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El valor del silencio
Autor: Luis Pérez Gutiérrez
20 de Enero de 2008


Vivimos en una sociedad ruidosa. El silencio y la actitud reflexiva se ven despreciables. El que más grite pareciera tener más valor. El que más alboroto arme, parece valer más. La orden social es aumentar sin medida el ruido y la contaminación.

En las sociedades contemporáneas no parece existir espacio para el silencio. Saber escapar para el silencio y la reflexión se interpreta como ausentismo inútil o como cobardía frente a la realidad. Vivimos en una sociedad que abusa de la palabra y desprecia el silencio. En las sociedades ruidosas el silencio nada significa, pareciera un mensaje vacío, La comunicación posmoderna le da preponderancia a la palabra, a la bulla; y al silencio lo presenta como actitud no transmisora de mensajes.

El silencio tiene que ser estudiado por el ser humano así como se investiga la tecnología y los artículos de consumo. El valor del silencio debe ser de obligatorio aprendizaje en el colegio. El mundo occidental se excede con las palabras y con el ruido. Los Orientales valoran sin límites la meditación y en el silencio; de allí extraen su sabiduría. Los Orientales le dan preponderancia a la comunicación sin el uso de la palabra.

Sin duda aprender la cultura del silencio trae ventajas inmedibles.

El silencio serena los ánimos, ayuda a la paz pública. En los conflictos sociales, las palabras inadecuadas tienen un efecto exacerbador mayor que las mismas armas y en ocasiones el lenguaje se convierte en la violencia misma. Cuando hierven los conflictos, cuando las ofensas invaden las relaciones sociales o políticas, cuando se pierde la paz, cuando desfallece la convivencia, el silencio es la conducta más apropiada. La cultura del silencio es el padre de la prudencia, virtud esencial en cada ser humano para lograr la felicidad.

La cultura del silencio es vital para aprender, para aprender a escuchar, y para obtener los mejores beneficios de la educación. La educación sería impensable sin la complicidad del silencio. La creatividad no existe lejos del silencio.

Las decisiones más exitosas del ser humano son resultado del silencio y de la reflexión; de la sedante presencia del silencio. El silencio nos salva de graves arrepentimiento pues evita la precipitud en las decisiones.

Y así, para que la sociedad tenga buenos ciudadanos es necesario que cada uno forme su propia personalidad responsable. Que cada uno aprenda la importancia del silencio. El ser humano tiene, primero, que buscar su libertad interior y eso solo lo logra mediante la interiorización de la cultura del silencio y de la meditación. Si el ser humano no descubre su propio mundo interior, jamás será libre. La sociedad contemporánea cree solo en la libertad exterior, en la libertad de las cosas materiales, y por eso siempre se pierde en banalidades y en conflictos causados por trivialidades.

El silencio habla solo. Los grandes líderes cada que callan ponen a pensar a la sociedad; el silencio de un líder es un mensaje que obliga a la gente a reflexionar. Es tan profundo el silencio que solo se comprende con el tiempo. La vida de un líder es el mensaje que envía a la sociedad y desde el silencio puede enviar mensajes sociales inolvidables. Gandhi encontraba en el silencio el arma más eficaz para derrotar la violencia y unir a su pueblo.

El silencio es fuerte, no es débil. El Swami Brahmdev tiene bellas teorías sobre la fuerza del silencio. Asegura que el mayor secreto de los grandes hombres es construir una relación viva con la fuerza del silencio. Pareciera iluso hablar de la fuerza del silencio, pero quien aprenda a manejar el silencio tendrá el esquivo éxito interior y naturalmente una fácil realización en el mundo exterior. Los sabios y los justos siempre mantienen el silencio como su mejor arma: hablan con el silencio. Nunca un necio hace silencio.

Cuando llega el silencio, activa poderosamente todos los sentidos del hombre, estimula la circulación de las ideas. Quien cultive la fuerza del silencio recibe a cambio una actitud interior progresista, y lo guía el convencimiento que en cada momento futuro hay una oportunidad de avance, de moverse hacia adelante.

En apariencia, nada es más fácil que callar. Pero en la práctica, el silencio es un reto difícil. El silencio es dignidad en la derrota. El silencio es grandioso en la victoria.

El silencio obligatorio es censura inaceptable. El silencio como cultura es gimnasia para el espíritu.

Porqué no te callas? Puede ser una pregunta noble pero también una señal de censura que hasta los reyes la usan. Para no polemizar con esa orden, es mejor utilizar siempre aquella bella frase: Cállate, salvo que tengas para decir algo más bello que el silencio.

Qué bueno que cada sociedad establezca la hora del silencio y la reflexión. Qué bueno enseñar a respetar el silencio de los demás y entender que el silencio tiene sus voces, sus signos y sus mensajes. Qué bueno que los grandes líderes de la nación aprendan del silencio y enseñen el silencio a sus compatriotas.

Se dice que si hablar es plata, callar es oro.


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