Columnistas

Rio+20 no fue ninguna solución
Autor: Carlos Cadena Gaitán
2 de Julio de 2012


Hace diez días terminó en Rio de Janeiro la más importante cumbre ambiental de los últimos tiempos. Este gran evento fue bautizado Rio+20 en honor a la Cumbre de la Tierra celebrada en esa misma ciudad en 1992.

Hace diez días terminó en Rio de Janeiro la más importante cumbre ambiental de los últimos tiempos. Este gran evento fue bautizado Rio+20 en honor a la Cumbre de la Tierra celebrada en esa misma ciudad en 1992.


Habían pasado ya veinte años desde que se pusiera sobre la mesa aquello de la “responsabilidad compartida” de todos los países, en el “desarrollo sostenible” del planeta. Por lo tanto, se esperaba que fuera éste –por fin– el marco donde se lograran acuerdos específicos y detallados, para atajar la veloz destrucción ambiental de la cual es víctima nuestro planeta.


Sin embargo, no sólo no se acordaron estrategias claras para enfrentar los evidentes peligros de nuestro ritmo de vida insostenible, sino que quedó claro que los obstáculos al respecto son cada vez mayores. La declaratoria final no es más que 283 párrafos repletos de formalidades: se hacen diagnósticos sobre los diagnósticos pasados; se reitera una y otra vez la preocupación compartida sobre la crisis ambiental global; se expresa de varias formas la urgente necesidad de actuar.


Más aún, a lo que en 1992 se llamó “sostenibilidad”, el texto ahora confunde con “crecimiento sostenido”. Esto estimula una pregunta obvia: ¿hasta dónde podemos llevar ese crecimiento sostenido en un mundo que depende de recursos naturales que no son renovables? ¿Acaso no es eso contradictorio a la más básica definición de la sostenibilidad?


La labor de algunas delegaciones merece mención aparte. La de los Estados Unidos fue de las únicas que impuso deseos específicos: lograron vetar (como ya se ha vuelto costumbre) referencias específicas a los patrones de consumo exagerado y despilfarro, que infortunadamente, son cada vez más deseados por muchos personas en nuestras sociedades. Además, hicieron esto mientras incluían a su presidente Obama en el club de los líderes que no se aparecieron en la Cumbre; a este club también entraron la alemana Merkel y el británico Cameron.


La participación de Colombia fue igualmente interesante. Mientras la delegación colombiana se dedicó a promover los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el presidente Santos no hizo muchas referencias a sus grandes locomotoras mineras, eje fundamental de su programa de gobierno. Después de un proceso que inició a comienzos del 2011 y que mandó al grupo de la viceministra Londoño a darle varias vueltas al mundo, los párrafos 245 al 251 de la declaratoria hacen referencia a los ODS; una idea que aunque no se desarrolla en detalle, promete hacerse en algún otro momento.


Afortunadamente la Cumbre sí nos dejó un regalo valiosísimo. Los 10 minutos durante los cuales el presidente José Mujica del Uruguay dicta cátedra, ante los honorables representantes de 193 países, pasará a la historia como un discurso que como el mismo dice “rechina”, pero que resume magistralmente el problema, los culpables, y la solución. El presidente Mujica, quien también es célebre por donar el 90% de su salario a causas benéficas (le pido al lector que haga su propia comparación con sus representantes políticos), nos regala una clase de ética y vida, dejando una bomba en el minuto 4’10”, que con absoluta seguridad seguirá siendo vigente dentro de 20 años: “la gran crisis no es ecológica, es política”.