Testimonio de un antioqueño que se recorre el departamento de rumba en rumba
Augusto le arma la fiesta
8 de Junio de 2008


Este hombre curtido por el sol dice que no hay algo más fácil que armar una celebración donde todos gocen. Tal vez el secreto está en sumar los siguientes elementos: diversión, cero protocolo e ingreso libre sin límite de público.


El propio Augusto dice que no le interesa trabajar en serio, mucho menos el dinero. Es fácil verlo recorriendo las calles del Centro de Medellín.

Angélica Puello Rodelo
Especial para EL MUNDO

Mi nombre es Augusto Díez Escobar. Mi profesión es hacedor de fiestas. Para mí la vida es como un estado donde cada uno trata de elegir su destino y realizar sus sueños. A mí no me gusta trabajar, no me gusta ahorrar, no me gusta nada, yo no quiero sino vivir en una fiesta, no más que en una fiesta. Viéndola sentado, inclusive si son fiestas jugando ajedrez, viendo comparsas, viendo teatro… ¡Ser feliz! así estoy aliviado, no me da hambre, ni me da sed, ni me da nada.

Como dijo Gonzalo Arango alguna vez, nací en una folclórica sacristía antioqueña, hace 60 añitos, larguitos: en Fredonia. En ese entonces en Antioquia era más fuerte el tradicionalismo y transcurrí mi vida en una sociedad muy puritana con unos valores muy religiosos y muy equivocados, socialmente más. Con decirle que una vez en el colegio, el Liceo Efe Gómez de Fredonia, cogieron el libro de Vargas Vila, “Aura o las violetas” y eso fue un escándalo de curia y todo.

Imagínese el escándalo que se armó porque a un muchacho le cogieron el libro y entonces nos llevaron a la rectoría, a la parroquia… eso era jurando sobre la Biblia y todo, un escándalo pero el más verraco, nos sindicaban a todos, sobre todo como a cuatro o cinco, a mí era uno, pero yo no tenía que ver en eso. Total, nadie supo quien fue. Y saber que más tarde ese libro por el que hubo todo ese escándalo, fue televisado. Le hicieron una telenovela unos 35, 45 años después.

Con decirle además que las idas a misa eran con uniforme cada ocho días, a las siete de la mañana, había que estar desde las seis y media y hacer una fila. Eso en el campo religioso.

En el campo literario, yo por ejemplo tenía serios problemas por ser medio conocido de Gonzalo Arango, porque él era muy amigo de un amigo mío que se llamaba Amilkar Osorio, un poeta nadaísta de Jericó. Con él hicimos una vez un recital poético, fuimos una noche con él a Combia y el hombre nos narró poesías, historias y cuentos y a la semana siguiente me expulsaron del colegio. Entre otras cosas, yo perdí por ahí tres terceros de bachillerato y todavía debo álgebra.

Referente a mi familia, mi papá, Luis Eduardo Díez, fue un carpintero de oficio y de profesión ebanista, pero hacía unos trabajos bellísimos. Hizo los confesionarios de Fredonia y con don Daniel Rendón hizo las bancas de la iglesia de Fredonia.

Tengo cuatro hermanas, ya se murió una, era una comerciante la verraca; después sigue otra que se mantiene en la casa y no sale; uno que es profesor y otro que es un trotamundos. Y la relación entre los cuatro es fría y distante muy lastimosamente. Pero así es, ni yo con ellos, ni ellos conmigo, ni ellos entre ellos, es raro.

Mi hija Chelo Nathaly… Ay, mi Chelito es un personaje, ¡No, que personaje tan elegante! Ella es muy alegre, fresca y muy folclórica, eso es un encanto. Y siempre está predispuesta a la fiesta, eso es como que la herencia, esa sí que disfruta.

En mi época, que yo haya sabido, a Fredonia no fue ningún grupo de teatro hasta 1967. Fue el Teatro Popular de Bogotá en una correría que llevó la Federación Nacional de Cafeteros. Entonces estuve en Fredonia con la obra de “El tartufo” de Moliere y ese día almorcé con Jorge Alí Triana, en la casa de un médico muy prestante del pueblo. Y yo no sé… ese día me empezó como ese ánimo por el teatro.

Ese fue el comienzo

Y empecé las fiestas mías en forma por ahí en los setentas cuando llevé el grupo de teatro del colegio San Ignacio con la obra “Del hombre de barro al hombre actual”. Y entonces, me acuerdo que eso fue una solidaridad tan verraca, eran por ahí treinta y pico de actores y Luis Enrique Arenas, un tipo que fue alcalde de Fredonia, cuando las elecciones no eran populares, ayudó a conseguir un bus, las comidas y la estadía de la gente.

Eso fue un trueque, entonces ese teatro se llenó y de ahí empecé a llevar todas las obras muy continuamente, me acuerdo de haber llevado “La muralla” e infinidad de grupos de teatro y de música.

Con esa primera obra que hicimos en Fredonia fue que empecé a hacer cosas. En esa época había mucho teatro panfletario o teatro político, porque en ese momento había mucha influencia de la revolución cubana, las luchas de liberación, entonces todo el mundo hacía teatro para denunciar todo tipo de cosas: la masacre de Santa Bárbara, por ejemplo. Entonces: Mataron a un estudiante en Barrientos y montaban una obra sobre eso.

