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Contraplano
El anecdotario barquista
Autor: Orlando Cadavid Correa
30 de Enero de 2009


Un gentleman aguadeño. Cuando Víctor Renán Barco adelantaba altos estudios de economía y finanzas en Londres, aprovechaba las vacaciones de cada año para visitar a su familia en Aguadas. En las tardes solía pasearse por las calles de la ciudad de las brumas ataviado como todo un gentleman: fino traje de corte inglés, sombrero de copa y bastón. Entre la curiosa chiquillería que lo seguía en su recorrido, a prudente distancia, iba un niño llamado Eucario Bermúdez, el unigénito de doña Margarita Ramírez, (una de las enfermeras del hospital municipal), que con el paso del tiempo sería primera figura de la radio y la televisión colombiana. “La marcha vespertina del dandi aguadeño era un espectáculo que no nos podíamos perder”, recuerda desde Caracol Miami el notable comunicador.

El mismo vestido. Los jefes liberales Jaime Chávez Echeverri y Víctor Renán Barco terminaron simultáneamente la carrera de derecho en la Universidad Nacional, en Bogotá, en 1948. Una vez señaladas por la secretaría de la Facultad las fechas de grado para cada uno, se aplicaron a la tarea de levantar vestidos nuevos para la memorable ocasión. Los padres de Chávez, que se dedicaban al hermoso apostolado de la docencia, le enviaron a su hijo, desde Manizales, su vestido de paño para el grado. Como no recibía el cachaco de Aguadas y le llegó la hora de graduación, Barco tomó a hurtadillas y se estrenó impunemente el traje de su compañero de cuarto y se fue muy campante a recibir su cartón. Al hacerle este aporte al anecdotario, el saliente notario quinto de Manizales, Wesner Molina Usma, destaca que Chávez se graduó con el vestido usado, a sus espaldas, por su amigo Víctor Renán.

Cierre de campaña. En la campaña presidencial de Alfonso López Michelsen para el período 1974– 978, el cierre del debate, en Caldas, se hizo en La Dorada. A la manifestación acudieron delegaciones de todos los municipios caldenses. La comitiva de Manizales la encabezaba el ex ministro y senador Alberto Mendoza Hoyos, quien al llegar a la plaza pública se encontró con la sorpresa de ver a todos los manifestantes con camisetas rojas que por un lado decían “López, Presidente” y por el otro “Barco, Senador”. Esta fue, sin duda, la notificación del final del ex gobernador Mendoza como senador y el ascenso de Barco a la senaturía y a la jefatura del partido.

El humor negro. En los años 70 se puso de moda en Colombia el encarcelamiento, por prácticas corruptas, de los contralores generales de la república, vergonzoso modelo que estrenaron el nariñense Julio Enrique Escallón Ordóñez y el vallenato Aníbal Martínez Zuleta. Una mañana, en una tertulia en la cafetería del Senado, el senador Barco López lanzó esta propuesta, en plan de broma: “El Congreso tendrá que entrar a considerar la posibilidad de duplicar de cuatro a ocho años el período del Contralor general de la República, de modo que sean cuatro años en el ejercicio del cargo y otros cuatro en la cárcel”.

El único club. Como toda regla tiene su excepción, el senador Barco detestaba los clubes sociales, pero en el centro de Bogotá, almorzaba, de vez en cuando, con invitado a bordo, en el Club Caldas, que estaba en la carrera séptima con la calle 13, a pocas cuadras del Capitolio. El abogado, historiador, escritor y periodista Oscar Alarcón Núñez, autor de los Macrolingotes de El Espectador, recuerda que hace mucho tiempo, aún antes del llamado episodio M-19 (el ministerio de Justicia de 19 días), luego de terminar una sesión de la Comisión tercera, lo invitó a comer frijoles al único  club que pisó en su vida: el ya desaparecido Club Caldas que empezó a morir cuando cambió de estrato, al pasarse del centro de la urbe al Chicó.

Jefe de debate.  Otra anécdota de Alarcón: hace ocho años, cuando se elegía la Corte Constitucional que ahora sale, fue donde el senador Barco a presentarle a la abogada Clara Inés Vargas, quien se hallaba ternada. La nominada le cayó en gracia y el jefe aguadeño “nacionalizado” en La Dorada le notificó y le cumplió: “Vea, doctora, no solo voy a votar por usted sino además me convierto desde hoy en su jefe de debate”. La jurista Vargas salió elegida, con una alta votación en el Senado y a finales de febrero (dentro de un mes) termina su gestión.

La apostilla: El recién fallecido senador Barco siempre tuvo las cuentas bien claras, según se desprende de este último ejercicio: “En el 2008 cumplí 80 años de edad; 40 como parlamentario y 35 como gamonal del liberalismo de Caldas y me considero uno de los pocos dinosaurios de la política colombiana”.


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