Las delicias de este lugar combinan lo colombiano con lo argentino
Versalles, un salón con Buenos Aires
11 de Enero de 2009


Siempre que conozco la historia y la recorro paso a paso, me invade un deseo inmenso de retroceder el pasado y vivirlo de la manera más intensa posible. Yo quisiera estar en el año 1900 y ver de primera mano cómo Medellín pasó de ser una pequeña aldea a ser un pueblo grande, en donde ya se empezaba a hablar de pensar la ciudad, de un “Medellín futuro”.

Juan Diego Restrepo Restrepo
juandrestrepo@yahoo.com
Especial para El Mundo

Me encantaría haber estado en el Junín donde transitaban los carros y estar ahí, viendo su transformación en una vía peatonal, quizás esto fue en mi época, pero yo no lo recuerdo. Ese Junín que ha sido escenario para el paso de millones de personas, ese Junín que es visita obligada de las familias, referente de ciudad y de integración, que se convirtió para muchos en un pasaje inseguro después de los años ochenta cuando las huellas de la violencia urbana ya se empezaron a notar.

Hoy perdura en la avenida un olor a pueblo y a historia, un olor que nunca dejará de sentirse. Por allí miles de personajes han pasado, algunos de largo y otros para quedarse, como es el caso de Leonardo Nieto, quien llegó por primera vez a Medellín desde Buenos Aires en 1960 —como él mismo lo cuenta— “a quedarse 21 días”. 21 días que se han convertido en casi 46 años, de los cuales 45 los ha dedicado a ser gerente de uno de los negocios más exitosos de esta ciudad.

Al llegar a Medellín, cuenta Leonardo, todo el mundo le proponía negocios, pero fue el salón Versalles el que en 1961 compró finalmente a un grupo de Catalanes que lo habían inaugurado desde 1957 y que hasta el momento no tenía mucha suerte, según Leonardo, porque “su táctica de competirle al Astor fue equivocada”.


Futbolistas

Al principio no entraba nadie —narra el veterano hombre —, y esto porque también, al igual que los catalanes, quiso cambiar los hábitos alimenticios de la época. Luego empezó a combinar productos argentinos con productos colombianos y la cosa empezó a funcionar. Hoy una de sus especialidades es el jugo de mandarina con empanadas argentinas.

Pero la competencia era dura y mientras el negocio de al lado lo llenaban con reconocidos cantantes, Leonardo empezó a llevar a Versalles reconocidos futbolistas argentinos y sólo les cobraba el 50% con el fin de atraer más clientela. También pasaron por allí los integrantes de la liga de atletismo colombiana y ciclistas como “Cochise” Rodríguez. Además los primeros discos de Ledesma fueron traídos directamente de Puerto Rico.

Luego, pasado el tiempo, conseguir una mesa en la tarde en Versalles era toda una osadía, ya el salón estaba completamente acreditado, se estaba ‘moviendo’.

Gotereros y tertuliadores

Para la sociedad de la época el movimiento “nadaista” no era visto con buenos ojos, su actitud era la de unos jóvenes que desafiaban la norma en un momento de estructuras muy tiesas. Para Leonardo, por el contrario, no constituían ningún problema, él venía de una ciudad grande, Buenos Aires, con mucho movimiento y fenómenos como este.

Las historias que han pasado allí en el salón Versalles, además de infinitas, son únicas e irrepetibles, con personajes que aún hoy concurren a tomarse un café, uno de los productos argentinos, o un tinto eterno como lo cuenta con gracia Leonardo Nieto. Allí de los que han concurrido, los periodistas tienen fama de gotereros y los escritores de tertuliadores…

Leonardo, a quien le tocó vivir la mejor época de Argentina, la del tango y la del fútbol, se encargó de traer a su salón los mejores futbolistas argentinos de la época y a Medellín gran parte de lo que hoy compone la historia del tango. Además de ser anfitrión de innumerables personajes como el caso de William Ospina (el escritor), y Mercedes Sosa por poner solo dos ejemplos recientes.

Leonardo es un hombre que pasó y se quedó en Junín, en Medellín, en el corazón de quienes conocen y valoran nuestra historia. Y Versalles es un sitio único, con olor a letras, a consignas, a música, a rebeldía, a pasado, presente y futuro.