Difícil parangón

Autor: Sergio de la Torre Gómez
24 noviembre de 2018 - 09:05 PM

Para contener el ímpetu de la izquierda, que florecía impulsada por el ejemplo de la revolución bolchevique en Rusia, la violencia callejera le resultaba muy efectiva a ambos redentores.

Antes de la Anapo, ya habíamos tenido aquí un primer brote de populismo. O más bien una eclosión, que por su fuerza y tamaño solo se había visto bajo Perón en Argentina, y por la misma época. Esa corriente política hasta entonces no se conocía en América. Y en el planeta mismo era rara, aunque con suficiente vigor para acceder al poder y dominar un país por un período relativamente largo solo se había dado en la Alemania nazi y la Italia de Mussolini. Sin excluir la España falangista de Primo de Ribera, donde no avanzó tanto pero le sirvió de antesala a Franco para entronizarse al adoptar sus consignas, su ciega, sin cesar proclamada devoción católica y su repulsión por la, democracia representativa que ya campeaba en Europa occidental.

Vea también: Claridad y precisiones

El populismo italiano entonces, el más brioso y ultramontano por aquellas calendas, vista su génesis y su vocación, era lo más parecido a la caverna. Sumado a la derecha activa pronto se colocó a su vanguardia, pese a su origen en las capas medias y bajas más ignoradas de la sociedad y a un remoto y bien escondido parentesco del Duce con el socialismo, a cuya sombra hizo sus primeras armas como tribuno. Igual que Hitler, quien le añadió la palabra “socialista” al nombre de su partido. Ambos se impusieron como misión preservar el viejo estatus quo apelando a medios y recursos extremos para protegerlo del peligroso avance de la democracia en toda Europa.

Para contener el ímpetu de la izquierda, que florecía impulsada por el ejemplo de la revolución bolchevique en Rusia (antes de que cayera en el fatídico burocratismo, la censura y el terror consabidos), la violencia callejera le resultaba muy efectiva a ambos redentores. El nacionalismo, o mejor, el chauvinismo hirsuto con rasgos de xenofobia fue su estandarte y prospecto para contrarrestar la marea progresista que bañaba a países como Francia e Inglaterra, y a las mismas Italia y España de las dos primeras décadas del siglo veinte. Juntas todas ellas, eran por entonces paradigma y a la vez laboratorio de la modernidad y el pensamiento libre.

Si me he detenido en Europa, que fue el embrión del populismo, y si pongo el acento en Mussolini, es porque su ascenso y consagración se dio en los años en que Gaitán residía en Roma, donde le correspondió vivir esta novedad, que no pudo menos que marcarlo. Pero aclaro: no me estoy refiriendo a la prédica del Duce sino a su talante y ademán, a su manera de llegarle a las masas para inflamarlas, despertando sus peores instintos a partir del resentimiento y la revancha que la oratoria encendida del italiano evocaba.

Lo invitamos a leer: Contrastes y aclaraciones

No confundamos pues las dos actitudes, como podrían eventualmente estar tentados a hacerlo ciertos improvisados historiadores nuestros. Gaitán y Rojas (a cuya diestra necesariamente habría que situar a su hija Maria Eugenia, mujer recia y lúcida que lo superaba) no se asemejaban en nada, salvo en la clasificación de populistas que a la larga se les dio, clasificación a todas luces impropia en el caso de Gaitán. En verdad todo los apartaba, desde polos casi opuestos: el uno era liberal y el otro conservador, cuando esas filiaciones no eran un simple rótulo sino que significaban algo. Mediando el siglo pasado por ejemplo, cuando se tenían visiones encontradas de la sociedad: la una, aferrada al régimen semifeudal que todavía regía en la Colombia de entonces, preponderantemente rural, y la otra, empeñada en romper, por medios pacíficos, dicha armazón, a objeto de modernizar la nación. La misma diferencia que siempre hubo entre los gobiernos o hegemonías rojas y azules, como se las reconocía antaño, así suene ocioso o perogrullesco recordarlo. Se nos agotó el espacio mas no el tema, al cual volveremos entonces con la venia del lector.

Compartir Imprimir

Comentarios:


Destacados

Carlos Vives
Columnistas /

Para adelante y para atrás

El Mundo inaugura
Columnistas /

EL MUNDO fue la casa de la cultura de Medellín

Mabel Torres
Columnistas /

Firmas y responsabilidad

Guillermo Gaviria Echeverri
Columnistas /

La desaparición de EL MUNDO

Fundamundo
Columnistas /

Mi último “Vestigium”

Artículos relacionados

Demagogia al por mayor
Columnistas

Demagogia al por mayor

Disfrutamos al más emblemático ejemplar de populismo en el subcontinente: Gustavo Petro

Lo más leído

1
Columnistas /

Cinco cosas a favor y cinco en contra sobre el comunismo extinto

Los comunistas son tan enfáticos en su convicción que con la mayoría resulta imposible hacer un diálogo
2
Ciencia /

Los polos magnéticos no permanecen quietos

Los polos magnéticos de la Tierra se están moviendo y la ciencia aún no puede explicar este fenómeno en...
3
Salud /

La pastilla del día después bajará de precio: MinSalud

La píldora hace parte de una lista de más de 1.042 medicamentos que el Ministerio de Salud regula para...
4
Columnistas /

EL MUNDO no se acaba

El periódico EL MUNDO de Guillermo Gaviria Echeverri surgió para recordar que la barbarie no podía,...
5
Urbanismo /

Nunca más niños y niñas en la guerra

La Comisión de la Verdad realizó encuentro para el reconocimiento de los impactos del conflicto armado...
6
Mundo Estudiantil /

¿Cuáles son los retos a los que se enfrentan los maestros hoy?

Académicos y expertos dan sus visiones sobre los retos y necesidades de un maestro hoy. A propósito de la...