Laureano Forero Ochoa es considerado el mejor arquitecto de Latinoamérica.
“La arquitectura es ilusión”
Autor: Cristina Cardona Zuluaga
29 de Octubre de 2009


Este arquitecto antioqueño ganó el pasado 10 de octubre en la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires el Premio Latinoamericano. Hoy, despojado de toda vanidad afirma que, más que los premios lo enorgullece, el trabajo.

Foto: Daniela Arbelaez 

“Yo creo que la ciudad más enamoradora que hay en el mundo es Praga. Es una ciudad de sueño. Por el hecho de haber estado tantos años bajo la circunstancia del comunismo no fue intervenida con edificios; por eso, si a mí me dicen dónde quiero vivir un minuto romántico de mi vida, pienso en Praga”, afirma Laureano Forero.

Para Laureano Forero, la arquitectura es una profesión que le cumple sueños a la gente y tal vez por eso es que la respira, la huele, la mastica, la duerme y la sueña.

Este medellinen+se del barrio Buenos Aires, conocido desde su primera infancia como ‘Nano’, es considerado el mejor arquitecto de Latinoamérica. Pero no está interesado en vanagloriarse. Acepta que el reconocimiento es conveniente, porque para un hombre de 71 años es satisfactorio saber que sigue vigente, pero tiene claro que a su edad cobran relevancia las acciones por encima de los premios.

Al parecer su destino estuvo marcado desde la infancia, cuando sus conocidos empezaron a reconocer sus habilidades de dibujante. “Este muchacho va a ser arquitecto”, decían, y esas palabras fueron calando en el gusto del entonces joven, que concluyó que se dedicaría definitivamente a esta profesión cuando supo que en el currículo no entraba la química.

Nano ingresó a la Universidad Nacional siendo muy joven y, gracias a su destacado rendimiento académico, logró conseguir una beca para estudiar durante 24 meses en Europa, donde conoció grandes amigos y grandes oportunidades; sin embargo, aún teniendo un empleo asegurado en el primer mundo, decidió regresar a Medellín.

“Fue la mejor decisión y no la cambiaría porque creo que uno debe ser grato con el país. Si uno le ha costado tanto al país uno no puede pensar en irse con el equipaje que le dieron aquí y gastárselo allá; al contrario, hay que cargar más el equipaje de allá, regresar aquí y luchar por este país”, afirma.

Hoy Nano vive para trabajar por lo suyo y lo hace sin pausa, por eso convirtió su casa en su oficina y desde este espacio cumple con la condición de ser un buen ciudadano, una característica que para él deben tener todos los profesionales. “Eso nos permitirá tener una instrumentación para hacer que la comunidad viva mejor, que haya una mayor equidad y que a la gente la podamos ayudar un poco más”, comenta.

Heterogeneidad en el orden

Nano se ha caracterizado por crear obras que le dan relevancia a la identidad latinoamericana. Al hombre le gustan los patios, los techos altos, el color, los espacios amplios y luminosos, la heterogeneidad, pero sobre todo el trabajo artesanal en las construcciones.

“Los artesanos nuestros son gente maravillosa, los albañiles nuestros pegando ladrillos son una especie de Dios, es increíble que teniendo albañiles de una enorme calidad nos pongamos a hacer prefabricados en una obra”, expresa. De ahí que la mayoría de sus trabajos sean construidos en materiales que se dejan tal como se ponen como el ladrillo, la piedra o el concreto.

Nano contrasta sus tiempos universitarios, en los que los estudiantes sabían dibujar, y realizaban cálculos con lápiz y papel, con la época actual en la que los jóvenes son incapaces de hacer un boceto y, aunque aplaude la existencia de la tecnología, afirma que la gente se ha vuelto muy facilista, pues resulta más cómodo y rentable hacer un plano y multiplicarlo por 40, que diseñar los sueños (la casa) de cada persona.


Después de realizar un sin número de obras, Nano no duda en afirmar que dos sus construcciones preferidas están en Medellín: la primera es la capilla del cementerio Campos de Paz por su valor estético; la segunda es el edifico de Comfama de Arajuez por el logro social.

“Medellín ha contado con arquitectos brillantes que han logrado construir obras para mejorar la geografía, la topografía y la contextura de la ciudad, que ya de por sí es preciosa”, dice Nano sin dejar de reconocer que aún hacen falta espacios públicos para vivir la vida urbana.

Aunque el Parque de los Pies Descalzos y los cerros Nutibara y el Volador son sus lugares preferidos, Nano no se cansa de decir que Medellín tiene unas connotaciones urbanas excepcionales. “ Las comunas como textura urbana son preciosas, la luz del trópico en esos muros naranjados, de diferente tamaño, unos más adelante, más atrás, las sombras, son un hecho artístico excepcional”.

Este personaje tiene un plan de vida trazado para los próximos 20 años, y espera no poder descansar ni un minuto, pues “no se tiene quieto”; de ahí, que su sueño sea seguir explotando su conocimiento para poder seguir edificando ilusiones.