Columnistas

La mítica Curitiba
Autor: Carlos Cadena Gaitán
13 de Agosto de 2012


Curitiba, la capital del estado brasilero de Paraná, permanece en la memoria de muchos como el gran referente latinoamericano en sostenibilidad urbana. Aunque esas marcas de ciudad son difíciles de conseguir, se pueden perder con gran facilidad.

Curitiba, la capital del estado brasilero de Paraná, permanece en la memoria de muchos como el gran referente latinoamericano en sostenibilidad urbana. Aunque esas marcas de ciudad son difíciles de conseguir, se pueden perder con gran facilidad.


Las razones por las cuales Curitiba llegó a ser reconocida como la capital más sostenible del planeta son variadas. En primer lugar, se comenzó desde mediados de los años 60 con un plan director que buscaba estimular el crecimiento urbano a lo largo de corredores troncales de transporte masivo. Ese plan, nacido durante los tiempos de la dictadura militar, empezó a ser ejecutado con efectividad y se respetó hasta finales de los años 90. La continuidad de las políticas públicas se debió, en parte, a la permanencia en la Alcaldía de representantes de un mismo grupo político; aquél afín a las ideas del legendario Jaime Lerner. Así, se logró la Curitiba de los 54 m2 por habitante de espacios verdes, de la recolección del 100% de los residuos reciclables puerta a puerta, y de los famosos buses articulados que muchos años después inspiraron el Transmilenio bogotano.


Sin embargo, cualquier visitante de esta ciudad se ve obligado a preguntarse si esa famosa postal de la sostenibilidad urbana, sigue siendo la realidad de la Curitiba de hoy. La primera impresión al caminar sus calles, es el colosal parque automotor que claramente desborda la capacidad de las vías. Curiosamente, Curitiba hoy tiene la más alta cantidad de carros per cápita en Brasil: ¡1 carro por cada 1,4 habitantes! Las pocas bicicletas que se ven, no tienen otra opción que utilizar la red de ciclo-rutas, originalmente diseñada para conectar únicamente los parques. Más aún, las famosas estaciones tubo y los buses articulados, no dan abasto ante el exagerado número de personas que se movilizan en masa entre los municipios circundantes y el centro de la ciudad. Obviamente, los hurtos adentro del sistema son tan frecuentes como en los metros de París o Nueva York, y la poca comodidad mantiene alejados a los dueños de los automóviles particulares.


Aunque la densidad y buen mantenimiento de las zonas verdes verdaderamente no tiene comparación en Latinoamérica, cada vez son mayores los retos. Me dicen los expertos de la Universidad Católica de Paraná que alrededor de 60.000 personas en el casco urbano de Curitiba no tienen acceso a la red de alcantarillado (a causa de peleas políticas entre niveles del Gobierno). Me afirman los expertos de la célebre agencia de planeación urbana de la ciudad (Ippuc), que hace una década los políticos locales han dejado de privilegiar la planeación urbana a largo plazo, para sacar réditos a corto plazo en las elecciones. Además, el crecimiento acelerado de la población en el área metropolitana de Curitiba hace presagiar un mayor caos por venir.


No obstante los problemas, hay que reconocer que la ciudad es hermosa. Exhibe el característico orden incoherente de tantas ciudades latinoamericanas, con largas cuadras adornadas eclécticamente por talleres, agencias de formación de modelos y panaderías, que coexisten con bancos modernos de pisos relucientes. Con frecuencia, las aceras se ven desbordadas por las fuertes raíces de las araucarias (absolutamente protegidas contra cualquier tala), y las calles se cubren de flores amarillas y rosadas que caen de los omnipresentes guayacanes. Infortunadamente, este espacio para los peatones también se ve infestado por carros estacionados y conductores que salen de los edificios como si nunca se imaginaran que un peatón fuera a pasar por allí; característica falta de cultura ciudadana que agobia también a todas nuestras ciudades. 


Mientras me como una feijoada -plato típico local- caigo en cuenta de la gran cantidad de candidatos a la prefeitura (la Alcaldía) y la câmara de vereadores (el Concejo),  que han tomado la bicicleta como bandera de sus campañas. En medio de discusiones sobre el aumento del precio de la gasolina, la leal bicicleta vuelve a entrar en escena; ¿será la ruta para recuperar el prestigio de esta maravillosa ciudad?