En Antioquia 2.260 niños son atendidos en 70 hogares juveniles
“Mi segunda casa”
Los hogares juveniles son una alternativa para garantizar que los niños y jóvenes que viven lejos de los cascos urbanos puedan acceder fácilmente a la educación primaria y segundaria. En el departamento existen 70 distribuidos en 60 municipios. Cada domingo, a eso de las cuatro de la tarde, Germán Taborda Rojas debe partir con algo de tristeza y dejar a sus padres, quienes antes de despedirlo con su respectivo beso y abrazo le dan las mejores recomendaciones y le piden que se porte bien y estudie bastante en los cinco días que no estará con ellos. La tristeza no es total porque su partida se debe a una gran razón: continuar sus estudios de bachillerato en la Escuela Normal Superior de Amagá, donde cursa sexto grado.
Germán sólo tiene 12 años y con él también parte su hermanita de 14. En su maleta de viaje no sólo carga la ropa para una semana, algunas viandas, los cuadernos y los libros, también lleva la ilusión de que el regreso será mejor porque tendrá tiempo de alimentar su cariño por la casa y sus padres en manera desmedida. Su lugar de destino es el Hogar Juvenil Campesino y Minero de Amagá, donde de lunes viernes se quedan viviendo para poder asistir al colegio, pues su vereda, Pueblito de San José, queda a una distancia considerable a pie, cuatro horas como mínimo, y el único transporte que les sirve es un ‘chivero’ que únicamente pasa los sábados y domingos.
Durante cinco días el abrazo cariñoso de sus padres le servirá para no extrañarlos demasiado y poder rendir en sus estudios, pues según Germán, “si no rindo, no estaría valorando el esfuerzo que hacen por mí y por mi hermana para que estudiemos. Cada domingo es un poquito triste al irme de la casa, pero uno se acostumbra y disfruta más cada viernes en la noche cuando regreso y me dan otros abrazos mejores”.
En el hogar atienden a 40 niños que viven en veredas muy lejanas y con precarias condiciones de transporte, como en la gran mayoría de los sectores rurales del país. El lugar existe hace 43 años, pertenece a la Corporación de Hogares Juveniles Campesinos y es un respiro para él y su familia porque “entonces quién sabe que tendría que hacer para ir a las clases”, afirmó Germán.
Paola Montoya Herrera es la coordinadora del Hogar Juvenil Campesino y Minero de Amagá. Ella explica que “el trabajo que aquí se hace es de gran importancia porque somos la otra casa de esos niños que viven muy lejos de todo. Y lo mejor es que como permanecen todo el tiempo en un ambiente educativo, muchas veces su proceso de aprendizaje es más completo que el de un niño que puede irse diariamente a su casa después de las clases”.
“Todo porque aquí no solo alojamos y brindamos alimentación a los muchachos. También diseñamos unos ejes temáticos, siete en total, para complementar las jornadas académicas con diferentes actividades pedagógicas. Nuestro hogar es un lugar precioso, con un excelente paisaje y aunque tenemos ciertas deficiencias en nuestras locaciones, la gran mayoría de los 572 metros cuadrados donde estamos ubicados están en excelentes condiciones. Aquí tenemos sala de estudio y biblioteca, cocina, comedor, dormitorios, lavadero, áreas verdes, lugares de descanso, auditorio, duchas y estamos en capacidad de atender a noventa internos”, dijo Paola Montoya.
Y es verdad, para un desprevenido visitante, el hogar podría parecer una especie de hotel de descanso, igual a los que son usados por diferentes grupos para retiros espirituales y convivencias. Y en las palabras de Paola Montoya, “a los 40 niños que aquí viven entre semana les brindamos cariño y la mejor atención para que se sientan como en una segunda casa”.
Domingo a jueves
Divanessa Espinosa, de 14 años, vive en la vereda Salinas y los domingos se gasta 30 minutos en bus, pagando 1.000 pesos de pasaje para poder llegar al hogar. Los viernes, si tiene el uniforme puesto a la hora del retorno, los conductores de los buses que pasan por la Troncal del Café la llevan sólo por quinientos pesos porque según ella “conocen que nosotros somos estudiantes de partes lejanas y nos colaboran”.
“Aquí llegamos los domingos por la noche, desempacamos, tendemos los camarotes y vemos algo de televisión. Después de comer nos acostamos. Todos los días nos levantamos a las cinco de la mañana, nos bañamos, desayunamos y salimos derechito para dos colegios que quedan cerca: algunos nos vamos para la Escuela Normal Superior de Amagá y el resto para la Institución Educativa San Fernando”, dijo Divanessa Espinosa.
Ella continúa explicando la rutina del hogar diciendo que “todos los días, después de que llegamos de clases, nos cambiamos para no ensuciar el uniforme, almorzamos, descansamos media hora y por grupos y sectores hacemos el aseo. Lo que sigue después es hacer las tareas el tiempo necesario y el resto de la tarde lo dedicamos a actividades educativas y de recreación, según el día. Ya por la noche, cuando no hay mucho que hacer, podemos ver televisión y los que quieran leen o juegan. Finalmente comemos y a eso de las nueve y media de la noche nos vamos para nuestros dormitorios; los hombres para el suyo y nosotras las niñas para el nuestro”.
Según Divannessa, “el hogar es muy bueno porque aquí aprendemos de todo un poco y todos los niños nos llevamos muy bien y cuando tenemos problemas de convivencia los resolvemos”. En las palabras de la coordinadora, “aquí son muy pocos los problemas y cuando se presentan tienen solución. Por eso tenemos un manual de convivencia que redactamos en conjunto y respetamos al pie de la letra. Su éxito radica en que fueron los mismos niños quienes lo hicieron con nuestro acompañamiento. En éste, por ejemplo, tenemos consignado algo que llamamos faltas leves, graves y gravísimas. Pero la verdad lo que más se presentan son problemas por sobrenombres que los muchachos se ponen y los cuales mediante el diálogo se van suprimiendo”.
