"Letras al sol "
Adiós a Meira Delmar
Autor: Iván Guzmán López
21 de Marzo de 2009


El 18 de marzo, hace apenas 3 días, Murió la poetisa más grande de Colombia, Olga Isabel Chams Eljach, que todos conocíamos con el hermoso seudónimo de Meira Delmar. Hagamos un corto viaje por su fecunda vida y su poética abundante que tiene sabor de mar y olor a cedro, de esos que crecen como una fiesta variopinta en el mítico Líbano.

Es innegable que la poética de Meira Delmar navega indefectiblemente entre el mar (o la mar) y el amor. Su muerte parece ser el capitán de ese velero, que ahora viaja raudo por los países del mundo. Ambos, mar y amor, se confunden, no pocas veces (en sus versos), hasta arribar, muy juntos, al puerto de la celebración y el canto; se imbrican hasta volar en metáforas mareadas de belleza, de esas que sólo habitan en las almas luminosas.

Como su lejano y filial Simbad, su poesía deambula entre mares ignotos y amores que de tanta belleza, terminan siendo dolorosos. En Verde mar, dice la poetisa:

“1.De tanto quererte, mar,/ el corazón se me ha vuelto marinero./ Y se me pone a cantar/ en los mástiles de oro / de la luna, sobre el viento./ Aquí la voz, la canción./ El corazón a lo lejos,/ donde tus pasos resuenan/ por las orillas del puerto. / De tanto quererte mar,/ ausente me estas doliendo/ casi hasta hacerme llorar.

2. ¡Mar!/ Y es como si, de pronto,/ se hiciera claridad./ Ángeles desnudos. Ángeles/ de brisa con luz. Cantar/ del agua que danza una/ zarabanda de cristal. / Islas, olas, caracolas./ Grito blanco de la sal... / Y el corazón, de latido/ en latido, dice ¡Mar!”
Meira Delmar nació en Barranquilla, capital del departamento colombiano del Atlántico, el 21 de abril de 1922; Olga, o mejo, Meira Delmar, era hija de los libaneses Julián E. Chams e Isabel Eljach. En el poema Cedros, se lee: “La voz del padre, entonces, / inclinóse a mi oído / para decirme, quedo: / “Son los cedros del Líbano / hija mía”.

Realizó sus estudios de Bachillerato en el Colegio Barranquilla para Señoritas y sus estudios superiores en la Escuela de Bellas Artes del centro de estudios Dante Alihieri de Roma (Italia). En 1931 viajó al Líbano con sus padres y hermanos, en una travesía inolvidable por el mar. Esa experiencia sería definitiva, posteriormente, en su alado mundo poético. En 1937 publica por primera vez en la revista Vanidades, de la Habana. Los poemas, aparecidos en la sección “Poetisas de América”, son: Tú me crees de piedra, Cadena, Promesa, y El regalo de la lluvia. Desde este momento escribe con el seudónimo de Meira Delmar. Indudablemente es el nombre femenino más destacado de la poesía colombiana, al lado del de Dora Castellanos, de influencia piedracielista.

Entre las distinciones y figuraciones logradas, podemos listar:

Doctorado Honoris Causa en Letras de la Universidad del Atlántico; Medalla de Honor al Mérito de la Sociedad de Mejoras Públicas del Atlántico; Medalla de Honor al Mérito del Club Rotario de Barranquilla; Placa de Honor al Mérito del Centro Artístico de Barranquilla; Venera de la Sociedad Interamericana de Escritores; Medalla Pedro Biava del Centro Artístico de Barranquilla y Medalla Puerta de Oro de la Gobernación del Atlántico.

Profesora de historia de Arte y Literatura en la Universidad del Atlántico; Miembro del Centro Artístico de Barranquilla; Miembro de la Comisión Interamericana de Mujeres; Miembro del Club Zonta Internacional de Mujeres Profesionales y Ejecutivas; Miembro de la Sociedad de Mejoras Públicas; Directora de la Biblioteca Departamental del Atlántico, por espacio de 36 años. VI Premio Nacional de poesía Universidad de Antioquia, y Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua.

De sus poemarios, destacamos:

Alba de Olvido (1942), Sitio del Amor (1944), Verdad del Sueño (1946), Secreta Isla (1951), Sus Mejores Versos. Antología (1957), Poesía (Antología bilingüe en italiano y español (1970), Huésped sin Sombras (1971), Reencuentro (1981) y Laúd Memorioso (1995).

Hay veces en que -para habitar algún poema-, escapa con licencia, de la oquedad de su pecho, su trilogía de amor y admiración (Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou), convertida en eclosión de ternura, soledad, mar y amor, como lo expresa en su poema Soneto en vano:

“¿A dónde iré que no me alcance el vuelo / de tu mirada que en azor se muda,y la noche de sueños me desnuda / con el brillo quemante del desvelo?
¿En qué sitio del aire, el mar, el cielo,/ encontrará mi corazón ayuda,la clara mano que mi mal acuda/ y en dulcedumbre me convierta el duelo?

La frente pensativa me rodeas/ de lejanas memorias. Me recreas los rostros del amor enceguecido.

Y es inútil que huya de tu acecho/ si te oigo vivir dentro del pecho con la vida sin muerte del olvido”.

Tal vez porque lo suyo era realmente la poesía, la muerte no le concedió licencia para recibir otro titulo honoris causa que le entregaría la Universidad del Norte, el próximo 23 de abril, día clásico del idioma y del libro.