Miércoles 20 de Agosto de 2014    Actualizado 9:10 pm.

Contraplano
Un salvavidas para el Pielroja
Autor: Orlando Cadavid Correa
16 de Diciembre de 2005


La multinacional tabacalera Philip Morris tras hacerse a comienzos de este año al control absoluto de Coltabaco, mediante el desembolso de 310 millones de dólares-le decretó la muerte súbita al almanaque de Pielroja, el más legendario y apetecido de Colombia, pero los distribuidores de los cigarrillos de fabricación nacional aunaron voluntades y chequeras para evitar que desapareciera esta tradición criolla mayor de 70 años.

Los nuevos dueños de la compañía evaluaron la propuesta y aceptaron que sus agentes lanzaran el salvavidas y asumieran el sostenimiento del más famoso de los calendarios made in Colombia, nacido en Medellín en 1934, diez años después de la creación de la conocida planta industrial que recientemente dejó de ser patrimonio de los antioqueños.

La Philip no suele brindar patrocinios en ningún país a obsequios editoriales aparentemente costosos para sus clientes y amigos y en el marco de tales políticas determinó que cesara la publicación del tradicional catálogo que incluye los 365 días del año, el santoral completo, las fiestas religiosas y civiles y los «puentes» que se inventó el finado doctor Emiliani. Como reza el eslogan de «El aprendiz»: Nada personal. solo cuestión de negocios.
El retraso que se presenta ahora en la entrega de la edición del 2006 se origina en que los distribuidores que en una determinación digna de aplauso impidieron la desaparición del prestigioso almanaque apenas empiezan a asimilar y desarrollar la nueva responsabilidad que se han echado al hombro: el reparto del que ha sido por muchos años el más preciado y útil de los aguinaldos para grandes, pequeños y medianos comerciantes.
Coincide con este pequeño episodio la aparición del precioso libro-disco «Historias de Navidad», de la investigadora musical Ofelia Peláez, auspiciado por el sello Fuentes, en el que dedica un capítulo a los almanaques desde su aparición hasta nuestros días y, al hacer escala en Colombia, se refiere, obviamente, a los más famosos: El Pielroja, del que conserva en su casa una llamativa colección de 35 portadas, y el pintoresco Almanaque Bristol, que se vende al menudeo, a precio de huevo, en vía pùblica.
Del más nuestro hace esta apretada síntesis: El almanaque de Pielroja, que tiene una hoja desprendible para cada día, comenzó a circular alrededor de 1934 cuando la empresa quiso fomentar entre las mujeres el consumo de sus cigarrillos, creados en 1924. Su símbolo, un indio de vistoso penacho dibujado por el caricaturista Ricardo Rendón, junto a la imagen de una hermosa mujer, modelo o reina de belleza, desde sus inicios se constituye en su portada. Algunas fotos eran traídas de Estados Unidos y en ellas aparecieron actrices de Hollywood. Sólo en algunas oportunidades , en 1962 y en 1969, se cambió la foto de una mujer por la de una pareja; hubo un año también en el que se omitió la fotografía de la modelo y apareció solamente un cenicero. Aún se considera un honor salir en el almanaque de Pielroja, concluye doña Ofelia.

El turno es, ahora, para el Bristol, el almanaque más viejo del mundo, nacido en 1832, en Estados Unidos. El cuadernillo -siempre de portada color naranja encendido, con letras negras- debe su nombre al doctor Charles Bristol, un médico especializado en enfermedades causadas por la polución y alteraciones de la sangre, que le dio vida hace 174 años, cuando quiso compartir con sus pacientes sus recetas y datos curiosos.

Unos empresarios gringos de apellidos Barclay, Kemp y Lanman compraron los derechos y lo emplearon para promocionar sus productos farmacéuticos de la época: Tricófero de Barry, Jabón de baño Reuter y el Agua de Florida. El trío gringo resultó muy listo para el negocio y le revolvió a la publicidad del Bristol anuncios de jabones de esencias de rosas, pachulí y sándalo dizque para la buena suerte, la consecución de dinero y una buena salud, productos que, curiosamente, todavía se consiguen en farmacias y perfumerías de ciudades grandes, medianas y pequeñas de Estados Unidos y América Latina.

El Bristol se las trae: cada año nos entrega por una módica suma las fases de la luna, los eclipses en perspectiva, los horóscopos, los días de los santos, las fechas más adecuadas para podar platas o cortarse el cabello y, de ñapa, algunos chispazos del a veces incomprensible humor a la norteamericana.
Un portento de las letras nacionales, -don Germán Arciniegas- hizo esta confesión alrededor del singular añalejo: «Mi curiosidad literaria, como casi toda mi generación, no nació en Homero o Virgilio, sino del Almanaque Bristol. El Quijote no nació para mí en un lugar de la Mancha sino en algún lugar del Bristol, entre la dama del Tricófero de Barry y un aviso con letras orientales del Agua de Florida».

La apostilla: En el Diccionario de Colombia se le atribuye al periodista Enrique Santos, pero sin que se precise si se trata del abuelo «Calibán» o del nieto autor de «Contraescape», el haber llamado, en El Tiempo, al almanaque Bristol, «el evangelio del cielo, la ley de las estrellas y el código de la meteorología universal».


Prohibida su reproducción total o parcial. La traducción a cualquier idioma está permitida estrictamente para usos pedagógicos y debe citarse la fuente. Reproduction in whole or in part is forbidden. Translation in any language is permitted strictly for pedagogic uses without permission written, and sources must be mention.
Webmaster: webmaster@elmundo.com