Años después, un día por la tarde me encontraba en Fredonia y cayó un aguacero el verraco y no podíamos movernos. Llegó el párroco, nos sentamos a conversar y quedamos de hacer un concierto en la iglesia, de música variada, popular e inclusive “Zorba, el griego”, una música muy bonita. Y bueno conseguimos todo, eran 20 canciones y el guitarrista que tocó… yo le aseguro que ese tipo tocaba mejor que Paco de Lucía, ¡hombre, si eso estuviera grabado! Pero vea, eso fue lo más especial del mundo. No había recursos y conseguimos 20 personas, que nos dieran de a $20.000 por cada canción y con eso hicimos todo y fue maravilloso. Tanto que de ahí pensamos en un segundo concierto y para el segundo llevamos a Clave de sol, una agrupación que tiene una guitarra, un acordeón y un pusuki.

Ese mismo día fue tan fructífero que en un momento cuando yo estaba hablando con el cura, había dos muchachos esperándome para proponernos que iniciáramos una carretera que iba a inaugurar Álvaro Uribe, siendo gobernador de Antioquia, la carretera Fredonia-Puente Iglesias. La cuestión era organizar un paseo en carros de rodillos desde El Calvario a Puente Iglesias, un recorrido de 16 kilómetros con el paisaje más lindo, todo en bajada. La idea era que íbamos a inaugurar la carretera y que íbamos a llevar 12 carros, para matar un marrano abajo, íbamos a llevar una chirimía para hacer un sancocho, pero el plato fuerte era el paseo en carros de rodillos. Y cómo le parece que un amigo nos dio el marrano, nos dieron todo el revuelto del mundo, eso sobraba, y calculamos que iban a ir 50 ó 60 personas. Vea, fueron 104 carros, y más o menos, allá llegaron mas de mil personas, a pie, en bicicleta, en moto, en carro, a caballo, ¡no! en lo que fuera. Eso fue el primer puente de julio de 1997 y en ese paseo en carros de rodillos, llevamos al campeón mundial de parapente, Andy Hediger.

Para que vea lo que es hablar con la gente. Yo me puse a hablar con un muchacho de aquí de Medellín que es parapentista y tenía una finca en Fredonia y yo le dije que por qué no nos ayudaba a llevar unos parapentistas ese día y me dijo espérese a ver que esta semana le tengo una noticia buena. Cuando lo llamé me dijo vea ¿Sabe qué le tengo? Le tengo al campeón mundial, Andy Hediger, que está haciendo unos talleres en Colombia y vamos a hacer uno allá. Vea, ese cielo se surcó... Unos parapentistas de una calidad.

Las fiestas nacen en el momento de bonanza, por ejemplo, cuando un pueblo produce harto café, entonces hace la fiesta del café y lo mismo pasa con el algodón, con el arroz, la papa, el cacao, el maíz, la piña, la papaya, o acaso ¿Usted ha oído mencionar la fiesta de la gripa? ¿La fiesta de la conjuntivitis? ¿De la diarrea? ¿Del infarto? ¡No! Mire, yo quisiera tener algún día una situación así como medio solvente para dar una lora bien horrible. ¿Sabe qué? Me lanzaría al Senado, como el candidato de la fiesta, yo sé que no llegaría, pero bueno lo haría para estar poniendo carpas, ir de pueblo en pueblo y hablando de la fiesta. Pero es que aquí a uno le cortan mucho las alas y ¡hacer una fiesta es tan fácil!

Vea, póngase usted a hacer una fiesta por ejemplo, como una que hicimos nosotros: La fiesta del arroz con leche. Nos dieron unas 200 bolsas, hicimos un trueque con la gente, que nosotros les dábamos la leche y otro señor nos daba la leña, y entonces que la gente pusiera la olla y la panela. ¡Oiga hicimos un arroz con leche! Incluso la leche que nos dieron fue insuficiente, la gente tuvo que comprar más.

Por eso es que las cosas no se dan, porque las personas no tenemos acceso a la recreación, a los eventos culturales. Aquí si hay más posibilidad de ir a ver a Darío Gómez y un evento de ese cantante vale $30 millones. Y estas fiestas son tan fáciles de hacer porque es con la participación de la gente, esas son las fiestas con la que yo sueño y aspiro y sé que algún día habrá fiestas de la imaginación.

¡A estudiar!

Bueno y la idea es que yo he trabajado toda mi vida en aras de montar una Universidad Lúdica, una universidad monárquica, esa es la herencia que le voy a dejar a Chelo. Entonces la cuestión es que la universidad tiene dos facultades. La Facultad de Malabares en que tenemos: pelotas, swing, diábolos, golos, cadenetas, clavas, monociclos y telas; y la Facultad del Encanto donde tenemos trompos, gorros, máscaras, títeres, maquillaje artístico, origami, fuchi, plastilina, zancos, ajedrez y cometas.

¿Usted sabe cuáles son los requisitos para la Universidad Lúdica? Primero: ser o no colombiano de nacimiento; segundo, ser mayor o menor de edad y tercero hablar menos de 37 idiomas. En el horario de estudio, la entrada es cuando quiera y la salida es cuando le provoque. El título y el cargo es: Hacedores de fiestas y generadores de alegría.

La idea es que esto va a ser una universidad en todo el mundo, para esto tengo profesores, no solamente de Colombia sino de Argentina, Chile, Uruguay, y no pienso sacar ni personerías jurídicas ni nada, y no hacer un proyecto sino un sueño.