Los 50 años de ‘Juan Valdez’
27 de Agosto de 2010


Hacemos votos porque todos esos propósitos se traduzcan en realidades, en beneficio de los caficultores y sus familias.

La Federación Nacional de Cafeteros celebró ayer, con asistencia del presidente Juan Manuel Santos, el medio siglo de existencia de ‘Juan Valdez’, el simpático personaje, ataviado con sombrero aguadeño, poncho y carriel, machete al cinto y cotizas, al lado de su fiel mula ‘Conchita’, cargada con sacos del preciado grano, que lleva a los millones de consumidores de más de cien países el mensaje de que aquí se cultiva el mejor café suave del mundo.

Como lo recordó ayer en su discurso el gerente, Luis Genaro Muñoz, desde la fundación de la Federación Nacional de Cafeteros, en 1927, ya se planteaba la necesidad de demostrarle al consumidor internacional que nuestro café, por su alta calidad y su cuidadoso proceso de producción, es el mejor del mundo. Debieron pasar, sin embargo, muchos años para que la idea cuajara, pues fue en 1959, en la gerencia de don Arturo Gómez Jaramillo y en medio de una grave crisis por la sobreoferta del grano en el mercado mundial, cuando la Federación convocó a concurso entre empresas internacionales de publicidad para el diseño de una estrategia que finalmente encargaron a la agencia neoyorquina Doyle Dan Bernbach, creadora del personaje ficticio que, desde su lanzamiento en 1960, estuvo representado por el actor cubano estadounidense José F. Duval. La campaña fue un éxito desde un comienzo, pues en seis meses, según registra la historia de Fedecafé, el reconocimiento del producto colombiano en el mercado estadounidense pasó del 50 al 81% y la gente que consideraba que Colombia producía el mejor café del mundo pasó del 4 al 25%.

A partir de 1969 se tomó la acertada decisión de que nadie mejor para encarnar al que empezaba a consolidarse como un verdadero icono de nuestra caficultura, que un cultivador de verdad, cuidadosamente seleccionado con la participación de todos los Comités de Cafeteros del país. Fue así como asumió ese papel el señor Carlos Sánchez Jaramillo, de Fredonia, hasta cumplir un récord difícil de igualar, pues se retiró hace apenas cuatro años, a la edad de 73, siendo reemplazado por Carlos Castañeda Ceballos, un joven caficultor del municipio de Andes, escogido entre 400 candidatos inicialmente postulados por los 14 departamentos cafeteros. Es un orgullo para Antioquia y especialmente para el Comité Departamental y sus afiliados que de aquí hayan salido las dos personas que han sabido representar tan bien, alrededor del mundo, la imagen de laboriosidad, emprendimiento y honradez que caracterizan, en general, a los productores colombianos.

El presidente Santos, que ayer se sintió como en casa, pues trabajó por varios años con la Federación y es todo un experto en la materia, aprovechó la ocasión para anunciar su nueva política cafetera, que contempla, por ejemplo, la creación de mecanismos para que el caficultor formalice su situación laboral como trabajador de su propia finca, entrando así al sistema contributivo de seguridad social. Ese es apenas uno de los puntos del llamado “Acuerdo para la Prosperidad Cafetera” que ayer suscribió con las directivas de la Federación, cuyos objetivos, aparte de formalizar el empleo, son la consolidación de la caficultura como una locomotora que jalone el crecimiento de todo el agro colombiano; la erradicación de la pobreza dentro de la población cafetera; la mejora de la competitividad de la caficultura colombiana y el fortalecimiento de las finanzas del Fondo Nacional del Café.

En términos más concretos, el Acuerdo contempla la siembra en los próximos cinco años de 200.000 nuevas hectáreas de café, que según los cálculos del Gobierno permitirían la creación de 80.000 empleos directos y 160.000 indirectos. “Dentro de la meta – dijo el Presidente - fomentaremos el establecimiento de cultivos en fincas de al menos cinco hectáreas, de las cuales tres deben estar sembradas de café. De esta forma las familias productoras podrían asegurarse un ingreso neto, deducidos los costos de mantenimiento del cultivo, de 2,6 salarios mínimos mensuales en promedio, garantizando una vida digna por fuera de la pobreza”. También aspira el Gobierno a promover el retorno de 20.000 familias desplazadas, que podrán cultivar 60.000 hectáreas nuevas de café.

Hacemos votos porque todos esos propósitos se traduzcan en realidades, en beneficio de los caficultores y sus familias, pero no podemos dejar de observar que de no haber sido por la estabilidad de los precios altos del grano – ayer se cotizó a 2,37 dólares la libra – la Federación no habría podido celebrar el cincuentenario de su marca ‘Juan Valdez’ con tanta complacencia y holgura. Por esa circunstancia, la caficultura colombiana ha logrado enfrentar el funesto fenómeno de la revaluación, compensando las pérdidas con el mayor ingreso que ahora tienen.