Coloquios desde la ficción

Autor: Editor
12 noviembre de 2017 - 02:00 PM

Como lector, aspiro a que el crítico no me discrimine; como crítico, no figura en mis planes discriminar al lector. Mario Benedetti

Medellín

Comienzo diciendo que la lectura de los libros Sustantiva palabra, de Reinaldo Spitaletta, y Vida y milagros de una lengua muerta, de Gustavo Arango, activó en mi memoria un grato recuerdo del texto de Mario Benedetti llamado Lectura cómplice. Es evidente que en su estilo y en su intencionalidad existen muchas afiliaciones y filiaciones. Es posible, además, hablar de una interacción entre estos textos y el de Memo Ánjel, Sobre lo que pasa leyendo, y los de Santiago Posteguillo, La sangre de los libros y La noche en que Frankenstein leyó el Quijote. Todo ello porque el intertexto lector, del cual habla Pedro Cerrillo, sienta posición y desde su gobierno empieza a hilar un nuevo tejido literario. El lector lo descubre poco a poco, a medida que esa hoja en blanco se va llenando de impresiones e ideas. De lecturas, de libros. En El nombre de la rosa Umberto Eco dice que los libros hablan entre ellos y que la lectura de uno ayuda a entender la del otro. Plantea una tarea para el lector: seguir las huellas de ese coloquio y reconstruir su estética de la producción.

El recorrido de Spitaletta

Sustantiva palabra es una experiencia de viaje: del lector-autor para el lector. Spitaletta la describe como un “recorrido, como una caravana verbal”. El mapa lo define una pregunta, ¿de dónde nacen las historias? Es así como uno a uno van desfilando los veinte escenarios del viaje, veinte momentos del lector. La palabra descubre la ruta, ella nos guía, nos crea, nos confunde, nos regala su luz. La palabra es el personaje esencial. Gracias a ella se van construyendo las historias, esas que nos convocan y que nos constituyen como seres humanos. De ahí el nombre del libro: Sustantiva palabra. Esta caravana verbal se caracteriza por su diversidad en la forma: en su estructura, su destinatario inicial y su tiempo. En ella se devela el modelo de lector que es Spitaletta, sus preferencias, su propio canon, su itinerario lector. No es el autor de novelas, cuentos, crónicas periodísticas. Es otra voz perfilando otro punto de vista. Es el paso de la situación narrativa a la situación discursiva. Sin embargo, el lenguaje sigue siendo cercano al lector, en su estilo se cumplen las palabras de Benedetti “se puede ser sencillo, pero profundo”. 

La vida del autor

En cuanto a Vida y milagros de una lengua muerta cabe decir que es un texto que recoge ideas, conversaciones y teorías ambientadas en dos épocas del autor: la de estudiante y la de profesor de literatura. Su tono es de corte académico, así lo evidencia la forma de introducir las temáticas, de recurrir a citas y justificar sus argumentos. El texto está comprendido por veinte y tres ensayos, algunos ya publicados en otro lugar, como puede leerse; un preámbulo que delimita su horizonte de comprensión y un marco bibliográfico que da cuenta de las autoridades que respaldan lo dicho y, sustancialmente, configuran la bitácora de lectura del profesor Arango. En esta obra desfilan los diálogos internos que describen el mapa mental del lector y se configura el estilo del autor. Sus consideraciones, específicamente las que plantea en el ensayo final del libro, (Teoría), participan críticamente en la discusión sobre los modos de entender la literatura, el oficio lector y los usos pertinentes de las herramientas de interpretación de los textos. 

Para los lectores

Ambos textos, el de Spitaletta y del Arango, están escritos para el lector y no para la crítica científica. No se inscriben en la línea de la crítica de apoyo, esa que alaba y bendice una obra. Tampoco es esa crítica que destruye, a la que nada le parece o porque el autor no es de apellido raro, o porque la obra no se inscribe en el mundo de la ortodoxia. Si los autores me lo permiten, su crítica literaria es del modelo de la crítica cómplice. Esa en la que se ve que el punto de partida es la comunicación entrañable con la obra, como dice Benedetti. Su particular ironía y sarcasmo hacen posible la reconstrucción de las preguntas, ¿qué le llama la atención a Spitaletta y a Arango cuando están leyendo?, ¿cuál es su centro de interés?, ¿cómo es su diálogo con otros autores, con otros libros? ¿Qué pasa en ellos luego de cerrar el libro?

El género escogido por ellos es el ensayo, como es evidente. No sé qué tanta justicia le haga la expresión “colección de ensayos” a estas obras. Para el lector es fácil tomar el libro y escoger, según el índice o por azar, y leer de modo discontinuo, a su ritmo, a su tiempo. Es fácil pasar de una página a otra y seguir en serie la lectura, encontrando un ensayo tras otro. Sin embargo, no creo que sea tarea fácil para el autor ni para el editor. Vale preguntar, ¿por qué esos y no otros ensayos? ¿Cuánta distancia académica, social y personal hay entre la escritura de un ensayo y otro? ¿Qué tanto se revela el devenir del autor en cada ensayo? ¿De qué modo se comunica lo intra y extraliterario en esos ensayos? Y, finalmente, esos ensayos, escritos en otro tiempo, ¿tienen algo que decirle al lector de hoy?

Sustantiva palabra y Vida y milagros de una lengua muerta son, a mi modo de ver, coloquios desde la ficción. Dicho de otro modo, son conversaciones a propósito de ejercicios biobibliográficos. Es un diálogo entre la palabra y el ser humano. ¿De dónde provienen las historias? ¿Por qué razón preferimos unas obras y unos autores? ¿Cómo leer? ¿Qué tanto aporta la teoría literaria en la implicación de un lector con un texto? ¿Los libros tienen su propia historia?, ¿cómo accedemos a ella? Los libros hablan entre ellos; hablamos con los libros y ellos con nosotros; sus historias y personajes nos mueven el piso y nos condicionan para iniciar una nueva discusión; los autores, en su estilo, eternizan su manera de ver la realidad en renglones, imágenes e ideologemas.

En estas dos obras se puede percibir el diálogo entre el argumento y el relato. Gracias a estas producciones literarias muchos autores y obras salen del anonimato editorial o de los rincones de las bibliotecas, renacen del olvido y se convierten en una ruta de búsqueda para el lector. Además de convertirse en un compromiso editorial, una forma de vencer la censura o un modelo en el ejercicio de aprender a desaprender. Es de este modo como el intertexto lector alimenta a otros posibles lectores. Porque como dice Piglia, “la crítica no es un modelo teórico, sino una caja de herramientas, un atlas que señala los caminos de acceso a la literatura”.

Inventario

T. S. Eliot habla de críticos practicantes: autores que hacen crítica literaria.

“Sin la palabra creadora no existirían ni Moisés, ni don Quijote, ni Úrsula Iguarán, ni los caballeros medievales…”: Spitaletta, El milagro de las palabras.

“Siempre he pensado que el ensayo sobre literatura debe salirse de los claustros de las universidades y procurar alcanzar a un número amplio de lectores”: Arango, Sobre estudios literarios.

Aplaudo el apoyo y la difusión que le da el sello editorial UPB a este tipo de textos.

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