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Carlos Gardel, ícono mundial del tango
Nunca cantó más El zorzal...
30 de Noviembre de 2008


Este artista se quedó en el corazón de los antioqueños, no solo por su trágica muerte en Medellín, sino por sus canciones, que tienen un sello propio en la música, la letra y la interpretación cargada de sentimiento.


En la carrera 45 del barrio Manrique de Medellín, una escultura de Gardel se levanta sobre un pedestal, al que le rinden homenaje por su legado los amantes de su música cada que se cumple un aniversario de su muerte.

Horacio Abadie Santos

Nunca cantó más el zorzal que Carlos Gardel llevaba en la jaula de su pecho que luego de extinguida por el fuego la pródiga garganta del trovador.

La emoción general reflejada por su trágica muerte onduló en forma obsesiva a través de discos y lámparas, y el cielo se pobló con todas las melodías del folklore ríoplatense. Aires camperos, composiciones regionales, estilos, cielitos, tristes, chacareras, huellas, tonadas provincianas, rumbas, cuecas y tangos, acaso bambucos y guajiras... músicas de la cordillera, de la hondonada, de la pampa y del arrabal, preludios monótonos de caminos y carretas, arpegios ejecutados por la lluvia sobre las hojas de los árboles, rasgueos del viento sobre el cordaje de las ramas; prosas rítmicas del amor humilde, del amor canallesco, del amor ingenuo, en los tonos menores del despecho, la infidelidad, el reproche, los celos, la venganza, el rencor, del dolor agrio con dejos de pecado...

Sobre el armonioso fondo de las cuatro leales guitarras, la voz varonil del cantor se impregna de sonoridades expresivas de una espontaneidad y simpatía de naturaleza agreste incomparable.

La letra de sus canciones, por lo general, en la impureza o la incultura propias de su origen, impone no obstante cierta gracia pintoresca y acaba por sublimarse bajo la influencia de la inspiración del intérprete.

Para comprender totalmente a Carlos Gardel conviene oír cantar a Sofía Bozán; y para explicarse a Sofía Bozán es preciso escuchar atentamente a Carlos Gardel, en sus frisos de arrabal.

El mismo ámbito los envuelve. Ambos sienten el verismo de su arte interpretativo con la misma intensidad, salvo el efecto psicológico logrado en el auditorio; pues en la propia medida que con gracia suma la Bozán ridiculiza, rebaja y envilece a golpe del recitado y el gesto los temas del relato y la descripción, Gardel dignifica los motivos más triviales o de dudosa moralidad; por el matiz de dolor que irisa su canto.

Cuando el fondo de sus guitarras sempiternas se profundiza aún más, en las copiosas orquestas de Holywood y entran en acción los contracantos y el órgano; cuando la voz del cantor con la edad baja de tono y son seleccionados los temas a ejecutar, el poder de intuición artística del rapsoda uruguayo se presenta esplendoroso. Su voz se enriquece en limpias modulaciones, veladas, internas, sollozantes; cobra matices emotivos de inesperada finura -dada su falta de escuela-, y junto al mérito intrínseco del cancionero autóctono, se destaca la absoluta originalidad de su creación.

En las últimas producciones del héroe popular, la amalgama de los elementos artísticos se revela en forma perfecta. Parece como si el verso hubiera sido escrito en vista del sentido romántico del cantor y sus medios. Sobre esos dos elementos dados, el músico habría derramado luego el contenido melodioso de la orquestación:

El día que me quieras
«El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Y al viento las campanas
dirán que ya eres mía
y locas las fontanas
se contarán tu amor.
«La noche que me quieras
desde el azul del cielo
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo
luciérnaga curiosa
que verá en tu querer
mi consuelo.
“El día que me quieras
no habrá más que armonía
será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodías.
y nos darán las fuentes
su canto de cristal.
“El día que me quieras
endulzará sus cuerdas
el pájaro cantor.
Florecerá la vida.
No existirá el dolor”.

He aquí una canción que evoca la primavera. Pasión de egocéntrica adolescencia cruzada por una ráfaga panteísta que la dilata y difunde.
Luego, más tarde, en aire de tango, la decepción tremenda:

« Sus ojos se cerraron,
i y el mundo sigue andando! «
¿Cómo definir la culminación de Carlos Gardel?
¿Moderno Santos Vega o cancionista de verso culto e inspirado?

La sombra de Santos Vega experimenta la atracción de la ciudad populosa.

La sombra de un poeta romántico del diecinueve busca, por el nativismo, una senda hacia el campo agreste y armonioso.

En los aledaños de la gran ciudad se cruzan los dos valores estéticos, se estrechan las manos y se confunden, contemplativos, en un dancing de arrabal.

El gramófono enbalsama la voz fresca del cancionero.

El cinematógrafo embalsama su imagen apuesta y simpática.

Y el alma de la multitud se estremece, emocionada, ante esta eternidad que consagró Holywood, en el momento preciso en que la voluta de fuego que abrasó al artista, sólo respetaba su pequeño puñal de oro, joya simbólica de su pasado trashumante.


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