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¡Oh gloria inmarcesible!

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Desde el punto de vista de su supervivencia como contraparte de las Fuerzas Militares colombianas, a las Farc se les agotó el espacio.

Colombia entera está feliz con la liberación de la excandidata presidencial Ingrid Betancourt; los estadounidenses Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves; los tenientes del Ejército Juan Carlos Bermeo y Raimundo Malagón; los sargentos segundos de la misma arma Erasmo Romero y José Ricardo Marulanda; los cabos primeros del Ejército William Pérez, José Miguel Arteaga y Armando Flórez; el teniente de la Policía Vaney Rodríguez; el cabo primero de la Policía Julio Buitrago; el sargento segundo John Jairo Durán y el subintendente de la Policía Armando Castellanos Gaona. A todos ellos, ¡un abrazo de bienvenida a la vida en libertad! Y gracias a todos, sin excepción, por el coraje demostrado a lo largo de tantos años de injusto y cruel cautiverio, por la lección de dignidad que siempre nos dieron en las escasas pruebas de supervivencia que les permitieron sus torturadores, por los mensajes de esperanza que enviaron a quienes quedan en los campos de concentración de las Farc y, en fin, por la confianza que siempre tuvieron en su patria, sus instituciones y sus gentes, que nunca los abandonaron a su suerte, como lo reconocieron todos y, especialmente Ingrid, en su emocionado testimonio del día de ayer.

Sea lo primero destacar la limpieza, la contundencia y la eficacia del operativo militar, que nos permite a los colombianos sentirnos orgullosos de nuestras Fuerzas Armadas, porque se logró burlar al enemigo y liberar a quince personas sin disparar un solo tiro, caso sin antecedentes en la historia de los rescates de rehenes, entre los cuales se han tenido como paradigmas en el mundo la famosa operación Entebbe, mediante la cual comandos del Ejército israelí liberaron a fines de junio de 1976 a 38 compatriotas y a la tripulación de un avión de Air France, secuestrado por terroristas árabes y llevado a la capital de Uganda para exigir la liberación de 40 compañeros presos en Israel; y más recientemente, en abril de 1997, la Operación Chavín de Huántar, ordenada por el presidente Fujimori para rescatar rehenes de manos de los terroristas que se habían tomado varios meses atrás la residencia del embajador de Japón en Lima, considerada una de las más exitosas y bien planeadas acciones de rescate militar, pero al parecer no tan absolutamente limpia, según denuncias posteriores sobre la supuesta ejecución de los secuestradores. En cambio, el de este 2 de julio en Colombia pasará a la historia por su carácter absolutamente incruento y, especialmente, como explicó el ministro de Defensa, porque se respetó la vida y la libertad de cerca de 50 guerrilleros que hacían parte de la custodia de los secuestrados en un campamento completamente rodeado por unidades del Ejército. Ojalá los señores del Secretariado capten el mensaje que les han querido enviar con ese gesto el Gobierno y el Ejército de Colombia – como les dijo el señor Presidente en su alocución de anoche – “la única factura que queremos pasar es la invitación a las Farc para que acepten la mano tendida del gobierno y hagan la paz, empezando por liberar a las personas que aun tienen en su poder”.

Nosotros nos sentimos especialmente satisfechos porque somos de los pocos periodistas que de tiempo atrás venimos registrando el acelerado deterioro de las Farc, en contraste con la nube de columnistas que hasta hace poco le apostaban a la tesis de que la guerra en Colombia no la ganaría nadie, que el Ejército no conseguiría doblegar militarmente a la narcoguerrilla ni ésta alcanzaría nunca el pretendido poder político. Jamás creímos en ese engaño ni nos prestamos para sembrar esa idea derrotista entre los colombianos, pero, francamente, lo que ha sucedido en los últimos cuatro meses, con las muertes de ‘Raúl Reyes’, ‘Manuel Marulanda’, ‘Iván Ríos’, ‘Martín Caballero’, y tantos mandos medios eliminados o presos, para no hablar de los miles de guerrilleros desmovilizados, y con este brillante operativo de rescate, el derrumbamiento de las Farc va más allá de lo que nosotros mismos podíamos suponer.

Desde el punto de vista de su supervivencia como contraparte de las Fuerzas Militares colombianas, a las Farc se les agotó el espacio y lo que se ve venir en el inmediato futuro es una desbandada de lo que queda de su línea intermedia de mando, que dejaría mucho más aislados de lo que están ahora a los del Secretariado, obligándolos a una rendición, si es que antes el Ejército no nos da nuevas y gratas sorpresas como la que estamos celebrando, en términos de liberación de secuestrados, copamiento de campamentos y capturas o bajas importantes.

Pero desde el punto de vista político y militar, este operativo responde perfectamente al nombre que con tanta propiedad le dio el Ejército de “Operación Jaque”, porque, efectivamente, la narcoguerrilla ha perdido su activo más importante, representado en la doctora Ingrid y en los tres norteamericanos, que, como hemos dicho en anteriores oportunidades, constituían no sólo el escudo de seguridad de buena parte de sus directivas, gracias a la fuerte presión de familiares y de distintas esferas de la sociedad que maniataba al Ejército para adelantar un eventual rescate militar, sino que le servían de plataforma para mantener presencia en el escenario internacional.

En el corto espacio de cuatro meses, las Fuerzas Armadas colombianas han ejecutado dos operaciones que sin duda quedarán en los anales de las grandes hazañas militares; cada una en su género, una obra maestra. Aquí sí que podemos decir que honramos la memoria de Bolívar. ¡Oh gloria inmarcesible!


EN POCAS LÍNEAS

Confusión innecesaria
¿Hubo algo de improvisación en el asunto del Pico y Placa? ¿Para qué se cita a una rueda de prensa el pasado fin de semana para anunciar unos cambios y luego se plantean otros? Nos parece que faltó planeación en un tema que se ha manejado en forma simplista, sin estudios, sin estadísticas, sin análisis. No hay cosa más fácil que sacar los carros de circulación, sin tener en cuenta, por ejemplo, los sitios neurálgicos de la ciudad, donde siempre hay tacos, con o sin Pico y Placa.

Se mueve el circo

Casi a punto de terminar el primer torneo del año fútbol profesional colombiano, el negocio de jugadores se está moviendo de lo bueno. Los equipos saben que si el circo no se renueva el público no asiste a las graderías. Y aunque la afición sabe aceptar finalmente los contrastes y las derrotas, también sabe reconocer los esfuerzos de la dirigencia por conformar buenas nóminas.

Los equipos locales comenzaron a prepararse. Medellín renovó su cuerpo técnico luego de la renuncia de Juan José Peláez y Nacional contrató varios jugadores de postín, como Giovanni Moreno, mientras el Envigado busca refuerzos para repetir la buena actuación del primer semestre. Los demás equipos andan en el mismo camino, lo cual levanta expectativas de que el segundo torneo de este año puede ser mucho más atractivo que el que finalizó.

REAL ACADEMIA

Imprevisión.
Sin planeación, de sorpresa, sin análisis. Por lo que ha pecado la Administración Municipal en el Pico y Placa.

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