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La solidaridad que Colombia merece

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Es una oportunidad que debemos aprovechar para convocar la solidaridad de los principales filántropos e investigadores de los países más desarrollados

Los logros de Colombia en la batalla por disminuir los accidentes causados por minas antipersonal, alcanzados con enorme sufrimiento de militares y civiles, y el creciente apoyo de los compatriotas a ese empeño salvador de vidas, incentivaron a los países miembros de la Convención de Ottawa a convocar la Segunda Conferencia de Revisión del Tratado, a realizarse en el año 2009, en nuestro país. Agradecemos el reconocimiento y lo entendemos como una oportunidad que debemos aprovechar para convocar la solidaridad de los principales filántropos e investigadores de los países más desarrollados con un empeño cuyo éxito significará un decisivo paso adelante en la lucha mundial contra el terrorismo.

Desde el año 2005, Colombia encabeza la lista de países con más accidentes causados por minas antipersonal. Según la Vicepresidencia de la República, en ese año hubo 1.746 episodios causados por los explosivos. En el 2006, la estadística creció hasta 2.093 sucesos, y en el 2007 bajó a 1.873, en disminución que también se aprecia para el año que corre y que representa un logro importante del Ejército en sus esfuerzos por la detección de minas y el desminado de los entornos de las guarnicione militares que habían sido protegidas cuando los artefactos aun estaban permitidos. Sin embargo, el hecho de que todavía se presenten tantos incidentes y que casi el diez por ciento de ellos afecte la vida de niños es un reto a la capacidad para mejorar la eficiencia de la lucha y una condena a las Farc y el Eln que insisten en usar contra los colombianos esa abominable forma de terrorismo.

En el empeño de combatir las minas y ayudar a sus víctimas está comprometido el Gobierno Nacional. Éste ha contado con el apoyo exigente de los colombianos y muy especialmente el constante de Juanes con la Fundación Mi Sangre, que ha logrado ayuda externa para las víctimas. A su empeño se suma ahora el naciente centro de investigación, pues mientras se desarrollaba la reunión en Ginebra se dieron a conocer proyectos de investigación para mejorar los sistemas de detección de minas o para ofrecer mayor seguridad a los soldados que se arriesgan en la difícil tarea del rastreo de campos sembrados de explosivos.

En EL MUNDO hemos insistido en la necesidad de desarrollar una tecnología confiable y económica para la detección de la minas. Después de haber insistido en la idea, nos llama la atención que un grupo de estudiantes de ingeniería de la Universidad Javeriana avance en el desarrollo de un robot que podría detectar las minas por la diferencia del color de sus cables y desactivarlas sin poner en riesgo a las personas que hacen la tarea. También es destacable el esfuerzo del ingeniero e industrial Heriberto Castro para inventar un modelo de botas resistentes a las explosiones. El proyecto de los estudiantes bogotanos que lograron el tercer puesto en la Séptima competencia latinoamericana de Robótica realizada en Salvador de Bahía, Brasil, avanza en la búsqueda de esa tecnología que debería hacer seguro el esfuerzo de lucha contra las minas. Confiamos en que ellos estarían muy contentos de participar con las universidades más desarrolladas en su campo, como el MIT de Boston, en el diseño de un detector que desde el aire pueda detectar los campos minados y destruir los artefactos, así como hemos expresado mucha confianza en las posibilidades de éxito que tendría Juanes en una convocatoria a la solidaridad de los grandes filántropos del mundo y el interés investigativo de universidades como la mencionada, para desarrollar un aparato eficiente con el cual ganar esa trascendental batalla.

Además de garantizar la seguridad de los hombres comprometidos en el empeño, el desarrollo de un artefacto sencillo, liviano y listo para sobrevolar la geografía de Colombia invertirá la relación de esfuerzos personales y costos económicos, que es la que hoy hace que para la guerrilla sea eficiente el uso de esos aberrantes aparatos. En efecto, bastaría con garantizar que es más costoso en recursos económicos, materiales y humanos sembrar una mina que destruirla y se habrá eliminado la ventaja natural del terrorismo.

El gesto de los países firmantes de la Convención de Ottawa al convocar en Colombia la nueva asamblea de revisión al estado de los acuerdos es una buena noticia para nuestro país, pues es la oportunidad para motivar compromisos de investigación, gracias a los cuales se puedan llegar a ofrecer a las naciones martirizadas por ese flagelo herramientas técnicas y económicas para hacer un trabajo necesario, que hoy es sumamente costoso en términos de vidas humanas sacrificadas o lesionadas y en la inversión necesaria para destruir cada una de las minas que se logra desactivar. Que la convención del próximo año sea, pues, la oportunidad de ofrecer solidaridad concreta a Colombia en su lucha contra una de las más aberrantes manifestaciones del terrorismo.


EN POCAS LÍNEAS

¡Llegó diciembre!
Ha comenzado el último mes del año caracterizado por fiestas, regalos, descanso y desenfrenos.

Claro que también hay espacio para aquellos que por razones respetables y comprensibles se marginan de los jolgorios y prefieren celebraciones más racionales enmarcando sus afectos alrededor de la familia. Y es que diciembre no debe ser solo de fiestas, pues son necesarios momentos de reflexión y de unidad familiar.

Se necesita que al margen de la música, la pólvora y el alcohol se piense en el porvenir de la familia, en la ecuanimidad a la hora de celebrar. Ser prudentes no le resta ánimos a la alegría porque en la mayoría de los casos los excesos pueden conducir a situaciones dolorosas para el entorno de la familia.

Debemos medirnos mucho en el consumo de licor, en la quema de la pólvora y evitar esas disputas que por nimiedades suelen presentarse cuando se actúa bajo la influencia de algunas copas de más. Además, se debe tener en cuenta que los adulteradores de licor están agazapados esperando vender su veneno sin el menor respeto por la vida.

Tengamos en cuenta que diciembre es para unir, para convivir en sana paz, para, ya lo decíamos, reflexionar sobre lo que hicimos en año que se va y sobre el que viene. Diciembre es amor, es paz, es convivencia. Para los creyentes un motivo para reforzar su fe en el Niño Dios y no olvidarse de los favores recibidos a lo largo de otros doce meses que se van. Diciembre es alegría.

REAL ACADEMIA

JOLGORIO
Regocijo, fiesta, diversión bulliciosa.

La prudencia es la mejor actitud que pueden asumir los ciudadanos en los festejos de fin de año.

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