Columnistas

Nicanor Restrepo en peque馻s an閏dotas
Autor: Ram髇 Elejalde Arbelaez
22 de Marzo de 2015


Muy lamentada y sentida por los antioque駉s y los colombianos la muerte del doctor Nicanor Restrepo Santa Mar韆, un empresario con una especial actitud frente a la vida, frente a la paz y la reconciliaci髇 entre los colombianos.

Fue artífice de la vida nacional desde encumbradas posiciones de gobierno y empresariales, de cuna privilegiada, pero con una sensibilidad social absolutamente encomiable. Fue un defensor convencido de los diálogos de paz. De hecho, participó en varios procesos en gobiernos anteriores y fue consejero del presidente Juan Manuel Santos durante las actuales conversaciones de paz. Nicanor Restrepo fue un gran antioqueño y un inigualable ser humano.


Lo conocí cuando fue gobernador de Antioquia (del 21 de enero de 1983 al 26 de abril de 1984)  y yo oficiaba como alcalde de Frontino y de cerca pude apreciar sus grandes cualidades y su respeto por los congéneres. Visitó a mi pueblo durante su mandato por cerca de catorce ocasiones, motivado exclusivamente por su amistad con Gabriela White de Vélez y sus hijos y por los vínculos de esta querida familia con Martha Elena Bravo de Hermelin, otra gran amiga del doctor Nicanor Restrepo que durante su administración fue la directora cultural del Departamento. Recuerdo dos anécdotas que retratan de cuerpo entero la dimensión humana del doctor Nicanor: Un día, durante su mandato gubernamental, me encontraba en la puerta de la Alcaldía esperando a don Enrique Gaviria Hurtado, a la sazón presidente del Concejo para una diligencia oficial, quien al llegar me sorprendió con una pregunta: “Alcalde, ¿sabe usted si el gobernador se encuentra aquí en Frontino? Es que acabo de ver a una persona igualitica a él montando una llanta a un campero Toyota de color blanco”. Mi única y sincera respuesta fue: “Don Enrique. No creo. Como alcalde sería el primero en saber si el gobernador está en este pueblo”. Estando en la discusión pasó frente a nosotros un carro particular, igual al descrito por el presidente del Concejo y desde el mismo fuimos saludados por el gobernador Nicanor Restrepo con un agitar de manos. Iba al frente de su propio carro y no llevaba escoltas ni parafernalia alguna a su lado. 


La otra anécdota también sucedió en mi pueblo. En una de sus frecuentes visitas, decidió regresar sumamente tarde a la ciudad de Medellín. El día era lluvioso y el mal tiempo era la característica del momento. Al salir me dijo premonitoriamente: “Ramón, le ruego hablar con Gabriela (White) para buscar dormida en caso de que no podamos pasar en el helicóptero por el llamado boquerón de Toyo”. Así lo hice y así sucedió. Minutos después, el gobernador con cuatro o cinco de sus secretarios regresaba a Frontino para pernoctar y emprender el viaje al día siguiente. El viaje a la finca “La Nivel”, propiedad de los Vélez White, lo tuvo que hacer el gobernador en un campero Toyota, modelo antiguo, en medio de las quejas de uno de sus secretarios por lo incómodo que se encontraba en la parte trasera del vehículo. El gobernador hizo parar el viejo campero y le dice a su secretario que cambien posiciones, es decir, que el secretario ocupe el asiento delantero y el gobernador en la parte posterior. Bonita lección. Ese era Nicanor Restrepo, el gran antioqueño que perdimos hace diez días. Paz en su tumba.