Lege quaeso
El efecto goteo
Autor: Mario Arango Marín
14 de Diciembre de 2008


Según la teoría económica neoliberal, el trickle down effect, o “efecto goteo”, aún vigente en el mundo occidental y fundamento de las políticas fiscales de Ronald Reagan en los años 80, supone que, favoreciendo a los más ricos, la economía genera beneficios que, cayendo hacia abajo como gotas, se transforman en una ventaja para todos. Nada más lejano a la realidad. Con Giovanni Vegezzi en Diagonal hay que decir que sucede todo lo contrario, que el 0,001% de la población mundial acumula una quinta parte de la riqueza del planeta, que las grandes fortunas ya superan los cien billones de dólares y que los poseedores de más de mil millones de dólares de patrimonio se concentra en la impresionante cifra de 1.125 personas. Además de las generosas prerrogativas fiscales, muchos de los nuevos ricos aprovecharon momentos de crisis política y económica para la apropiación, a precio de rebajas, de bienes públicos.

Ni el efecto goteo ni la paradoja del “keynesianismo financiero neoliberal” (dentro del cual regurgita la manida “confianza inversionista”) pueden resolver lo inmanente de la actual crisis: con excepción de las drogas y las armas, el capital ya no encuentra formas de inversión productivas que generen rentabilidad o que promuevan un nuevo ciclo largo para su expansión. Con Rémy Herrera (Afrique-Asie) hay que repetir que son precisamente estas políticas de bucle las que engendran todos los problemas económicos de la globalización: el déficit estadounidense, la deuda de los países del Sur, la liberalización de las transferencias de capitales, la privatización de los patrimonios comunes de la humanidad, e incluso el desmembramiento de la protección social y las pensiones. Por tal razón, y como única salida, “las finanzas están en guerra contra cualquiera que se oponga a ellas pretendiendo llevar a cabo un proyecto autónomo de desarrollo”.

Al efecto goteo ya no le es posible apalancar ese dictum del crecimiento sin límites. Según Enrique Leff (Peripecias), ante el fracaso del Protocolo de Kyoto y los esfuerzos por detener el calentamiento global antrópico, surge nuevamente la conciencia de los límites del crecimiento y emerge el reclamo por el decrecimiento. Acompañado del elogio de “lo pequeño que es hermoso”, el reclamo del arraigo en lo local y la crítica a los excesos tecnológicos, aquél retorna como un bumerán, más que como un eco de añejas propuestas de un ecologismo romántico y tontarrón.