Entre tizas y lápices

Autor: Iván de J. Guzmán López
10 marzo de 2018 - 12:08 AM

Felicitaciones a todos los maestros que escriben; en ellos hay muchas horas de lectura, de trabajo,  de relectura y de escritura

Ha pasado mucho tiempo, desde esas felices estancias en los salones de clase de la añorada época del colegio (justa y bellamente llamado por entonces, el liceo); No hace mucho pasó la dorada etapa de estudios en mis queridas universidades, U de A., U.P.B., y U. de San Buenaventura, y encuentro que todavía la diferencia fundamental entre la educación colombiana y la de los países desarrollados no está tanto en la diversidad de contenidos, como sí en el núcleo de la práctica docente que pervive en Colombia. Sigue siendo, en esencia, un modelo basado en la comunicación oral: el profesor "dicta" clase, como todavía se dice con precisión literal; los estudiantes copian en sus cuadernos y, donde todavía se usa un texto escolar, en especial en la universidad, éste sólo sirve como recurso mnemotécnico para “recordar” lo que enseñó el profesor y poder dar así “sacar” buena nota en los exámenes. El ejercicio del proceso educativo es muy pasivo entre profesores y estudiantes, y continúa centrado en la idea de que el profesor enseña y “el otro” aprende. La concepción bancaria de la educación, que tanto denunciaba el pedagogo brasileño Paulo Freire, sigue viva: los profesores, después de preparar “sus conocimientos”, los entregan a los estudiantes, que los “digieren” y asimilan con “éxito” variable y resultados cuestionables. Todavía no encontramos en el grueso de la práctica educativa, el desarrollo sistemático e intencionado de capacidades críticas, de formas de pensamiento creador, de sentido de la investigación, de una visión de la ciencia y el conocimiento como proceso abierto y creador; no es claro el ejercicio de la habilidad para formular y definir problemas, y la disposición para trabajar estructuras rigurosas de pensamiento lógico, porque es notoria, entre otras cosas, la ausencia de la lectura (y como consecuencia lógica, de la escritura). No encontramos a nuestros estudiantes en el feliz ejercicio de la lectura, y menos de la escritura; y peor aún, son pocos los maestros lectores y, como consecuencia lógica, contados son los docentes que escriben.
Dicho lo anterior, alegra encontrar a maestros que escriban bien; con una competencia lingüística apropiada, una capacidad cognitiva apreciable, y una sensibilidad necesaria y suficiente para escribir libros, como el que hoy nos ocupa, justamente titulado: Entre tizas y lápices, del escritor Iván Graciano Morelo Ruiz, profesor en el querido municipio de La Estrella, y ganador de la convocatoria pública en Cultura y Patrimonio 2017, Antioquia Piensa en Grande. Dice el escritor mejicano Antonio Solís Calvillo, del libro en comento: “Al leer este libro, me sumergí gratamente en el micro universo del salón de clases y de la escuela, y regresé a mis años, ahora con cierta nostalgia, a aquel tiempo cuando estuvimos inmersos como estudiantes (luego como docentes), en esos lugares, sede de alegría, del aprendizaje, de las interrelaciones y del gusto por aprender…”. 

Lea también: El trabajo, cuentos y semblanzas
Al leer el libro del profesor y colega escritor Iván Graciano Morelo Ruiz, encuentra uno el alma de la escuela regada por las páginas; al estudiante, en toda su original belleza, dejando jirones de su ontología, en cada corredor de la escuela. Así es, en su segundo cuento: Sí, soy rebelde y qué; y así es, en su tercer cuento: Remedo. Cierra el libro, bellamente ilustrado y editado, con un cuento sencillo y evocador como su título: Traídos
El profesor Iván Graciano Morelo Ruiz, dirige y edita la revista literaria La tagua; además, es autor del poemario Caminos de la memoria, y tiene en preparación otro libro, Cantos de la selva, donde seguro evocará a su natal San Juan de Urabá, pues sabido es que la tierra nativa traza caminos indelebles en el escritor; así lo han demostrado gigantes, como: Jorge Amado, Hans Christian Andersen, Knut Hamsun, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, César Vallejo, entre una lista longa de celebridades literarias. 
Felicitaciones a todos los maestros que escriben; en ellos hay muchas horas de lectura, de trabajo, de relectura y de escritura. Y, esencialmente, un compromiso con la vida, con la docencia, y con los niños y los jóvenes de esta Colombia que amamos, y que nos debe convocar a todos.

Vea además: Pueblo Rico, 150 años de historia

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