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En su cima, el Santuario protector del Valle del Aburrá
El Picacho, el cerro del amor
Autor: Maria Asceneth Zuluaga Salazar
30 de Octubre de 2006


Este cerro es un referente religioso de Medellín ya que posee en su cima el Cristo Rey, visitado anualmente por miles de peregrinos y turistas, con sus brazos abiertos cobija y protege el Valle del Aburrá, el cual se divisa, desde su cima, en 360 grados.

Foto: Angela Patricia Zapata 

Los brazos abiertos de Cristo Rey cubren todo el Valle del Aburrá, por eso se dice que es el protector. Son muchos los fieles que cada año hacen peregrinación a la cima de este cerro.

Cuenta la historia que Rita, una bella joven de la región se enamoró de su vecino, que el cerro El Picacho fue testigo del amor que se profesaba la pareja, pero que por esos ires y venires de la vida, él terminó casado con otra mujer y ella, añorando ese amor, visitaba todos los días el cerro, esperando que él, su enamorado, regresara algún día. Dicen entonces los habitantes del sector, que en El Picacho se quedó el amor encerrado y que en las parejas que lo visitan, se acrecienta el amor.

Esta historia, de la tradición oral, nos da la entrada a otro de los cerros tutelares de Medellín, El Picacho, que aunque siempre cerro, se le instaló en su cima la escultura de Cristo Rey en el año 1936, cuando Monseñor Félix Henao Botero, quien también fue fundador de la Universidad Pontificia Bolivariana, decidió con la colaboración de vecinos del sector traer la estatua y darle un aire religioso al Cerro, para que se convirtiera entonces en un sitio de peregrinación por excelencia.

Según Lina Marcela Osorno Mazo, una de las dos guías del Cerro El Picacho, la estatua, traída de Europa, la tuvieron que subir por pedazos y con lazos, puesto que para esa época las escalas aún no estaban y su tamaño de 2 metros y medio impedía subirla en una pieza. “Al parecer, en el pasado, los viajeros y las personas que transitaban a pie tomaban el cerro como referente y luego pasó a ser lugar de peregrinación cuando trajeron el cristo” afirma Lina Marcela.

El cerro El Picacho que se encuentra a 2.108 metros sobre el nivel de mar, tiene acceso por dos senderos; uno por el lado del barrio El Progreso, hecho por las personas, y el otro por Los Rieles con 327 escalones, con una extensión de 150 metros.

Su ubicación es al noroccidente de Medellín, en la comuna 6, con una extensión de 40.96 hectáreas y una influencia de los barrios El Triunfo, El Progreso, Mirador, Picacho, Picachito, Casa Fincas, 12 de Octubre, Pedregal, La Esperanza, San Martín de Porres y vereda El Picacho. Hay una visibilidad de 360 grados desde Ancón, hasta Barbosa.

Un cristo que abraza la ciudad

Un Picacho es, según el diccionario, una punta o pico agudo que tienen algunos montes o riscos, este, El Picacho de Medellín, también tuvo su origen en lo “puntudo” que es, aunque según Lina Marcela, antes era más “puntudo”, pero debido a su estructura de piedras anfibolitas(que se desmoronan) se ha ido deslizando, poco a poco.

Y estas cuevas, aunque mudas, también cuentan su historia. La primera, que son las causantes del asentamiento del cerro; otra, que allí se encuentran piedras con marcas de los indígenas aburráes y que estos se comunicaban desde allí con Pan de Azúcar.

No hay violencia hay vandalismo

Asegura Lina Marcela, que la violencia ya hace más de 5 años abandonó el sector, que mucha gente no visita el Cerro, pensando que aún persiste, pero eso es cosa del pasado. “El sector es muy calmado, falta mostrárselo a la gente. Ahora hay mucha tranquilidad”, puntualiza.

Aunque, uno de los grandes problemas que presenta el cerro, es que le falta educación a la gente para cuidarlo, las papeleras se las robaron y hay pasamanos en mal estado, es por ello que se busca crear conciencia, hacerle ver a la comunidad que el cerro es de todos y que como tal se debe cuidar y proteger.


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