Columnistas

Pinochet y el economista
Autor: Guillermo Maya Muñoz
9 de Septiembre de 2013


El 11 de septiembre en Chile se cumplen 40 años del golpe de estado sangriento y traicionero del General Augusto Pinochet contra el gobierno constitucional del socialista Salvador Allende, dando como resultado miles de muertos, desaparecidos

El 11 de septiembre en Chile se cumplen 40 años del golpe de estado sangriento y traicionero del General Augusto Pinochet contra el gobierno constitucional del socialista  Salvador Allende, dando como resultado miles de muertos, desaparecidos, y la violación de los derechos humanos y políticos de los chilenos. Este golpe fue financiado y aupado por  el gobierno de EEUU, siendo Richard Nixon presidente, y Henry Kissinger secretario de estado. Según Nixon, “nuestra principal preocupación en Chile es la posibilidad de que (Allende) se consolide, y que su imagen ante el mundo sea su éxito”. 


El llamado modelo chileno debe su inspiración a la doctrina más cruda de la libertad de mercado expuesta por Milton Friedman, profesor de la U de Chicago, que después de haber visitado Chile el 21 de marzo de 1975, le escribe a Pinochet una carta:


Agradece la hospitalidad del dictador: “Nos hicieron sentir como si realmente estuviéramos en casa”. ¿En casa? En el Estadio Nacional los gritos de dolor del cantante Víctor Jara, con sus manos aplastadas por las botas militares, y los de miles de chilenos, aun resonaban y resuenan, si escuchas bien el viento.


Diagnóstico: “El problema económico fundamental de Chile (…): la inflación y la promoción de una saludable economía social de mercado”. La causa de la inflación, el gasto público que “debe ser financiado emitiendo una mayor cantidad de dinero”. Remedio: “reducir drásticamente la tasa de incremento en la cantidad de dinero. (…) (reduciendo) el déficit fiscal”.  


En cuanto a la “promoción de una saludable economía social de mercado”, el adjetivo social es la piel de oveja del economista, recomienda: “la eliminación de la mayor cantidad posible de obstáculos que, (…) entorpecen el desarrollo del libre mercado. Por ejemplo, suspender, en el caso de las personas que van a emplearse, la ley actual que impide el despido de los trabajadores. En la actualidad, esta ley causa desempleo”. Eso se pretende en Colombia con las leyes laborales neoliberales. Igualmente, “eliminar los obstáculos a la creación de nuevas instituciones financieras”. Así, el sector financiero somete la economía a su dominio, no la sirve, como sucedió en Chile (y Colombia). Y “eliminar la mayor cantidad posible de controles sobre los precios y salarios. (…)”. 


Para Friedman, la regla del mercado se aplica a todos: “La empresa privada tendrá la facultad de gozar de las recompensas del éxito sólo si también arriesga soportar los costos del fracaso. Todo hombre de negocios cree en la libre empresa para todos, pero busca también favores especiales para sí mismo. Ningún obstáculo, ningún subsidio; esa debiera ser la regla”. Sin embargo, la nación de empresarios no surgió y fue reemplazada por una nación de oligarcas, que son salvados por sus gobiernos de “compadres”, como los de Chile, Colombia, etc, con el dinero público para consolidar sus privilegios. 


Los pobres también tienen su lugar en la demagogia de Friedman: “Tome las providencias necesarias para aliviar cualquier caso de real dificultad y severa angustia que se dé entre las clases más pobres. (…) indirectamente, algunas de las clases menos privilegiadas serán afectadas (…). Por lo tanto, sería beneficioso tomar ciertas providencias de este tipo en dicho programa”.


El objeto del programa económico es sentar “las bases necesarias para lograr (…) la promoción de una efectiva economía social de mercado”, que no ha sido posible desarrollar porque las “tendencias al socialismo que comenzaron hace 40 años (se refiere al New Deal y al liberalismo keynesiano) y que alcanzaron su lógico, y terrible clímax, durante el régimen de Allende” lo impidieron. 


Lo más importante: “Liberalización del comercio internacional para, de este modo, proveer de una efectiva competitividad a las empresas chilenas (…). Lo anterior no sólo mejorará el bienestar del chileno común al permitirle adquirir todos los bienes al menor costo, sino que también disminuirá la dependencia de Chile en una sola exportación de importancia: el cobre”. No solo no disminuyó sino que aumentó, Chile sigue siendo una economía de productos básicos. Pero la General Motors también se queda con una parte del pastel: “Quizás la mayor recompensa en esta área se obtendría a través de la liberalización de la importación de vehículos motorizados”. Cobre por carros, ventajosa especialización para los EEUU. 


Conclusión: “Hace unos cuarenta años atrás, Chile, como muchos otros países, incluyendo el mío, se encausó en la ruta equivocada”. Aplausos de la galería neoliberal: “Si Chile toma hoy la senda correcta, creo que puede lograr otro milagro económico: despegar hacia un crecimiento económico sostenido que proveerá una ampliamente compartida prosperidad”. Sinceramente, Milton Friedman. 


En consecuencia, los billonarios chilenos de hoy y las transnacionales se apropiaron de los activos públicos, minas, aerolíneas, los fondos públicos de pensiones fueron privatizados, al igual que la salud y la educación, y el gini, que mide la concentración del ingreso, no ha sido posible bajarlo a los niveles del gobierno de Allende; mientras los partidos de La Concertación gobiernan con la constitución heredada de Pinochet. El autor de La libertad de Elegir se convirtió en ideólogo del dictador, mientras la economía como prostituta al servicio de los intereses de los poderosos, santificaba como ciencia la política neoliberal conservadora.