En el Paraíso Escondido esperan que no los dejen solos

Autor: Redacción
28 febrero de 2020 - 07:53 AM

Por cinco décadas, el municipio de Ituango ha sufrido el más duro rigor del accionar de grupos armados al margen de la ley. Hoy sus pobladores claman presencia y acompañamiento del Estado.  

Medellín, Antioquia

En medio de las fértiles montañas y las protuberantes riquezas naturales que ofrece la cordillera occidental en toda la región del Nudo de Paramillo, estaba el Paraíso Escondido, como los antepasados llamaron al municipio de Ituango, en el Norte antioqueño, una población en la que sus pobladores se dedicaban a la siembra de plátano, yuca, café, maíz y buena parte a la ganadería.

Pero esa misma abundancia lo hizo visible a otros intereses, y entonces, aprovechando las posibilidades que brinda su geografía para el cultivo, la fabricación y la comercialización de drogas hacia el exterior, así como la escasa presencia del Estado, aparecieron allí desde hace varias décadas actores armados ilegales que lo han convertido en un territorio sembrado de miedo, horror y desesperanza.

Lea: Con desequilibrio, no hay justicia

Cuenta la historia que en la década de los 70, en su proceso de expansión, llegaron a la región y concretamente a Ituango los frentes 18, 47 y 58 de las Farc. Años después, en la primera mitad de los 90, aparecieron los paramilitares, y entonces la confrontación de intereses se tradujo en una sangrienta disputa por el control territorial y el manejo de las rentas ilegales, pues a esa altura el Nudo de Paramillo ya estaba inundado de sembrados ilícitos y la región se había convertido en una zona estratégica de interconexión entre las regiones de Urabá, el departamento de Córdoba y el Norte de Antioquia, además de su cercanía a la costa Caribe, facilitando el contrabando, el tráfico de armas, drogas y lavado de activos, lo que desde entonces tiene a los pobladores en medio de un fuego cruzado que sólo les ha dejado dolor y lágrimas.

Son cinco décadas de infortunio y desamparo para los ituanguinos, unos asesinados y olvidados, otros desplazados y despojados, muchos sometidos y utilizados, pero todos blanco fácil para esos grupos armados ilegales que con el tiempo han aumentado y en algunos casos mutado a otras organizaciones, porque además de las disidencias de las Farc, hoy hacen presencia allí el Eln, Epl, los Caparros y el Clan del Golfo, a los que combate el Ejército Nacional.

“Todo lo anterior, en un contexto de debilidad de las instituciones del Estado en materia de vías de acceso a zonas rurales, ausencia de oportunidades de empleo formales y de acceso a la justicia, cooptación de servidores públicos por parte de grupos armados ilegales y una consecuente desconfianza en la institucionalidad del Estado por parte de la población civil”, dice Usaid -Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional- en su resumen ejecutivo de 2014 sobre las Dinámicas del conflicto armado en el Nudo de Paramillo y su impacto humanitario.

 

Abandono estatal

Son muchos los municipios afectados por esta dura realidad que se vive en la zona de influencia del Nudo de Paramillo, en el Norte, Bajo Cauca y Urabá antioqueño, así como en el sur del departamento de Córdoba, pero es Ituango, sin duda, uno de los municipios más golpeados por el conflicto armado, reconoce el Centro Nacional de Memoria Histórica.

De hecho, no sólo es uno de los municipios colombianos donde confluyen el mayor número de diferentes actores armados, sino que producto de la fiereza de su accionar delictivo es también una de las cinco poblaciones colombianas con mayor número de desplazamientos forzados.

Esta semana fueron 843 personas de 324 familias las que tuvieron que salir de seis veredas hacia el casco urbano, obligadas por las amenazas de esos grupos ilegales. Y sólo cuatro días después, en medio del temor y la incertidumbre, pudieron regresar a sus parcelas bajo protección militar y el acompañamiento de la institucionalidad, que con gran preocupación acepta que el trabajo y la inversión para devolverle la tranquilidad a la región y especialmente para recuperar la confianza de la población en el Estado, tendrá que ser un esfuerzo articulado y sostenido en el tiempo. Sólo así se podrá pensar que, en un futuro, la paz estable y duradera en la que sus pobladores se esperanzaron pero que nunca les llegó, vuelva a convivir con ellos como antaño, en un Paraíso que ya nunca más estará escondido.

