Turismo

Gaudi’s Barcelona
La Barcelona de Gaudí
Autor: Carmen Vásquez
14 de Febrero de 2016


Cada pedazo de tierra de España te encierra un misterio de lejanas historias, siglos de coronas, guerras, amores, posesiones, aventuras, riquezas. El año de 1492 marcó la América para siempre, aquí llegaron y hacen parte de nuestra historia.



La Rambla, famoso pasaje que comienza en la Plaza Cataluña y termina en el Mirador de Colón.

Fotos: Carmen Vásquez

“Yo soy geómetra que significa sintético”


“En la ejecución de superficies la geometría no complica la construcción, sino que la simplifica”


“La gloria es la luz, la luz da gozo y el gozo es la alegría del espíritu”


Es hermosa, es femenina, es fuerte, acogedora, culta, bendecida por el mar Mediterráneo, de terreno plano, lo tiene todo. En nueve horas y un poco más se recorre el trayecto de Bogotá a Barcelona en vuelo de Avianca. En este tiempo de enero-febrero, sus árboles están desnudos, chamizos largos en descolorido marrón, pero que en la interminable fila de preciso orden, se asoman como plumillas que el viento quiere saludar. Son el adorno especial sin importar el frío que cala con vientecillo feroz a eso de las seis de la tarde, en la espaciosa y muy famosa calle de Las Ramblas. Este es el espacio por excelencia de ir y venir, hombres y mujeres de rostros cosmopolitas, hay mucha juventud por la importancia de sus universidades que los acoge. Hay bonitas casetas en donde los suvenires son el atractivo gancho para el turista. Tiendas de famosas marcas, restaurantes, librerías, chocolaterías y pastelerías. 


El orden y la disciplina que se ve en las avenidas y cruces de calles habla de una cultura de respeto. Sólo se cruza por donde el semáforo señala el verde y las líneas lo permiten. No hay carros con vidrios polarizados, se respira un aire de seguridad, de ciudad acompañada por la autoridad. Sus directivos de ferias y turismo la presentan así: “Somos una ciudad muy segura”. Es impecablemente limpia, los carros de aseo trabajan todas las noches dejando sus avenidas y callecitas sin papel en el suelo. No hay vallas, no hay publicidad que la opaque. Hay tiendas de lujo, muchos almacenes atendidos por los rostros morenos de los indios que desde hace unos diez años llegaron y allí montaron comercio. A cada diez pasos usted encuentra donde comer. 


 Fachada de La Pedrera, construcción que Gaudí inicia en 1905. 

Fotos: Carmen Vásquez


Barcelona es una ciudad de tradiciones. El sonar de las campanas de las torres de sus iglesias que son muchas, famosas e inmensamente grandes, dan a vuelo el sonar de sus campanas cada cuarto de hora. En las iglesias se prohíbe entrar en short, falda muy corta o camisetas sisas.  En el bar que frecuentaba Picasso en el Raval, “El Marsella”, han quedado todas las botellas tal cual como las dejó él el último día en que entró. 


La actividad comercial se ve desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche. Es ciudad nocturna en su gastronomía, una gastronomía de costumbres y cocinas de hogar. Teniendo el mar a sólo unos pasos, al terminar La Rambla, es lógico que las riquezas de sus mares lleguen a la mesa en exquisita frescura, que tan sólo a la sartén puestas con unas cuantas hierbas, sal marina y granos de especias el resultado no puede ser más que un bocado del cielo. En todo Barcelona, a cada diez pasos hay un lugar para comer. Y aquí se come así: el pan untado de tomate con mucho aceite de oliva. El aceite de oliva es agua bendita para todo. Anchoas con pimiento, mejillones en escabeche, las patatas bravas que sí son bravas de verdad por su picante; el jamón de Bellota, el chorizo ibérico que hace parte de toda una gama de embutidos conservados en el tiempo; el tartar de atún, los buñuelos de bacalao. Pero es que el bacalao se los recomiendo en su variedad de recetas. Calamares y pulpos, otra de sus riquezas culinarias. Butifarras, morcillas y albóndigas, para cada día una diferente. ¿Y la paella? Sí claro, la paella, es el plato que se dan el lujo de presentar como es... una paella.


Unas horas caminándola y se pueden enamorar de ella eternamente. Las callecitas estrechas, piedras sobre piedras, muros de miles de años del barrio Gótico o del Borne, puertas y arcos y en ellas la tradicional taberna en donde los Riojas dan la bienvenida, el vermouth, el vino de la casa, el vino de tradicionales bodegas, pueden servirse desde las nueve de la mañana cuando entran los primeros amigos. Aquí Barcelona el “Vermouth” está de moda y se lo puede encontrar en la tradicional botella italiana o en la botella preparación de la casa, de todas maneras es una delicia de vino, que en unos lugares sirven con una aceituna que va en largo palillo y con mucho hielo. Esto abre cualquier apetito.


Basílica de La Sagrada Familia, fachada de la pasión y Gaudí a mano izquierda.

Fotos: Carmen Vásquez


Pero hay un aire que envuelve la ciudad de lejano recuerdo que se hace presente. Es Gaudí, ese hombre misterioso, que dejó huella de colorines a cuadritos, sinuosas figuras arqueadas, guerreros vigilantes, jardín de flores y esa lagartija que se mueve con el lomo saturado de baldosines de colores. Gaudí es un estilo original en donde él se recrea con la naturaleza que tanto admira y de la que él extrae estructuras tan innovadoras como el arco catenario. Todo en él es un aporte simbólico. Es ecléctico, tiene unas combinaciones sorprendentes, nada fáciles de analizar en esos tiempos de mil ochocientos. Gaudí está en todas partes. En la obra magistral de La Pedrera, ese inmenso predio de apartamentos que le encargara don Pere Milá, en una de las principales avenidas de la ciudad, Pasaje de Gracia. Construcción tan avanzada en la mente de Gaudí, dio para muchas diferencias entre él y el señor Milá. Todo ha quedado intacto. Gaudí está allí. Igual en el Park Güell. 


Pero su gran obra, como la sinfonía inconclusa, es la Basílica de la Sagrada Familia que dejó empezada. Extraña y misteriosa en sus diseños que narran la vida de Jesús por sus cuatro evangelistas: nacimiento, pasión y gloria.


Es imponente, avasalladora, es el sueño de una mente que en la arquitectura traspasó el tiempo, 43 años de su vida dedicados a esta obra en donde la majestuosidad de las figuras y sus rostros hablan sólo de Jesús. Todo lo dejó pensado, dibujado, trazado en planos y maquetas. Todo, centímetro a centímetro tiene un significado. Hasta la luz que penetra, es la luz que proyectan las fases de la luna. Él quería ser el último arquitecto de catedrales.


Donde él mismo se quiso quedar para siempre, en el mismo hormigón color arena, petrificado y haciendo parte de la pasión. Allí esta él en una escena de la pasión de Jesús. El silencioso y religioso hombre contra el tiempo, el viento del otoño y el sol del verano, allí está su figura. Es el Gaudí que vigila a Barcelona día y noche.


Gaudí murió trágicamente en el año 1926 y el proyecto de todo lo que falta en la Basílica está programado para terminarlo en el año 2026 en su centenario. Y allí estará presente Gaudí, el arquitecto de Dios.