El pasado nos interroga
La heroína antioqueña, Simona Duque
Autor: José Maria Bravo
19 de Marzo de 2010


Simona Duque nació en la villa de Marinilla en el oriente antioqueño el 30 de marzo de 1773, en un hogar de costumbres patriarcales, formado por don Andrés Duque Giraldo, hacendado de la región, y doña Ana María Rincón Giraldo. Fue una matrona de costumbres tradicionales, como correspondía a su linaje familiar.

Se casó cuando tenía 14 años con José Antonio Alzate Cardona, y como antioqueña de pura cepa, tuvo ocho hijos, siete varones, trabajadores, de armas tomar y convencidos patriotas: Andrés, Francisco, Salvador, Antonio María, Manuel, José María, Juan Nepomuceno, y una mujer, María Antonia, que perpetuó las virtudes de su sangre y las tradiciones de su raza.

Su humilde vivienda, en Marinilla, sirvió de morada a importantes personajes y guerreros de paso y desde allí se repartía la correspondencia a los pueblos del oriente antioqueño. Marinilla era una población muy pequeña, en 1825 tenía 6.050 habitantes.

Relata don Abraham Moreno: veíamos cuando éramos niños a doña Simona cultivando con sus propias manos el huerto de su casa, situada en la salida de Marinilla para el Santuario. Vestía modestamente saya de fula azul, camisa blanca, y encima una camisa tetunjana, ceñida a la cintura, cando estaba en el trabajo.

El despertar de los sueños de libertad y pertenencia que se produjo con la lucha por la independencia, en las primeras décadas del siglo XIX, tocó las puertas de la casa de doña Simona.

La matrona antioqueña había quedado viuda en 1801, y por aquellos días su familia dependía por completo de ella y del trabajo de sus hijos mayores.

Esta mujer patriota, decidió entregar su más preciado tesoro, sus hijos Andrés, Francisco y Salvador, al coronel José María Gutiérrez de Caviedes en 1813, quien con un grupo de voluntarios, entre ellos el joven José María Córdoba, invadió la provincia de Popayán, pero los contratiempos deshicieron la expedición, y fue fusilado su jefe. Los Alzate Duque regresaron a Marinilla derrotados, pero no vencidos, era el año de 1817.

Allí se dieron a la tarea de entrenar a sus hermanos menores: Antonio María, Manuel, José María y Juan Nepomuceno, de modo que cuando el coronel Córdoba fue a liberar la provincia nativa, los hijos de doña Simona estaban listos para la lucha.

Relata el historiador Armando Gómez Latorre: Córdoba tenía su cuartel general en Rionegro.

Una mañana su edecán lo despertó anunciándole una inesperada visita: era la viuda doña Simona Duque de Alzate. Y este es el diálogo que inmortalizó su nombre: ¿En qué puedo servirle mi señora? dijo el jefe militar de Antioquia- Vengo, señor, a traer mis joyas para contribuir por mi parte a salvar la patria. Doy a usted las gracias en nombre de la República y acepto su generosa oferta, porque como sabrá usted, aún quedan enemigos en el territorio y es preciso exterminarlos. Con ese fin he traído, coronel, lo que tengo. ¿Y que será, señora, su ofrenda tan espontánea y tan oportuna? Son cinco de mis hijos, contestó la señora; y como a punto llamase a los que estaban allí cerca, se presentaron cinco jóvenes altos, bien constituidos, morenos y de arrogante figura.

El futuro vencedor en Chorros Blancos no cabía en su sorpresa, cuando ve a aquella anciana señora traer generosamente para la Patria su único tesoro que eran sus hijos.

Doña Simona grabó aquel día su nombre en las páginas sagradas del libro de la gloria.

Conmovido Córdoba, que no comprendía como a su edad podría una viuda despenderse de sus únicos apoyos, le peguntó: Señora, ¿y que deja usted para atender a su subsistencia? Todavía sé y puedo trabajar, contestó llena de arrogancia doña Simona.

En la historia quedó grabada la ruta de los marinillos enrolados en el Regimiento de Granaderos. En pocos días, Córdoba, del Corral, Benedicto González, Braulio Henao, entre otros, con 500 soldados, salían de Rionegro en persecución de Tolrá, y se cubrían de laureles en Chorros Blancos, Majagual, Tenerife, Cartagena, y más allá, en Pichincha, Junín y Ayacucho.

El rasgo de patriotismo de doña Simona fue comunicado por Córdoba al Vice-presidente Santander y éste dictó un decreto del cual se destaca este aparte: …A la ciudadana Simona Duque se le suministrarán del Tesoro Público de la provincia de Antioquia diez y seis pesos íntegros al mes durante su vida. Publíquese en la Gaceta este extraordinario rasgo de amor a la Patria, para satisfacción de la que lo ha manifestado y para ejemplo de los demás individuos de la República. La heroína no aceptó la pensión por considerar que ésta hacia falta a la patria mientras no estuviese completamente libre, y así lo manifestó al general Santander.

No quiso aceptar esa recompensa mientras pudiera trabajar y valerse por sí misma, cultivaba el huerto de su casa. Más adelante, a instancias del presbítero Gabriel María Gómez, aceptó la pensión.

Doña Simona Murió en Marinilla el 17 de enero de 1858 a la edad de 85 años. En su lecho de muerte le preguntó su hijo Salvador que órdenes tenía que dejarle en caso de que muriese, y con voz moribunda, aunque clara, le dijo: Que mis hijos sirvan a la Patria cada vez que los necesite.