“Esta es una realidad compleja, un tema estructural de una región que a lo largo de la historia ha sido abandonada por el Estado, que ahora requiere la presencia de la Fuerza Pública, pero además la presencia institucional con proyectos productivos, proyectos en el sector educativo, en vivienda, en desarrollo rural. Y por eso el Plan de Desarrollo de Antioquia le hará una gran apuesta a equilibrar ese desbalance entre lo rural y lo urbano”, aceptó Luis Fernando Suárez Vélez, secretario de Gobierno departamental y quien esta semana estuvo al frente de la comisión que gestionó el acuerdo con los líderes sociales en representación de los desplazados para garantizar su regreso voluntario a casa, junto a la Administración Municipal, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría y la Fuerza Pública.

“Pero no es verdad que la situación esté peor ahora que antes”, dijo en referencia a que personas que tuvieron que salir de Ituango aseguran que hace 30 años disparaban de dos bandos, guerrilleros y paramilitares, pero hoy son muchos más los grupos armados que hacen presencia allí.

“Realmente el contexto del Norte del Antioquia es difícil. La zona es un corredor geoestratégico que conecta con todo el Bajo Cauca, con el Nudo del Paramillo y finalmente con el Urabá antioqueño, un corredor que está en disputa por los GAOs residuales 18 y 36 de las Farc, los Caparros y el Clan del Golfo, hay tres grupos en una confrontación directa por el control del territorio, lo que desafortunadamente conlleva a situaciones tan compleja como los desplazamientos, que son repetitivos y cíclicos en Ituango”. Incluso, narró, “entre las familias atendidas esta semana, algunas contaron que este es el noveno desplazamiento que sufren”.

En ese sentido, Suárez Vélez afirmó que “hay alianzas mafiosas entre los GAOs y estructuras delincuenciales que hacen presencia en el valle de Aburrá, eso es verdad, y en esa estrategia de copar el territorio ellos también aprendieron a rotar su gente, y a moverlos de un lugar a otro, generando unas dinámicas orientadas a tener control territorial y para que los posibles cabecillas o las personas que están integrando estas estructuras no sean fácilmente identificados por la Fuerza Pública y que organismos como la Fiscalía no puedan tener casos concretos contra ellos. Por eso creemos que es muy importante coparles los centros poblados en donde no había ni Dios ni ley y donde no había siquiera presencia de la Fuerza Pública, una estrategia que ya está en marcha en el Bajo Cauca”.

 

¿Qué hay que hacer?

“Estructuralmente lo más importante es fortalecer allí la presencia de la institucionalidad, y ahí la gran apuesta es cómo desde la Gobernación de Antioquia se articulan los esfuerzos con la Consejería Presidencial para la Estabilización y la Consolidación, para que se pueda tener también la inversión del Gobierno Nacional en esa gran apuesta integral por este territorio”, sostuvo el secretario de Gobierno.

Por eso, apuntó que “el mansaje más claro que nos queda a nosotros es que esto no se controla sólo con Fuerza Pública. Si no hay una intervención directa e integral del Estado, con proyectos viales, integración territorial con vías, escuelas, centros de salud, proyectos productivos, mejoramiento de vivienda y mejor educación, esto no va a cambiar. Allí viven gentes buenas, campesinos trabajadores que no tienen siquiera vías para sacar sus productos, y por eso creemos que la gran apuesta en el Plan de Desarrollo tiene que estar orientada a una mayor presencia institucional y en ese reto que el gobernador se ha impuesto el propósito es reducir la brecha entre lo urbano y lo rural”.

Pero el esfuerzo, dice, va más allá, porque “se trata de articular el trabajo con el Gobierno Nacional, y con las agencias internacionales como Usaid, que está en el territorio, para que prioricemos juntos y definamos juntos las intervenciones, porque con esfuerzos aislados, se pierde impacto”.

A esto, dice, hay que sumarle que “deben ser esfuerzos y trabajos sostenidos en el tiempo, permanentes, porque es de la única manera que el campesino se va sentir acompañado. De hecho, su más repetida solicitud es que no los dejemos solos, y ahí está el verdadero compromiso”, no atender sólo las emergencias sino permanecer en los territorios, “y es ahí donde creemos que esa capacidad institucional aislada hace una tarea, pero el resultado será distinto si la hacemos juntos, unidos y con permanencia en el tiempo”.

Esa es la misión, para que esas buenas personas y campesinos trabajadores no vuelvan a sentir que nuevamente los dejaron solos, en medio del fuego cruzado de los ilegales que los utilizan como escudos.

