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El Medio Oriente podría convertirse de nuevo en un polvorín con consecuencias imprevisibles de producirse un ataque a Irán por parte de Israel. Este solo hecho produce escalofrío. Lo que está en juego ya no es la lucha por el petróleo sino la existencia misma del estado judío y la supervivencia de millones de personas. La dirigencia israelí quiere justificar una acción militar invocando amenazas y la eventual repetición de otro Holocausto, partiendo de las declaraciones de Ahmadineyad según las cuales es necesario “borrar a Israel del mapa”. Como una premonición desafortunada para el mundo, ha sido el Secretario de Defensa Leon Panetta el primero en advertir sobre una posible agresión antes de abril.
El régimen iraní se niega a abandonar su programa nuclear aduciendo que tiene fines científicos y médicos, argumentos que no convencen a la comunidad internacional partiendo de las explosivas afirmaciones de su presidente. Aunque hay que poner en consideración las sospechas hacia Teherán por esa hostilidad que viene de tiempo atrás, Obama había empezado su mandato con una actitud abierta, dispuesto a evitar un enfrentamiento y buscando un compromiso con el gobierno de Ahmadineyad. Esos buenos oficios encontraron un cerrojo en un congreso que no admite fisuras en la histórica relación israelí-norteamericana.
El gobierno del primer ministro Netanyahu ha puesto a los Estados Unidos en una situación muy incómoda de hacerse realidad una confrontación armada. Obama lo menos que necesita es otro conflicto en plena campaña electoral y en un momento de recuperación económica. Desde ya el fantasma de la guerra y el manejo especulativo de los mercados comienzan a tener sus efectos en los precios del petróleo y la gasolina, incidiendo de manera negativa en los bolsillos de los consumidores. Hay que entender que en este juego geopolítico, el común de la gente busca a quién culpar y en este caso nadie mejor que el presidente, quien termina como el chivo expiatorio.
El comandante de las fuerzas norteamericanas, General Martin Dempsey, no podía ser más claro: “Creemos que no es prudente en este momento una decisión de atacar a Irán”. En otras palabras, no se descarta hacia el futuro una acción militar, lo que es consecuente con lo expresado por el presidente Obama para quien “todas las opciones están sobre la mesa”. El general Dempsey ha cuestionado la capacidad que tienen las fuerzas israelíes de inutilizar el programa nuclear iraní, pues sus instalaciones están estratégicamente regadas por su territorio y algunas de ellas se encuentran bajo tierra, haciendo prácticamente imposible su destrucción.
Para la mayoría de analistas, la opción militar no es la mejor alternativa teniendo en cuenta que las sanciones impuestas por los Estados Unidos y la Unión Europea han puesto al régimen de Teherán en una situación sin salida por el descontento y la creciente represión que se ejerce sobre sus habitantes. Ahmadineyad anda presionando a los europeos con contratos de suministro de petróleo a largo plazo, so pena de cerrar el Estrecho de Ormuz. Hay que evitar a toda costa una guerra. Una agresión militar a Irán hoy significaría permitirle al régimen batir la bandera patriótica contra una agresión extranjera y postergar así durante varios años más su ocaso inevitable.
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