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La Fundación Educadora Carla Cristina ya cuenta con certificación de calidad
‘Los niños son los ganadores’
Autor: Javier Nicolás Restrepo
12 de Agosto de 2006


Con el apoyo de Comfenalco y el Icontec, la institución afrontó el exigente proceso que dio como resultado el certificado ISO 9001/2000; un logro que enriquece la amplia hoja de servicios de la obra que fundara doña Solina Gallego Fernández.
Cuando se habla de la Fundación Carla Cristina, es inevitable recordar a doña Solina Gallego Fernández, la mujer que no solo impulsó su creación sino que dejó una profunda huella en la educación preescolar de nuestro medio. Una huella que se ha multiplicado y que hoy, 43 años después de su surgimiento, ha recibido del Icontec el certificado de la calidad para los servicios de educación y nutrición bajo la norma ISO 9001 versión 2000.



Para la Fundación Carla Cristina, la certificación representa una carta de presentación, una forma de decirle a la gente que hacen las cosas bien hechas. En la imagen, niños del Jardín La Finquita, en el sector de Vallejuelos.

Después de casi dos años de trabajo, la Fundación recibió el pasado 12 de junio la notificación de la certificación, y ayer, en presencia de los benefactores, proveedores, clientes y el personal administrativo y docente, lo presentó en sociedad.

La Fundación Carla Cristina fue fundada el 4 de octubre de 1963 por doña Solina Gallego Fernández, en honor a la niña Carla Cristina Fernández, alumna suya en el Jardín Infantil La Casa de su Niño, quien falleció a la edad de 3 años, víctima de una enfermedad.

“Ese jardín era para gentes de estrato alto. Esa muerte creó mucha conmoción entre las familias y tomaron la decisión de ayudar a niños de la misma edad, pero de bajos recursos, porque en ese entonces a esa edad los niños no eran cobijados por el Estado; de hecho había guarderías y jardines para los estratos altos, pero en los bajos no existía esa posibilidad”, recuerda Alba Consuelo Salazar, directora de Mercadeo de la Fundación.

La certificación

Para llevar a feliz término el proceso de certificación, la Fundación tuvo que someterse a un riguroso proceso de un año y medio.

Comfenalco financió en parte el costo de la certificación y la entidad costeó el valor de la asesoría.

“Decidimos montarnos en ese proyecto hace un año y medio. Dos personas de acá estuvieron en la capacitación y se nos asignó la firma Asser Limitada, para que nos acompañara”, relata Alba Consuelo Salazar.

“Invertimos un año completo organizando los procesos en cada jardín, revisando lo que teníamos y mirando qué faltaba. Más que cambiar lo que éramos, se trataba de organizarlo; tener todo por escrito, dejar memoria de lo que hacemos. Que nuestros indicadores pudieran medir el impacto”, enfatiza.

En mayo pasado la Fundación fue objeto de la auditoria de otorgamiento, para la cual seleccionaron 6 jardines al azar. El 12 de junio fue notificada la certificación.

“Para nosotros esto representa una carta de presentación para todos los contratos y convenios que tenemos. Es una forma de decirle a la gente que hacemos un esfuerzo por hacer las cosas bien hechas”, opina la funcionaria.

Método vigente

De doña Solina Gallego Fernández puede decirse que fue una visionaria de la educación preescolar, pues en su época fue la primera que cuestionó el método magistral de enseñanza para darle paso al juego, acompañado de mucho amor.
Además vinculó a las familias de los niños en el proceso educativo, pues era conciente de que en el hogar el niño recibía el 60% de la educación.

Ambos aspectos están hoy día totalmente vigentes y con esa base se trabaja en los jardines propios y administrados por la Fundación Carla Cristina.

“Nosotros obviamente vamos actualizándonos, pero nuestra base es que con el amor y el juego ellos desarrollan su parte física, mental y espiritual”, sostiene Alba Consuelo Salazar.

Uno de los avances importantes es con los padres de familia, pues no solo se les dictan talleres sobre educación sexual o prevención del maltrato, sino que en algunos sectores se les dictan talleres de manualidades y oficios, que les abren una posibilidad de obtener ingresos económicos.

Los niños, entre los 3 y los 6 años en los jardines propios y desde los 3 meses en los que administran a Bienestar Familiar, reciben además de la educación un complemento alimentario según las necesidades detectadas y según la zona
“En la jornada de la mañana reciben un desayuno y un almuerzo, los de la tarde un almuerzo y un algo. Según el sector, pues en aquellos que no están en situación de extrema pobreza, solo damos el algo y la media mañana reforzados.

Económicamente es todo lo que podemos hacer. Es cuando seleccionamos al más pobre entre los pobres”, indica la directiva, quien añade que permanentemente se hace chequeo de talla y peso a los pequeños.

“Los grandes ganadores con la certificación son los niños. La gente de afuera puede decir que vale la pena darnos apoyo porque hacemos las cosas lo mejor posible y en actitud de mejorar cada día. Eso representa confianza y credibilidad”, puntualiza.


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