 

Bajo el fuego cruzado

5 de marzo de 1995

Guerrilleros de los frentes 5, 18, 34, 36, 57 y 58 de las Farc se tomaron el municipio después de un día de combates frente a una veintena de policías que cuidaban el pueblo y dejaron el parque y sus alrededores en ruinas. Destruyeron la Alcaldía, el Comando de Policía, la Caja Agraria, el Banco Cafetero, la cárcel y casas vecinas impactadas por los proyectiles. Tras el ataque, los guerrilleros se llevaron secuestrados al alcalde y al personero municipal, a quienes liberaron 20 días después. Fue una de las siete tomas guerrilleras que sucedieron en Ituango entre 1985 y 1997.

 

11 de junio de 1996

Este día quedará por siempre en la historia de Ituango. Por lo menos 30 hombres de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) incursionaron al corregimiento La Granja y, en presencia de familiares y vecinos, asesinaron a cinco pobladores a quienes señalaron de ser auxiliadores de la guerrilla de las Farc. Por este hecho, declarado de lesa humanidad, el Estado colombiano fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

 

El 8 de julio de 1997

Guerrilleros del frente 18 de las Farc emboscaron una patrulla militar en zona rural del municipio de Ituango, causando la muerte de un soldado y heridas a trece personas más, entre militares y civiles.

 

22 de octubre de 1997

Hombres de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) incursionaron al corregimiento El Aro y asesinaron a 15 pobladores en estado de indefensión, pero además otro grupo de campesinos fueron despojados de sus bienes y desplazados de su territorio. Por este hecho, también declarado de lesa humanidad, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano.

 

21 al 23 de julio de 2000

Durante tres días, autoridades hallaron dispersos en zona rural del corregimiento Santa Rita, los cadáveres de 25 supuestos miembros de las AUC, luego de intensos enfrentamientos que sostuvieron con guerrilleros de las Farc.

 

1° de noviembre de 2000

Hombres de las AUC asesinaron a ocho labriegos e incendiaron por lo menos 25 viviendas en distintos sitios rurales de Ituango, saquearon las tiendas de abarrotes y obligaron el desplazamiento de cientos de personas que lo dejaron todo por salvar sus vidas.

 

Febrero de 2001

Por lo menos 30 hombres de las AUC murieron tras un ataque de guerrilleros de las Farc al campamento paramilitar asentado en zona rural del municipio, en hechos que las autoridades atribuyeron a una retaliación por los sucesos de noviembre.

 

29 de agosto de 2001

Hombres armados de las AUC llegaron a distintos parajes rurales del corregimiento La Granja y asesinaron a seis personas, a quienes señalaron de ser auxiliadores de la guerrilla.

 

4 de septiembre de 2001

Durante tres días más, las autoridades recuperaron los cadáveres de 29 hombres señalados de pertenecer a las AUC, que habrían librado un intenso combate ante guerrilleros de las Farc.

 

15 de agosto de 2002

21 personas muertas, entre ellas tres civiles, dejaron los combates registrados entre guerrilleros de las Farc y las AUC, en las afueras del corregimiento Santa Rita.

 

14 de agosto de 2008

7 muertos, 47 heridos y la comunidad sumida en el dolor, fue el trágico saldo del ataque que un supuesto miliciano de las Farc perpetró en pleno casco urbano de Ituango, cuando la gente se preparaba para celebrar las fiestas locales. Una escena de dolor que también quedará por siempre en la memoria del pueblo.

 

2020

Estos y muchos otros hechos de horror han provocado cientos de desplazamientos forzados a lo largo de cinco décadas, evidenciando que la comunidad ha sido la más afectada y golpeada por esa violencia que parece no tener fin. Esta semana, 843 personas de 324 familias, que habían sido obligadas a dejar sus casas bajo amenazas de muerte, pudieron regresar a sus parcelas con la promesa institucional de seguridad y acompañamiento, pero son muchos los inocentes que a lo largo de la trágica historia de Ituango lo han tenido que dejar todo allá, hasta la vida.

 

Así es Ituango

Fundación: 1844

Erección en municipio: 1847

Población total: 27.074 hab. (2018)

Población urbana: 7.074

Población rural: 20.000

Gentilicio: Ituanguinos

Apelativo: Paraíso Escondido

Extensión total: 2.347 Km2

Extensión área urbana: 16 Km2

Extensión área rural: 2345,4 Km2

Tiene tres corregimientos: La Granja - Santa Rita - El Aro (101 veredas).

Altitud (msnm): 1.550

Temperatura media: 21°C

Distancia a Medellín: 190 km

Límites:

Norte: Tarazá (Antioquia), Tierra Alta y Puerto Libertador (Córdoba).

Oriente: Valdivia y Briceño.

Sur: Toledo, Peque.

Occidente: Dabeiba y Mutatá.

 

 

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