Columnistas

El Puro Centro Democrático
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
8 de Julio de 2012


El ex presidente Álvaro Uribe, en el homenaje al doctor Fernando Londoño, llamó a la creación de un movimiento político, el Puro Centro democrático, que haga convergencia política y ciudadana

El ex presidente Álvaro Uribe, en el homenaje al doctor Fernando Londoño, llamó a la creación de un movimiento político, el Puro Centro democrático, que haga convergencia política y ciudadana, a través de una plataforma construida en común que tenga como temas centrales el rescate de la seguridad democrática, la crítica a la política internacional de Santos y la convocatoria a una Constituyente. Otros temas relevantes no serán tocados aquí.


La seguridad se ha deteriorado, hasta causar una “brecha que se ahonda entre la palabra del Gobierno y los hechos que padecen los colombianos, hace perder la credibilidad en el Ejecutivo, y arriesga que, en el mediano plazo, se desfigure la confianza y el afecto colectivo a las Fuerzas Armadas y se regrese al pasado de indiferencia y aislamiento civil frente a ellas”.


Este deterioro está en relación directamente proporcional al juego que Santos les posibilita a las Farc para que puedan fortalecerse. Prueba fehaciente, si se necesita alguna, es que el presidente se apresuró a exculpar a las Farc del atentado al doctor Londoño, señalando a una “mano negra”, que en su definición es el conjunto de los que se oponen a su gobierno, desde la Constitución y las leyes, critican su política de seguridad y quieren la paz, pero preservando la democracia colombiana y exigiendo castigo para aquellos que han cometido crímenes de lesa humanidad, rechazando el indulto y la participación política en beneficio de los perpetradores de esos crímenes. La “mano negra” es la “extrema derecha” y para el presidente, el doctor Londoño es un representante connotado de ésta. Un silogismo muy simple, implicaría que ¡Londoño atentó contra sí mismo, de una manera atroz y mortal!


Uribe expresó una dura crítica a la política de relaciones exteriores de Santos, que ha convertido a la dictadura venezolana en su “nuevo mejor amigo” y es su más seguro valedor, a cambio de 800 millones de dólares que ha pagado de la deuda que tiene con nuestros productores. Esta dictadura es el soporte estratégico y financiero de las Farc y el Eln. En su país los guerrilleros abusan, vacunan y matan al propio pueblo venezolano, cuyo territorio se usa para transportar su cocaína y muchos altos funcionarios de ese gobierno han sido señalados de ser los jefes de bandas de narcotraficantes. Las guerrillas colombianas, además, son una fuerza paramilitar del gobierno venezolano para oprimir a sus ciudadanos y la punta de lanza para convertir a Colombia en un régimen bolivariano de palabra y marxista de hecho.


En Colombia se ha estigmatizado como de derecha a aquel que defiende la tesis de que sin seguridad no hay Estado. Pero esto lo aceptan todos los regímenes. Y si no, respóndanse ustedes qué harían Cuba y Venezuela con un movimiento alzado en armas. Además, nuestro Estado es democrático, está instaurado para garantizar los derechos de los colombianos. La rebelión contra una democracia no se justifica y la agenda nacional se establece entre los que se rigen por la Constitución y las leyes, y no por los que están fuera de ellas.


El centro político es una opción real para el país. No pregona la lucha de clases, busca que la riqueza nacional se distribuya para que los ciudadanos tengan acceso a mejores derechos, bienes y servicios. Defiende la propiedad privada, pero es cuidadoso de que ésta no sea producto del despojo o la injusticia y tiene el ideal de construir un país de propietarios. No practica la socialdemocracia ni el neoliberalismo extremos, y cultiva una política de multilateralismo internacional con la idea de que cada país tiene el derecho a establecer el modo de gobierno que desee, mientras no interfiera en el nuestro y que Colombia está abierta a comerciar y hacer otras formas de intercambio, con países de cualquier cultura y tendencia, siempre y cuando respeten las instituciones democráticas nuestras.


Finalmente, la experiencia ha demostrado que el Congreso no puede reformar la justicia para asegurar su imparcialidad y eficiencia, y dotarla de verdaderos organismos de control. Una Constituyente podría hacerlo. Hay prevenciones y temor en sectores que no desean que se toque su coto privado de caza. Pero creo que al final, el pueblo hará valer esta aspiración.