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Medellín es la ciudad a la que más se desplazan las comunidades de esta zona
En la región del Naya preocupa el desarraigo

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El “II informe internacional de Derechos Humanos sobre el Pacífico colombiano: El caso del Naya” refleja una enorme preocupación por desplazamientos y aumento de cultivos ilícitos.

Con el riesgo de un desarraigo viven las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas que habitan en la región del Naya, pues los cultivos ilícitos, que empiezan a aumentar en la zona, se vuelven una amenaza para aquellas familias que no los quieran aceptar.

Esa es una de las principales preocupaciones presentadas en el “II informe internacional de Derechos Humanos sobre el Pacífico colombiano: El caso del Naya” que se entregó ayer en el teatro Camilo Torres de la Universidad de Antioquia, donde además se refleja el actuar de diversos grupos armados que transitan por la zona, los que generan diversas dificultades, muertes, amenazas, zozobra en la gente, asesinatos a los jóvenes, porque según algunos habitantes de la región, “la mayoría de la gente que están vinculando son jóvenes”.

Y la vinculación de los jóvenes se da en muchas ocasiones a las labores de recolección de hoja de coca, plantaciones que han tenido un aumento considerable en esta región.

José Santos Caicedo es uno de los habitantes del Naya, él señaló que la penetración de los cultivos ilícitos ha afectado a las poblaciones de esta región. “Las ha afectado de manera muy negativa porque se están cambiando la prácticas de producción de la gente”, comentó.

Agregó Caicedo Santos que “no es la gente nativa la que mete los cultivos, es gente externa, que no son de la región y están haciendo que la gente cambie, sin embargo muchos se están resistiendo”.

Jóvenes

En el informe presentado por el Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (Iwgia) y el colectivo de trabajo Jenzera, se denunció que más de 855 mil personas entre indígenas, afrocolombianos y campesinos están en riesgo de ser desarraigados, es por eso que a través del mismo documento se pide al Estado un mayor aporte en asistencia social.

En ese sentido, Miller Mejía Chichiliano, un joven de 17 años que pertenece a la etnia Epera –ciapidaar, señaló que “la falta de profesores es uno de los mayores problemas que tenemos los jóvenes”. Y aunque algunos quieren estudiar, son obligados a trabajar en los cultivos ilícitos, sacrificando los cultivos lícitos de sus familias y comunidades.

“También nos preocupa a los jóvenes que vamos olvidando nuestras costumbres. A los que obligan a trabajar dejan a un lado su cultura, la abandonan porque tienen que responder por un trabajo que no quieren hacer”, explicó Ferney Celorio Ángulo, un joven afrocolombiano del Bajo Naya.

Además de estas circunstancias, algunos jóvenes del Naya son reclutados forzosamente pero no para empuñar armas, sino para ejercer labores de “campaneros” o “carritos”.

Si bien están en aumento los cultivos ilícitos en el Naya, la comunidad advirtió que no se adelanta ningún proceso de erradicación en este momento, situación que los preocupa pues no quieren verse enfrentados a un desplazamiento generado por cultivos ilegales.

Masacre de 2001

El informe también resalta la masacre ocurrida en el Naya en abril del 2001. Allí se encuentran las revelaciones de Ever Veloza García, alias “HH”, ex cabecilla de los bloques Calima y Bananero de las Autodefensas Unidas de Colombia, quien señaló que el ejército tuvo participación en este crimen.

Pero más allá, este hecho violento marcó notoriamente las relaciones entre las comunidades de esta región, pues Santos Caicedo señaló que “luego de esto todas las comunidades estrecharon sus relaciones y tienen un vínculo más cercano”.

Según el informe, la Fiscalía habla de 50 cadáveres, la población habla de 100, pero el número de muertos puede ser más alto pues varias personas fueron desaparecidas y otras tantas arrojadas a los peñascos.

El desarraigo, la presencia de grupos armados ilegales y el aumento de los cultivos ilícitos son circunstancias que las comunidades del Naya denuncian y en las que piden atención especial del Estado.

Situaciones adversas

Medellín, Cali, Bogotá, Buenaventura y Quibdó son los centros urbanos a los llegan las comunidades que se desplazan de la región del Naya buscando refugio. Si bien los grupos poblacionales de esta zona creen encontrar una mejor situación en las grandes ciudades del país, se enfrentan a escenarios totalmente adversos, donde los aspectos positivos que esperaban hallar no aparecen, pues, además, del desempleo se deben enfrentar al hambre, la escasa educación para los hijos.




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