Evasión

Autor: Johnatan Clavijo
6 septiembre de 2018 - 12:02 AM

Sí, pagar impuestos no es algo que nos tiene que gustar, pero que debemos comprender como parte del compromiso de vivir en sociedad.

Después de las muchas votaciones que hemos tenido este año, llega otro momento para asumir una responsabilidad más como ciudadano: pagar impuestos. ¡Oh, perversa palabra! Ningún candidato que aspire a ganar unas elecciones puede decir que subirá los impuestos y a ninguna persona le parece plato de buen gusto sacar de su bolsillo dinero que “igual se lo roban”, como diría cualquier desprevenido.

 

Sí, pagar impuestos no es algo que nos tiene que gustar, pero que debemos comprender como parte del compromiso de vivir en sociedad. Por supuesto que llama mucho la atención que quienes más tienen, más mecanismos se inventan para evadir impuestos, como llevarlos a paraísos fiscales, poner propiedades a nombre de diferentes personas, en fin, todo un entramado de corruptelas que cada tanto se divulgan en los medios de comunicación y erosionan la confianza ciudadana. Pero, esos casos no convierten en menor el problema de que millones de compatriotas hagan triquiñuelas, chiquitas o grandes, a la hora de pagar sus impuestos.

 

Lea también: El poder de la ciudadanía 

 

“Es que yo soy pobre”, le escuché decir a alguien recientemente. No se puede negar que los colombianos, especialmente de clase media, tenemos que hacer esfuerzos importantes para lograr conseguir una vivienda propia, por mencionar un ejemplo, o pagar la universidad de los hijos o comprar un medio de transporte. Pero, esto no hace pobre a una gran proporción de ciudadanos de ingresos medios a los que les gustan las comodidades, pero no están dispuestos a renunciar a algún mínimo privilegio para pensar en el colectivo. “¿Para qué?, si igual no hacen nada”, continúan los prejuicios.

 

En una entrevista de mediados de 2017, el economista Camilo Herrera le explicaba a un medio nacional que: “cada año, los corruptos se roban cerca de 20 billones de pesos del presupuesto público (menos del 10 por ciento considerando que el presupuesto nacional el año pasado -2016- fue de 200 billones). Es sabido que el presupuesto público se financia en un 80 por ciento con impuestos. El año pasado, la evasión se aproximó a los 58 billones de pesos, lo que prueba que esta es mucho más grande que la corrupción”. La evasión es más grande que la corrupción.

 

Uno de los problemas fundamentales radica en que muchas veces consideramos que con ese dinero que estamos pagando de impuestos, estamos llenando los bolsillos de algunos más ricos que nosotros y que, por esta razón, entre menos paguemos, mejor. Incluso, con ese dinero, pensamos, podremos atender nuestras necesidades insatisfechas. Sin embargo, lo que no se nos pasa por la cabeza es que el dinero de los impuestos que estamos dejando de aportar cuando evadimos, está profundizando la inequidad.

 

Además: El enigmático Duque 

 

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), presentado en 2017, anota que “los estudios de la evasión fiscal del impuesto sobre la renta de las personas físicas señalan que en los países de América Latina la recaudación por este concepto es significativamente menor que la que cabría esperar dado el nivel actual del impuesto, lo que ha redundado en una pérdida de su capacidad redistributiva”. Entre más evadimos, más inequitativos somos.

 

Además de un análisis económico, la evasión de impuestos amerita, especialmente, un análisis ético asociado a nuestras capacidades para asumir los compromisos de vivir en sociedad, de contribuir al bienestar de todos. No es fácil, sobre todo para un independiente, por ejemplo, “sacrificar” una parte de sus ahorros para entregarlos al fisco; pero, también corresponde a nuestra responsabilidad como ciudadanos asumir que pagar impuestos justos para procurar la equidad, la educación, la salud y, en esencia, el beneficio común, es un deber indispensable e ineludible. Ojalá lo tengamos presente a la hora de hacer nuestra declaración de renta.

 

Nota de cierre: condenar la evasión de impuestos no implica asumir una actitud favorable ante el incremento desmesurado de impuestos que propone el Ministro Carrasquilla; incrementos que sí afectan a todas las clases sociales y con dureza a las más pobres.

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