como la estafa, el engaño, el fraude, el despojo por la fuerza y el asesinato de sus dueños originales. Los indígenas representan la población más afectada por estos vejámenes. La luchas recientes a través de las mingas les ha permitido frenar a los despojado res. Es uy sintomático que el partido CD sea quien busque desprestigiar y reprimir las mingas indígenas : ellos representan a los despojadores

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