Editorial

Vuelven “Los indignados”
16 de Octubre de 2011


Esa pretensión telúrica de las marchas de ayer deja al descubierto que, en el fondo, su postulación fundamental es que “estamos muy indignados porque no nos gusta que nos gobiernen”.

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Se cumplió ayer la jornada de acción mundial del llamado movimiento de los “indignados”, aquel que surgió en España hace cinco meses y cuyos promotores, tras una acuciante campaña propagandística, especialmente a través de las redes sociales, pretendían provocar una manifestación de dimensiones planetarias, sin antecedentes en la historia, con vagos eslóganes como:


“Unidos por un cambio mundial”, “Pueblos del mundo, levantaos”, o “Sal a la calle, crea un nuevo mundo”.


En los días previos se habló de que en las marchas participarían indignados de casi mil ciudades de 86 países, pero a la hora de la verdad, aparte de España y de algunas capitales europeas, como Roma, donde primó la violencia sobre el supuesto carácter pacífico de la jornada, la repercusión en Asia, África y Oceanía fue mínima; en EE.UU. el mitin se confundió con el que realizan desde hace varios días los “anti Wall Street”; y en América Latina sólo registraron nutrida asistencia las marchas en Santiago de Chile, como reflejo del prolongado conflicto estudiantil, mientras que en ciudades como Río de Janeiro, Ciudad de Méjico, Bogotá, Lima y Buenos Aires, los “indignados” apenas se contaron por decenas o centenas.


En Roma, lo que se inició como una movilización multitudinaria de carácter pacífico degeneró en disturbios, con más de 70 heridos, muchos de ellos policías, carros incendiados, comercios saqueados, iglesias profanadas e incluso un edificio del Ministerio de Defensa incendiado por turbas de encapuchados.


En Madrid, en cambio, todo transcurrió en calma, pese a que los organizadores de las marchas no pidieron autorización, aunque la instrucción del Gobierno socialista a la Policía -según informes de prensa- era que no se los molestara ni se respondiera a provocaciones y que, sobre todo, fueran “tolerantes”.


Inclusive llamó la atención de algunos críticos que desde Radio Nacional de España y otros medios públicos y privados, se estuviera promoviendo la participación de la ciudadanía, lo que se entendió como un intento de comprometer a los “indignados” con la causa socialista, de cara a unas elecciones que ya están encima y en las que la derrota del Psoe se da por descontada.


El señor Stéphane Hessel, autor de ¡Indignez vous! (¡Indignaos!), un libro brevísimo, publicado en 2010 y convertido no solo en un éxito de ventas sino en fuente de inspiración del variopinto movimiento, es el primer sorprendido de que le llamen “padre de los indignados” y ya comienza a preocuparse por el rumbo que están tomando las cosas.


“No esperaba participar en este despertar de los apartados de la sociedad y no siento orgullo personal por ello”, dice. Le preocupan la violencia y el terrorismo, porque en su manifiesto ese camino está vedado (“Estoy convencido de que el futuro pertenece a la no-violencia, a la conciliación de las diferentes culturas.


Por esta vía, la humanidad deberá franquear su próxima etapa”); y también el hecho de que el movimiento carezca de líderes y de objetivos claros:


“Ya está bien que salgan a la calle y que se quejen de cosas”, dice. “Pero aún es más importante saber por qué cambios de la sociedad están trabajando; y deben tener claro que no sólo deben estar en contra de algo, sino que también deben estar a favor de algo y que defiendan algo nuevo, algo esencial: más justicia y más respeto por la naturaleza y por nuestro planeta”.


Nosotros creemos que -como parece intuirlo su propio inspirador- el llamado movimiento de los “indignados” no va para ninguna parte. Nombrar algo, trátese de un partido, de un movimiento político, social o económico, es también asignar una responsabilidad, una autoría y unos objetivos comunes, y eso no existe en el caso de los “indignados”.


Esa pretensión telúrica de las marchas de ayer deja al descubierto que, en el fondo, su postulación fundamental es que “estamos muy indignados porque no nos gusta que nos gobiernen”. E igual da que quien esté al mando sea un gobierno de izquierda, o de derecha, liberal o conservador, socialdemócrata o republicano.


Cualquiera que llegue nos va a indignar, porque no hay gobierno perfecto y por eso existe el juego democrático del relevo en el poder. En conclusión, estar indignados y manifestarlo ruidosamente, no es razón suficiente para producir cambio alguno en la sociedad.




Comentarios
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Juan
2011/10/16 12:19:25 pm
Este editorial es un perfecto sofisma. Los indignados de cualquier país y de cualquier pelambre no están en contra de que los gobiernen. Lo que rechazan es la manera como los gobiernan unas élites cuyo único interés es el injusto y excesivo bienestar de ellas, con total olvido del bien común. Se esperaba de un periódico liberal que por lo menos, rechazando la violencia, apoyara las aspiraciones de los pueblos irredentos. Pero con editoriales como este,que parece ser escrito por su nuevo aliado Juan Gomez Martínez,ya queda claro que la casa Gaviria es de la nueva godarria. Vivir para ver.
rafael
2011/10/16 05:56:13 am
Los indignados protestan es porque se gobierna a favor del 1%, vale decir, contra el neoliberalismo y la corrupción de los políticos.
francisco
2011/10/15 11:52:28 pm
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