Cultural

Indifference, a social crisis
La indiferencia, una crisis social
24 de Febrero de 2012


El español ofrecerá hoy las conferencias “Combatir la indiferencia. Defender la cultura” y “Cultura local, cultura global. La experiencia del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona”.

Foto: Cortesía 

La conferencia "Combatir la indiferencia. Defender la cultura" será realizada a las ocho de la mañana en el Parque Biblioteca de Belén, mientras que "Cultura local, cultura global. La experiencia del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona" tendrá lugar a las cuatro de la tarde en el Centro Cultural de la Facultad de Artes de la U. de A.

Redacción Cultura  


“Indiferencia, indignación y democracia”, con estas tres palabras el español Josep Ramoneda sintetiza la actual crisis europea. Y esas tres palabras fueron el título de la conferencia que ofreció el pasado miércoles en la Universidad  Eafit.


El escritor, filósofo y periodista, señaló que la crisis europea no es solo una crisis económica sino cultural y moral. En su pensamiento destaca el valor de la razón crítica como una necesidad social.
Ramoneda habla sobre esos tres conceptos.


-¿Por qué señala la indiferencia como uno de los males de la sociedad?


“Yo precisaría que de la sociedad europea, que es la que yo conozco, y porque creo que una de las cosas llamativas en este momento es el contraste entre la sociedad europea y otras sociedades.


Estuve no hace mucho en Túnez en un coloquio y era sorprendente el entusiasmo, la ilusión y las ganas de cambio con las que hablaban las personas provenientes del mundo árabe, y cómo eso contrasta  con el gusto de darle vueltas a la decadencia de los europeos.


Creo que ha habido un proceso largo de construcción de una nueva hegemonía en el mundo, del que se podrían dar muchos puntos de partida, pero que se sitúa en los años 80 con los liderazgos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y en este proceso se ha dado un cambio ideológico que ha hecho sociedades cada vez más atomizadas en las que es muy difícil construir tejido comunitario y social, y en el que es más difícil defender los derechos”.


-En ese sentido, ¿cree usted que las democracias funcionan tal y como están hoy?


“No. Las democracias europeas están afectadas en este momento por muchos males.
Uno de los males, y es un problema que afecta a todas las instituciones políticas del mundo, es la fractura que hay entre un poder económico globalizado y un poder político que es nacional y local, y esto genera problemas de gobernanza, es un desajuste.


La segunda cuestión es que en Europa ha ido cundiendo la idea de que no hay alternativa, y esta idea es siempre negativa para la democracia. Es difícil que la democracia funcione si se parte del principio de que solo hay una política posible.


El tercer asunto es que el sistema de clases ha cambiado muchísimo, la democracia funcionaba muy bien como sistema de sublimación del conflicto en una sociedad polarizada entre burguesía y proletariado. Ya es imposible simplificar en grandes grupos porque los sistemas de intereses se han hecho complejos, y unos compiten con los del lado, pero no son conscientes de que también compiten con los del frente, y no es fácil encontrar una forma representativa eficiente.


Los partidos políticos no están cumpliendo las dos principales funciones para las que existen, una es para representar a la ciudadanía y otra es para seleccionar cuadros políticos competentes.


Europa, en los años recientes, ha ido hacia una legalización de los privilegios de los que tienen más y hay una tendencia de la despolitización de la mayoría. Esto es muy antidemocrático”.


-Ya que señala la disparidad entre lo político y lo económico, y ante la grave crisis económica de Estados Unidos y Europa, ¿piensa usted que el capitalismo se agotó como modelo económico?, con las implicaciones sociales que eso tiene.


“El capitalismo es una cosa muy diversificada y con una capacidad enorme de adaptación. A mí el debate entre capitalismo y anticapitalismo me parece estéril.


A mi entender el debate está en cómo, desde la política y el interés general, se puede poner límite a los abusos del poder económico que intenta cada vez más intervenir en la democracia desde afuera, sin tener ninguna legitimidad democrática para hacerlo.


El último episodio de esto lo hemos tenido en Grecia y en Italia donde gobiernos elegidos democráticamente han sido remplazados por orden de Alemania sin pasar por la legitimidad popular. Y ahora Alemania no quiere que Grecia tenga elecciones hasta no sé cuándo”.


-Con las revoluciones sociales que se vieron el año pasado, como la Primavera Árabe, los Indignados o el Ocuppy Wall Street, es evidente que hay una indignación, pero ¿está preparada la sociedad para, ya no solo mostrar su indignación, sino construir propuestas?


“Para mí tienen muy poco que ver las protestas árabes con los movimientos de Barcelona o Madrid. En un caso se está peleando por derechos no adquiridos, en el otro se está peleando por derechos que ya se tienen.


En un caso hay un proyecto político que es tumbar un régimen e instaurar proyectos democráticos. En los Indignados no hay un proyecto político, es una indignación pero no hay una capacidad de traducir eso en forma de proyecto político.


Está muy bien la indignación moral, es un paso necesario. Pero la indignación moral no garantiza nada, aunque muchas veces ha hecho posible que después cambiaran las cosas”.




¿Para qué sirven las humanidades?


Josep Ramoneda ofreció ayer la conferencia "¿Para qué sirven las humanidades"?, que sirvió como presentación del doctorado en humanidades de la Universidad Eafit. Bien, el escritor responde ¿para qué sirven?


 


"Son un factor esencial para el bienestar de las sociedades.


La cultura es un factor que contribuye a tener una buena vida, como contribuye a vivir bien tener una vivienda digna o condiciones de sanidad satisfactoria. La cultura tendría que ser considerada como un bien de primera necesidad, pero estamos muy lejos de llegar a ese punto.


Ahora, la cultura no es garantía de nada, y lo que separa la cultura de la barbarie es muy fino. No nos hagamos fantasías, no porque una sociedad sea muy culta será forzosamente mejor".




Ramoneda


Nació en Cataluña en 1949. Es escritor, periodista y filósofo.


Fue director del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Es colaborador del diario El País, de España, y preside el Instituto de Investigación e Innovación de París. Además, es profesor de filosofía contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona.


Ha publicado, entre otros, los libros "Apología del presente", "Después de la pasión política", "Del tiempo condensado" y "Contra la indiferencia".