Columnistas

En el cumpleaños del Rey del Amor
Autor: Lucila Gonzalez de Chavez
22 de Diciembre de 2016


Este veinticuatro de diciembre celebraremos una vez más el cumpleaños del Señor Jesús, Rey del Amor; y estaremos congratulándonos por este extraordinario hecho tan representativo en la Historia de nuestra salvación.

Este veinticuatro de diciembre celebraremos una vez más el cumpleaños del Señor Jesús, Rey del Amor; y estaremos congratulándonos por este extraordinario hecho tan representativo en la Historia de nuestra salvación.


Este Príncipe lleva más de dos mil años acompañando a la humanidad e instándola a que aprenda amar, a que alcance la paz interior que es el único comienzo y el exclusivo camino de la verdadera paz en las familias, en la sociedad, en nuestro país, en los gobiernos, en el mundo.


Lleva dos mil años cumpliendo su palabra; pero no ha sido posible que aprendamos de Él. Y lo más doloroso: entre gobernantes y gobernados va dejando de ser vergonzoso - a fuerza de repetirse - el incumplir la palabra, el juramento, el mandato, la obligación con la patria, con los ciudadanos, con los educandos, con los niños… con el presente….


Cada diciembre los colombianos, al reencontrarnos con todo el daño que hemos hecho, con los engaños, la corrupción, con una patria y unos ciudadanos recorriendo un camino resbaladizo a más no poder, y sin rumbo fijo, hacemos promesas, nos decimos palabritas tranquizadoras, nos damos regalitos dizque impulsados por el amor familiar, el amor de amigos, de vecinos, de jefes o de subalternos…


¿Qué hemos logrado? ¿Sí ha sido el Mandamiento del Amor el centro de nuestra vida, el semillero de una paz que consiste en ponerles seriedad, respeto y cumplimiento a la palabra, a la promesa, a la obligación, al compromiso?


Nos hemos anestesiado con todos los aconteceres porque el cerebro no procesa ya, más noticias escandalosas, más hechos irreverentes y asesinos de la hombría de bien, del pudor, del honor, del juramento hecho para defender la majestad de la patria, lo sagrado de los hogares, el respeto a los bienes de la patria y de los ciudadanos, el obligatorio cuidado de los niños, que son nuestra prolongación en el tiempo y en el espacio.


Cada año, cada día, Colombia tiene para mostrar penas, llanto, dolores, atropellos morales, familiares, económicos, y, luego, nos sentimos redimidos, simplemente negando nuestra responsabilidad o utilizando deportivamente la palabra “perdón”, ya tan manoseada y que, por tanto, ya no significa casi nada.


Se mata, se roba, se engaña, se viola, se atropella y, luego… el fulano, el doctor, el funcionario, la empresa, la institución…, el que tenga el turno, sale a decir: pido perdón. Y, ¡ya está!


Cedo la palabra a un escritor-autoridad: el sacerdote carmelita, Hernando Uribe Carvajal, quien, hace algunos años, escribió estas reflexiones sobre “LA PAZ”: 


(Con el permiso del autor, pongo como soporte de esa paz, el Amor, sin el cual nada es posible).


“(…). La paz no es una cosa que puedo encontrar en algún lugar. La paz va conmigo a dondequiera que voy.


“Me detengo a preguntarme quién soy, de dónde vengo y a dónde me encamino.


“Me sorprendo de mí mismo, y mi sorpresa crece al constatar que soy la paz, lo que busco por todas partes con afán. 


“Mi interioridad se manifiesta en cada gesto mío.


“Miro mi rostro, mis ademanes; estoy mirando la paz, lo que soy, esa maravilla de unidad, pasmosa en su complejidad, armonía de cuerpo y alma, de cerebro y corazón.


“La paz, […] nace en mi interioridad. Cuanto más tiempo le dedico, más descubro la maravilla que es.


“Me quedo absorto descubriendo la paz.


“San Juan de la Cruz me enseña a llevarlo todo con igualdad tranquila y pacífica, y a alegrarme en todo por no perder la paz, y así, ponerle remedio conveniente a toda adversidad haciendo de la armonía el tesoro del corazón. […].


“Vivo haciendo la paz conmigo, vives haciendo la paz contigo, vivimos haciendo la paz con nosotros. Coincidimos.


“La coincidencia es fruto de un juego lleno de inteligencia y corazón, regalo de la Divinidad.


 “La paz que somos llena la atmósfera que respiramos”. 


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A quienes han tenido la gentileza de leerme y de aceptarme, mi agradecimiento, y mi cordial saludo de Navidad. El Dios-Niño ha de darles su bendición, su amor y su corazón.