Columnistas

La guerra contra las drogas, por un nuevo ABC
Autor: Juliana González Rivera
19 de Mayo de 2016


¿Sabía usted que, en Portugal, se despenalizaron todas las drogas hace 14 años y, desde entonces, las cifras de adicción, sobredosis y el uso de drogas inyectadas disminuyó un 50%?

Sabía usted que, en Portugal, se despenalizaron todas las drogas hace 14 años y, desde entonces, las cifras de adicción, sobredosis y el uso de drogas inyectadas disminuyó un 50%? 


¿Sabe que Colorado legalizó la marihuana hace dos años y, desde entonces, nadie ha ido a la cárcel por posesión de cannabis, 125 mil millones de dólares de impuestos han ido a construir colegios y se ha reducido un 32% el contrabando de esta droga por los carteles mexicanos? 


¿Sabe que Suiza legalizó la heroína hace diez años y, desde entonces, nadie ha muerto por sobredosis de heroína legal; no se ha registrado ningún asesinato perpetrado por traficantes y se ha reducido en 80% el crimen en las calles? En EE.UU mueren 23 personas cada día por sobredosis. 


¿Sabe que el porcentaje de gente que usa drogas sin convertirse en adicto, sin enfermarse y sin incurrir en sobredosis es cercano al 90%? 


¿Sabe que un estudio sobre las muertes violentas relacionadas con la droga en Nueva York concluyó que sólo el 2% fueron adictos robando para conseguir la sustancia, 7.5% personas bajo los efectos de las drogas y el resto –la gran mayoría– involucraban mafias y pandillas matándose entre sí por mantener el control del negocio? 


¿Sabe que la campaña de Washington para la legalización sostenía que las drogas debían ser legalizadas no porque fueran seguras sino precisamente porque son peligrosas y es necesario sacarlas de las manos de los carteles para venderlas en comercios autorizados y utilizar el dinero en programas de prevención y tratamiento? 


¿Sabe que hay estudios que demuestran que un hombre tiene ocho veces más inclinación a golpear a su pareja bajo los efectos del alcohol que de los de cualquier otra sustancia? 


¿Sabe que los enganches químicos son un factor menor en la adicción? El aislamiento, los traumas y la falta de perspectivas de futuro son factores mucho más determinantes, que de hecho potencia la guerra contra las drogas.


¿Sabe que, entre sustancias duras y blandas, es más probable que la gente prefiera las blandas? Pasó en Estados Unidos durante la prohibición del alcohol: la cerveza era muy difícil de transportar para los traficantes, que preferían mover aguardientes destilados en formatos más transportables y con efectos embriagantes más rápidos. Pero una vez terminada la Ley Seca, la cerveza volvió a ser la bebida alcohólica preferida de los norteamericanos.


¿Sabe que, de hecho, buena parte de las campañas exitosas en la reforma de la política antidrogas tienen de por medio mensajes conservadores como la restauración del orden público, el colapso económico de los criminales y la protección de los niños? 


¿Sabe que la droga recreativa más peligrosa es legal desde hace décadas? El alcohol, está comprobado, es más peligroso que la heroína o la coca. Mata 3.3 millones de personas al año, una cada 10 segundos.


¿Sabe que, entre las ventajas de legalización, está la ruina de los carteles sanguinarios, la desaparición de la cultura del terror que impera en barrios desde Brooklyn hasta Ciudad Juárez o Medellín, la disminución drástica del número de homicidios, que la policía podría dedicar más tiempo a investigar otros delitos –y de paso recuperar la confianza en los barrios– y que los jóvenes tendrían muchas más dificultades para acceder a estas sustancias? También descenderían las muertes por sobredosis y el índice de VIH, como sucedió en Suiza, Holanda y Vancouver. Las drogas que se consumirían serían, de hecho, más suaves que las actuales y habrían más fondos para el tratamiento y reinserción de adictos a la sociedad y al mercado laboral, como ha sucedido en Portugal. 


Estos y muchos más argumentos aparecen en Tras el grito, del periodista británico Johan Hari. Y en una ciudad como Medellín, epicentro y cambio de batalla de esta guerra perdida y en la que hemos puesto tantos muertos, deberíamos empezar a pensar en todo esto, en un nuevo enfoque. Este es un libro que es urgente que todos leamos. De hecho, desde que lo leí, lo que quiero es regalárselo al alcalde.