El Semáforo

Autor: Pedro Juan González Carvajal
27 marzo de 2018 - 12:06 AM

Sea lo primero ubicarse en el lugar: Estará usted rodeado de motos y es posible que para su desgracia, le toque por obligación, pisar las líneas de peatones.

Dicen algunos que antes de morir, en una pequeñísima fracción de tiempo, una persona vuelve a recorrer su vida. Un símil forzado es el que ocurre cuando uno llega a un semáforo en nuestra ciudad, donde existe un completo y variado universo de personajes y situaciones que hacen que ese minuto entre la señal roja y la verde, parezca una eternidad. Sea lo primero ubicarse en el lugar: Estará usted rodeado de motos y es posible que para su desgracia, le toque por obligación, pisar las líneas de peatones debido a una congestión que apareció más adelante o a la lentitud de los conductores que van unos metros más allá. Se ha convertido en factor de riesgo que usted quede de primero, pues con mayor facilidad lo pueden robar y pueden escapar.

Ahora sí, veamos pasar el mundo: es lo usual que aparezcan saltimbanquis, payasos, bailarines y trapecistas delante de sus ojos, haciendo un sinfín de piruetas que ponen en riesgo no solo la integridad física de los actores improvisados, sino, además, de los peatones y de los propios automóviles que están expuestos a que les caigan objetos o personas encima, obviamente, sin posibilidad de reclamarle a nadie.

No es extraño que peatones de todos los pelambres, violando la regla de cruzar por las esquinas previamente señalizadas, se atrevan a pasar por cualquier parte, poniendo en riesgo sus vidas, sobre todo con las motos que pasan entre los carros, mientras éstos esperan el cambio de luz.

Aparece el dueño de la esquina, con ayudantes y todo, que primero, con ojos de ternero huérfano y luego con ojos amenazantes, pretende limpiar el vidrio delantero a toda costa, a riesgo de quebrar los limpiabrisas y obviamente de dejarlo más engrasado de la cuenta.

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No falta el vendedor de hostias y barquillos, así como quien con cara lastimera, coloca sobre el retrovisor o al lado de los limpiabrisas, confites o chiclets.

El mercado crece, y aparecen los vendedores de frutas de temporada y de aguacates que tienen sus puntos de venta en las esquinas o al interior de los separadores.

Últimamente se ha popularizado la venta de agua y refrescos por parte de personajes muy bien uniformados y dotados de refrigeradores portátiles, representando como distribuidores ambulantes a empresas reconocidas. Como complemento y en algunos sectores precisos, le llevan a uno paquetes de empanadas calientes al vehículo, como en un servicio al carro tradicional.

Aparecen en escena quienes también uniformados, colocan pancartas de extremo a extremo de la calle y además entregan propaganda de los distintos proyectos inmobiliarios de la ciudad, o quienes tímidamente entregan publicidades impresas en forma de tabloide o de volantes, o de tarjetas personales.

No faltan los voceadores de periódicos o quienes entregan ejemplares gratuitos. No puede faltar la tragedia humana y aparecen los mendigos mostrando y resaltando sus discapacidades o heridas, las madres con una serie de niñitos, el parapléjico que sale en su silla de ruedas con un asistente que lo empuja, o la triste imagen de los desplazados que con carteleras hechas a mano, pretenden llamar la atención.

También complementan el espectáculo, los vendedores de CDs, los vendedores de complementos para celulares, quienes ofrecen trapos rojos y pañuelos desechables, pasando por otro tipo de misceláneas y algunas flores según la temporada.

Además: Corredores verdes

Lo angustioso del tema es que a esta muestra de la decadente sociedad se van incorporando mochileros, muchachitas de buena presencia y hasta ancianos bien vestidos.

Tremenda responsabilidad la de las autoridades de manejar esta situación y de organizar el espacio público.

Alguien argumentará, que al menos no están robando y que en medio del rebusque, todos debemos tener paciencia.

Para eso es el Estado y para eso existen los gobiernos… ¿O no?

Insistimos en la necesidad de dotar a Medellín con un adecuado Centro de Espectáculos.

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