Con respecto a lo de las actividades complementarias, Paola Montoya también dijo que “ellos tienen unos horarios. Nosotros hacemos un acompañamiento académico para buscar que todos los internos tengan buen rendimiento en el colegio y no pierdan materias. Si uno de ellos pierde un año, el comité pedagógico que el hogar tiene evalúa las causas y si se determina que lo perdió por problemas familiares se le deja en el hogar. Pero si se le comprueba que fue por relajo o por negligencia, se le tiene que expulsar del hogar por no aprovechar todas las ayudas que durante el año se le brindaron”.
“Otra cosa positiva es que ninguno puede decir que no puede quedarse aquí por falta de dinero. Por eso, para garantizar nuestro sostenimiento, una de las fuentes de ingresos es el cobro de una mensualidad de $45 mil pesos por niño. Pero como sabemos que no todos los padres logran conseguirlos, tenemos un convenio con ellos para que con horas de trabajo en adecuaciones y arreglos varios como trabajos de siembra en nuestra huerta, puedan pagarlos”.
Los hogares del departamento tienen diferentes convenios para garantizar una óptima formación para los niños que atienden. El de Amagá tiene su junta de socios, conformada por el Municipio y 26 instituciones más. “tenemos diferentes tratos. Con la Umata, en la parte ambiental, vienen un día a la semana cada 15 días para capacitar a los niños. Hay otro convenio con la Asociación de Artesanos; el hogar tiene un parador turístico en la Troncal del Café y lo tiene en comodato y ahí hay un local que nosotros les prestamos para que vendan sus productos y ellos, en contraprestación, nos dictan capacitaciones semanales de manualidades. Otro convenio se tiene con el Sena, que capacitó a todos los muchachos en emprendimiento y nos asesoró para tener un proyecto productivo con elaboración de dulces y confitería”, continuó la coordinadora del hogar.
Paula Montoya Herrera finalizó con una gran noticia: “hace poco el Parque Tecnológico de Antioquia, gracias a la creación de un proyecto para fortalecer los hogares en el departamento, nos asignó $45 millones, aportados por la Gobernación de Antioquia, el municipio y nuestro trabajo. Ese dinero será destinado para adecuaciones en nuestras instalaciones y mejorar las mesas del comedor, comprar elementos de cocina, camarotes, dotar la sala de estudio con sillas adecuadas y dos computadores. Y lo mejor es que todos los hogares del departamento fueron beneficiados similarmente”.
Viernes, el mejor día
La semana termina. Llega el viernes, “definitivamente el mejor día de la semana”. Después de retornar del colegio todos almuerzan, empacan y se disponen a marcharse. “¿Y por qué es el mejor día de la semana? Pues muy sencillo, porque regresamos a nuestras casas para pasar tiempo con los papás”, agregó Germán Taborda.
Los que viven en veredas con fácil acceso toman los buses o respectivos ‘chiveros´, como en el caso de Divanessa. Pero otros con mayor dificultad, como en el caso de Germán, su hermana Yolima y tres de sus primitos, tienen que esperar para ver si uno de sus tíos se pudo desocupar rápido del trabajo para poder recogerlos en su carro. Pero no todas las veces puede bajar y en dadas circunstancias les toca emprender camino a pie. “Pero a nosotros no nos choca porque aunque sabemos que el camino es largo, nos vamos conversando, contando chistes, cogiendo frutas de los árboles y a veces tiramos hasta charco en las cañadas, por lo que muchas veces nos gastamos más de las cuatro horas y llegamos mamados por ahí a las siete de la noche”, dijo Germán.
Igualmente agregó que “nunca nos ha pasado nada. El día que más sufrimos es porque llueve y ahí si nos va un poquito mal porque nos emparamamos en el camino, pero eso se me olvida cuando llego a mi casa y nos están esperando con la comida caliente y el abrazo de bienvenida”.
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Apoyo - Fortalecimiento de los hogares |
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“Mejorar la calidad de vida de los niños con difícil acceso a la educación” es, según Nataly Restrepo, coordinadora del Parque Tecnológico de Antioquia, el objetivo el programa denominado Fortalecimiento de la permanencia de niños y jóvenes vulnerables y de difícil acceso a la educación.
Según Nataly Restrepo, “son 2.260 (cifra para 2007) los niños que son atendidos en 70 hogares en todo el departamento. Niños que son de gran interés para nosotros y por los cuales se viene trabajando desde julio del año pasado en cuatro áreas, con la intención de mejorar los hogares en los que son atendidos. Las áreas son: administrativa, pedagógica, productiva y comunitaria”
“La idea es articular instituciones y procesos porque muchas personas y sobre todo empresas ni siquiera conocían la existencia de los hogares ni le brindaban ayudas a los jóvenes que viven en ellos. Por eso el Departamento destinó $1.700 millones para crear este programa y por eso diseñamos proyectos productivos, pero con énfasis pedagógicos para que los niños pudieran aprender a realizarlos con la intención de replicarlos con sus familias y mejoren su calidad de vida”, agregó Nataly Restrepo.
El proyecto también contempla el arreglo locativo de los hogares porque según Restrepo, “aunque hay unos hogares hermosos, como el de Amagá y Jericó, hemos encontrado otros con necesidades grandes en sus edificaciones y la idea es que toda la población infantil que vive en hogares juveniles tenga todas las garantías y facilidades para recibir su educación primaria y secundaria sin problemas. Por eso invito a todas las organizaciones e instituciones, en especial la empresa privada, para que apoyen el proyecto y contribuyan con una excelente causa”.
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