El cuidado de sí

Autor: José Hilario López
12 febrero de 2020 - 12:00 AM

El cuidado de si es el conocimiento de si y es un concepto eminentemente ético, ya que el cuidado propio implica el cuidado de los otros (la política) y de las cosas (la conservación de los ecosistemas).

Medellín

El concepto de “El cuidado de sí” empecé a profundizarlo hace cerca de veinte años gracias al querido y sabio profesor Gonzalo Soto Posada, con sus lecciones en el Aula Abierta del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia sobre Lucio Anneo Séneca y Michel Foucault. El primero de ellos filósofo estoico romano del Siglo I de nuestra era y el segundo, filósofo, psicólogo e historiador francés del Siglo XX; recientemente el libro del profesor Soto titulado “Vida, obra y pensamiento de Marco Aurelio” (Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, 2018), el emperador romano y filósofo estoico del Siglo II, también de nuestra era,  nos revela que la filosofía es sobre todo una forma de vida y un continuo ejercicio espiritual, fundamento requerido para el cuidado de sí.

Sócrates con su legado pedagógico nos ha llevado a comprender como la virtud y las dichas se deben desplazar hacia el interior del hombre, y que la filosofía llegó a ser el camino hacia el nuevo continente recién descubierto, el alma. En su Apología de Sócrates, compilada por Platón en sus diálogos, Sócrates increpa a los concurrentes al juicio que lo condenó a muerte por ocuparse de cosas vanas y no de la virtud, ni del alma, vale decir del cuidado de sí mismos, complemento del mandato délfico de “Conócete a ti mismo”. Por su claridad pedagógica, este discurso es uno de los más valiosos para nuestros propósitos hermenéuticos, y con la venia de mis lectores a continuación quiero reproducir en uno de sus apartes referido al “Cuidado de sí”: ”Sabéis que .. el único objeto de mi trabajo ha sido procuraros .. el mayor de todos los bienes persuadiéndoos de que no atendáis a las cosas que os pertenecen antes que al cuidado de vosotros mismos, para haceros más sabios y más perfectos, lo mismo que es preciso tener cuidado de la existencia de la república (lo político)..”

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El cuidado de uno mismo aparece por primera vez en el diálogo platónico Albicíades I, relacionado con la acción política y la erótica pero siempre centrado en el domino del cuerpo por el alma. Durante el Helenismo (así llamado el periodo histórico que surgió al derrumbamiento del imperio alejandrino) se sustituyó el modelo pedagógico, orientado hasta entonces a la preparación de las élites para el ejercicio del poder, por un modelo más abierto y democrático, tipo médico: Uno debe cuidarse, convertirse en médico de sí mismo, mediante prácticas como la escritura, la meditación y el examen de conciencia sobre lo que hacemos, no sobre lo que pensamos o sentimos, lo que marca la gran diferencia con la confesión cristiana. Pero lo fundamental es que el cuidado de sí en ambas doctrinas se convierte en el objetivo, adquiere sentido por si mismo.

Para el Helenismo el autoexamen sirve para actuar mejor, para ayudarnos a corregir nuestras conductas hacia el futuro. En el Cristianismo las tecnologías del yo están orientadas a la revelación y a la renuncia del yo: aparece el director espiritual, como poder pastoral, a quien en la confesión hay que contárselo todo y obedecerle en todo, bajo el supuesto de que las malas intenciones son las que nos conducen al pecado. A partir del Siglo XVIII, ya en la Modernidad, se vuelve a plantear la verbalización no como una técnica para renunciar al yo, sino para construirlo.

Hoy se dispone de tres modelos o técnicas  para el examen de sí mismo. El primero es el de los pensamientos para ver si se corresponden o no con la realidad, el llamado Racionalismo Cartesiano. El segundo es el de los pensamientos para ver si se adaptan a las reglas del buen vivir, enseñanza del  Estoicismo y el tercero es el método Cristiano, que consiste en descifrar los pensamientos ocultos para hacer aflorar nuestra impureza interior. Michel Foucault considera que la psicología, incluido el psicoanálisis, es herencia de esta tercera forma y su origen es, por lo tanto, cristiano.

Para los griegos uno no puede cuidar de sin conocerse a sí mismo, el cuidado de es el conocimiento de y es un concepto eminentemente ético, ya que el cuidado propio implica el cuidado de los otros, la acción política, y de las cosas, lo que hoy se conoce como la conservación de los ecosistemas, vale decir de La Naturaleza como una integridad. Ahora sigamos con nuestro ensayo, guiados por el texto foucaultiano titulado “Estética, ética y hermenéutica”.

Al imperativo “Cuídate de ti mismo” que implica la asimilación de nuestras verdades (los lógoi), Foucault agrega: “Uno no puede cuidar de sin conocerse..el cuidado de si es el conocimiento de sí (el lado socrático de la cuestión), pero también es el conocimiento de ciertas reglas o de principios, que son, a la par verdades y prescripciones. Cuidarse de sí es pertrecharse de estas verdades y es ahí donde la ética está ligada al juego de verdad”…”Es preciso que cuando vuestros deseos, vuestros apetitos, vuestros temores lleguen a despertarse como perros que ladran, el logos hable como la voz del amo que con un solo grito hace callar a los perros…habríamos (así) llegado a ser el logos o el logos se habría convertido en nosotros mismos”.

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Cuidarse de no es un consejo en abstracto, sino que es una actividad extensa, una red de obligaciones y de servicios que el individuo debe realizar para con su alma. El cuidado de es el cuidado de la actividad y no el cuidado del alma como sustancia.  La reflexión sobre debe convertirse en nuestra práctica habitual, así como el retirarse periódicamente unos días o semanas para ocuparse de en un beneficioso ocio creativo, tiempo que puede ser dedicado a estudiar, leer, escribir, prepararse para los reverses de la fortuna o para el desapego final, la muerte. El retiro más beneficioso sería el que nos ponga en contacto con el campo, donde mayormente se muestra La Naturaleza en todo su esplendor. Escribe Foucault en el texto atrás referenciado: “Uno se retira para descubrir - pero no para descubrir sus faltas o sus pensamientos profundos - ; uno se retira en sí mismo para rememorar las reglas de acción, las principales leyes que definen la conducta. Es una formula (y práctica) mnemotécnica”.

Una práctica de la más conveniente es el examen de sí mismo y de la conciencia al terminar nuestro día de trabajo, donde se evalúa si lo que se hizo corresponde con nuestros propósitos, un recuento de lo que se ha hecho, no de lo que se ha pensado.

La introspección llega a ser una práctica generalizada en el nuevo concepto del cuidado de sí, donde se vinculan estrechamente la escritura y la vigilancia sobre uno mismo, donde se atienden los matices de la vida, los estados del alma, y se acude a la lectura creativa. Todo un conjunto de experiencias que no se conocían con anterioridad. En estos momentos de introspección uno escribe sobre todo para sí mismo, como lo hace con las cartas de amor, que una psicóloga francesa, cuyo nombre ahora no recuerdo, nos mostró hace unas décadas durante una hermosa conferencia en esta ciudad de Medellín. 

Lo que he estado haciendo con mi anterior ensayo sobre la herencia de Sócrates y con el presente texto,  es ocio creativo, pero sobre todo es una carta escrita  a mí mismo.

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