Numismatica & Filatelia
17 de octubre de 1829
Autor: Bernardo González White
15 de Octubre de 2007


Se cumplen 178 años de la muerte del General de División José María Córdova: el Héroe, el Libertador de Antioquia, y son mínimas las recordaciones de parte de las autoridades locales y nacionales.

Nuestra filatelia le rindió más homenajes a Córdova finales del siglo XIX que en todo el siglo XX; en la numismática solo una moneda, de media onza oro, conmemorativa del sesquicentenario de la muerte del Libertador presenta la efigie del General; en las monedas de diez pesos acuñadas entre los años de 1981 y 1989 observamos la escultura monumental, obra del maestro Arenas Betancourt, “El Córdova Ecuestre”, ubicada en la Plaza principal del Municipio de Rionegro.

En los billetes anteriores a la fundación del Banco de la República solamente figuró en el de un peso fechado abril de 1904. En las emisiones posteriores hace presencia solo en la denominación de cinco pesos emitidos entre los años de 1923 y 1981.

De la “Revista Municipal” de octubre de 1943, Edición No. 3, Órgano del Concejo de Medellín, transcribo el siguiente texto: “Dice el ilustre profesor en medicina, doctor Mauro Giraldo, al narrar la muerte de Córdova y analizar las huellas que del crimen quedaron en el cráneo de éste, lo que sigue:”

“En lucha desigual empeñada en el Santuario el 17 de octubre de 1829, Córdova cayó mortalmente herido por los mismos que le ayudaron a darnos esta patria amada. La lucha fue temeraria, era imposible vencer, pero no era imposible morir, como él mismo se lo anunció al Coronel Montoya; así que se vió solo, herido y desangrado, se refugió en la casa que es hoy el Colegio de señoritas y Taller de artes manuales del Santuario; penetró en la pieza que es hoy salón del Concejo Municipal, y allí recostado sobre una caja grande de madera cuya tapa ensangrentada aún guarda el Museo de Zea de Medellín, lo encontró Ruperto Hand, exangüe, sin energías, sin poder oponer a su atrevimiento ni el gesto aterrador de su altivez ni la mirada de su genio airado. Cuando ya le era imposible el menor movimiento para incorporarse en período preagónico, y exánime, el mercenario irlandés le asestó dos formidables machetazos que rompieron el cráneo, pusieron fin a esa vida que no había llegado aún a la plenitud de su vigor, y apagaron la luz de ese cerebro en los momentos en que Córdova lo cultivaba con especial esmero, persuadido como estaba de que su posición altísima, sus servicios eficaces a la causa de la independencia y las condiciones excelsas de su carácter altivo y dominador, lo llamaban a ocupar puestos altos en el país y él quería que lo encontraran preparado para todo evento y a la altura de sus perspectivas.

Yo he tenido en mis manos el cráneo apolíneo del gallardo Córdova. En él ví y estudié la posición de las heridas que le causara Hand. Puedo asegurar que ellas fueron, recibidas descansando la cabeza sobre un plano resistente, porque así lo indica su oblicuidad de abajo hacia arriba; el bisel tallado en las paredes del cráneo, a expensas de la tabla interna en el labio superior y a expensas de la tabla externa en el labio inferior de las heridas. Esa disposición de ambas, separadas la una de la otra por tres centímetros próximamente (sic), me permiten asegurar, sin la menor vacilación, que Hand ultimó a Córdova asestándole golpe mortal cuando en su moribundez no podía oponer la menor resistencia. Yo examiné los detalles de esa hermosa cabeza; admiré el levante circasiano de su frente; contemplé la gran abertura de su ángulo facial; medí la capacidad craneana; tomé las dimensiones de sus principales diámetros, y pude comprender y apreciar cómo en esa perfección de formas estaba encerrado un poderoso cerebro que, con la esmerada cultura intelectual que estaba recibiendo, hubiera prestado a la Nación los mejores servicios en su organización y en el impulso inicial de sus destinos.”

¡Cuánta falta está haciendo en Colombia la enseñanza de nuestra historia en las escuelas, colegios y universidades!